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23 de octubre de 2021, 13:01:15
CRÍTICAS


“Nuestros inesperados hermanos”, de Amin Maalouf

Por Paco Huelva

El escritor libanés afincado en Francia Amin Maalouf presentó ayer, 24 de noviembre, su última entrega narrativa: “Nuestros inesperados hermanos”, una novela puesta en circulación por Alianza Editorial.


En el acto de presentación manifestó Maalouf lo siguiente: “Esta ficción nace del temor, de una angustia. La historia avanza hacia una dirección que no me gusta. Por eso la novela trata de un mundo en donde pasa algo espectacular que cambia esa historia”.

La novela, que es una hermosa distopía, coloca a la humanidad en una situación apocalíptica, ante la cual, los gobernantes todos, son incapaces de encontrar los remedios necesarios para resolverla, por lo que… la misma, tiene un enorme parecido con la situación que vivimos en el orbe en estos momentos con la llegada del Covip-19.

Es tan apabullante el parecido generado en la sociedad con los momentos en que transitamos, aunque la génesis no sea la misma, que parece mentira que se haya escrito antes de la aparición de la pandemia que nos asola y que está llenando de muertos los cementerios del mundo entero.

Y esa es también una de las funciones de la literatura, aventurar el futuro, aunque sea usando con prodigalidad la imaginación. Ya lo hicieron como es sabido Julio Verne, William Blake, Aldous Huxley, Virginia Woolf, Gordon Thomas, Edgar Allan Poe, H. G. Wells o Morgan Robertson entre muchos otros.

Nuestros inesperados hermanos” es una novela que se lee con una fluidez exquisita y, aunque el lector “siente” a veces que lo que ocurre tiene visos de inverosimilitud, la realidad que vivimos en el orbe en estos momentos, y que nos ha superado intelectual, técnica, científica y logísticamente no lo es menos, y sin embargo aquí estamos: impávidos y arrobados sin saber qué hacer.

Por eso la historia que nos cuenta Maalouf hace que la misma se asiente en nuestras entendederas como algo plausible, y cuya síntesis pudiera ser la siguiente: en cualquier momento, la humanidad puede propiciar la destrucción de sí misma y la desaparición de nuestra especie en el planeta Tierra. Al menos, existen los elementos necesarios, con los que coexistimos, capaces de enviarnos de una tacada a la historia y a la destrucción total de lo que somos.

Pensemos un poco. Los arsenales nucleares y atómicos, los cambios genéticos que se están propiciando en los seres vivos, los virus letales que se están manipulando, y, cualquier otra “barbaridad” que se les ocurra en la misma línea. Si llegaran a caer dichos conocimientos en las manos inadecuadas, ¿qué podría ocurrir? Pongamos que dichas sapiencias llegan a gobernantes faltos de principios, a grupos terroristas, a fundamentalistas de aquí o de allá, a totalitarismos de diversos colores o pátinas, a dictadores de uno u otro signo…, pues, la historia de la humanidad en el planeta Tierra podría cerrarse, sin más, en un visto y no visto; es decir, que podríamos extinguirnos como una vela cuando ya no hay más cera para quemar.

Esa es la metáfora, pero también el problema de nuestra sociedad. Cómo protegernos de nosotros mismos y de la capacidad letal que los gobiernos atesoran, dicen, que para mejor defender su integridad. En fin.

La novela es por tanto una interesantísima paradoja cuya lectura es necesaria por su alto valor ético -en estos aciagos días, en los que a pesar de las circunstancias los gobiernos no colaboran entre sí-, y, también estético, como no puede ser de otra manera en alguien que pertenece a la Real Academia Francesa de la Lengua y ha obtenido entre otros muchos, el Premio Goncourt o el Príncipe de Asturias de las Letras.

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