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1 de agosto de 2021, 13:51:32
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Arsène Lupin existió y se llamaba Alexandre M. Jacob

Por Evaristo Aguado

"Por qué he robado y otros escritos", previamente inédito en castellano, narra las peripecias vitales de Alexandre M. Jacob, figura clave del anarquismo en quien se basa el personaje de Arsène Lupin.


Alexandre M. Jacob es uno de los «bandidos» más famosos de la historia. Negador de la propiedad privada y ejecutor del «robo científico», causó gran revuelo en la sociedad francesa a finales del siglo XIX.

En él se inspira la célebre serie inspirada que acaba de estrenarse en Netflix.

"Por qué he robado y otros escritos"

Alexandre M. Jacob ha sido, hasta la fecha, uno de los más célebres bandidos anarquistas de todos los tiempos. Sus peripecias vitales han dejado necesariamente una poderosa huella: la red de «robo científico» que tejió junto a sus compañeros ha servido de inspiración en más de una ocasión a la literatura —los casos más sonados son Arsenio Lupin y El ladrón de Georges Darien—, y su actitud ha influido en la forma de actuar de diferentes generaciones de rebeldes sociales desde entonces hasta nuestros días.

Los textos que en este libro aparecen recogidos, escritos todos con posterioridad a su detención, nos dan una visión clara de la clase de hombre que era y de los motivos que impulsaban su actividad. Sus explicaciones, como sus actos, son de una claridad meridiana: nada mejor que sus propias palabras para apartar de nuestra vista la cortina de humo que convierte la actividad de un hombre consecuente en un personaje mitológico.

Estos escritos —narraciones, cartas y declaraciones—, seleccionados tras el importante trabajo de recopilación de los textos de Jacob que realizó la editorial francesa L’Insomniaque, van desde la época dorada de «Los trabajadores de la noche» hasta su puesta en libertad tras una larga estancia en el presidio de las Islas del Diablo. Con la excepción de «Por qué he robado», todos ellos estaban inéditos en castellano.

[...] Antes que verme enclaustrado en una fábrica, como en una cárcel, antes que mendigar aquello a lo que tengo derecho, he preferido sublevarme y combatir metro a metro a mis enemigos, haciendo la guerra a los ricos, atacando sus bienes. Cierto, puedo concebir que ustedes habrían preferido que yo me sometiera a sus leyes; que, como obrero dócil y acobardado, hubiera creado riquezas a cambio de un salario irrisorio y, cuando mi cuerpo estuviese gastado y mi cerebro embrutecido, me hubiera ido a morir a una esquina de la calle. Entonces no me llamarían «bandido cínico», sino «honrado trabajador». Valiéndose de la adulación, ustedes me habrían otorgado incluso una medalla al trabajo. Los curas prometen un paraíso a sus estafados; ustedes son menos abstractos y por eso ofrecen un trozo de papel mojado. Les agradezco mucho tanta bondad y tanta gratitud, señores. Prefiero ser un cínico consciente de sus derechos que un autómata o una estatua. [...]

Alexandre Marius Jacob nació el 29 de septiembre de 1879 en Marsella. Junto a otros compañeros anarquistas, entre ellos su propia madre, diseñó y puso en práctica una de las redes de «robo científico» más asombrosas del siglo pasado. Detenido en 1905, fue condenado a trabajos forzados a perpetuidad en el penal de la Guyana, condena que pudo eludir en parte, y regresar a Francia en 1928 gracias a la acción de sus compañeros y de otras personalidades. Ya más relajado, vivió trabajando como vendedor ambulante de telas, pero sin apartarse de sus afinidades anarquistas.

Aunque no se tienen pruebas que lo verifiquen, se cree que en 1936 estuvo intentando ayudar a sus amigos en Barcelona. Lo que aconteció en la vida de Jacob, tanto en este período, como el posterior de la ocupación nazi de Francia, sigue siendo un misterio. Jacob se suicidó el 28 de agosto de 1954 en Bois-Saint-Denis, donde residía. Pocos días antes de quitarse la vida, dirigió a sus amigos estas últimas palabras: «Os dejo sin desesperación, con la sonrisa en los labios y la paz en el corazón. Sois demasiado jóvenes para poder apreciar el placer que proporciona irse gozando de excelente salud, burlándose de todas las enfermedades que acechan a la vejez. Allá están todas estas asquerosas reunidas, listas para devorarme. Pero voy a defraudarlas. Yo he vivido y ya puedo morir».

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