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13 de abril de 2021, 22:34:08
CRÍTICAS


“El buen padre”, de Santiago Díaz

Por Javier Velasco Oliaga

El buen padre” es la segunda novela del escritor y guionista televisivo Santiago Díaz. Una novela a medio camino entre la novela negra y el thriller más sorprendente y crudo. Ésta es precisamente la principal cualidad de las novelas del escritor madrileño: su crudeza. Es un autor que no se anda con remilgos y llama al pan pan y a la sangre sangre. Otra de sus cualidades es la sorpresa. En la novela hay sorpresas para dar y tomar. Hasta que nos hartemos.


Como protagonista de su segunda novela, y esperemos que sean muchas más, ha creado un personaje un tanto estrafalario y original: la inspectora Indira Ramos, que se cayó a una fosa séptica en el desempeño de una investigación policial. Si el inefable Obélix se cayó en una marmita de pequeño y adquirió una fuerza bruta descomunal, Indira Ramos al caerse a esa pútrida fosa de excrementos adquirió unos remilgos sobre la limpieza excesivos, de ahí que desde entonces le estén tratando un trastorno obsesivo-compulsivo, lo que normalmente denominamos como un TOC. Esta novela está protagonizada por una mujer al igual que su obra anterior.

Ese afán, no por la limpieza, sino por la asepsia, le hace que sus compañeros de fatigas la consideren una persona demasiado obsesiva y neurótica. El orden es otra de sus manías. Todo ello da lugar a las escenas más cómicas de la novela. Qué no son muchas, desde luego. Pero las que son, son realmente divertidas y ayudan a suavizar un poco la compleja trama de “El buen padre”.

Otra de las características de la novela es precisamente eso, su complejidad. El principal mérito que tiene Santiago Díaz es hacer fácil la lectura de una novela tan compleja, trabada y trabajada. Las sorpresas que se encuentran en sus páginas son tantas que perdí la cuenta cuando llevaba poco más de 50 páginas de lectura. Y las hay hasta el final, casi hasta la última página cuando ya parece cerrado y resuelto el caso. Hasta esas últimas páginas llega una intriga de muchas ramificaciones. Un auténtico laberinto que sólo Santiago sabe llevar a delante con una maestría genial.

Indira Ramos se tiene que enfrentar, en las páginas del libro, a un octogenario secuestrador que tiene en su poder a tres personas relacionadas con el juicio de su hijo, acusado de asesinar a su esposa, jefa de obras en una urbanización de alto standing donde ha ocurrido un hallazgo increíble. Ese buen padre, que no lo es tanto, sostiene la inocencia de su hijo y obliga a la inspectora a reabrir el caso si quiere salvar la vida de esos tres secuestrados.

Nos encontramos con cuatro tramas que van confluyendo de manera meteórica en una sola. La principal es la de la inspectora y su equipo y de cómo investiga ese supuesto error judicial. Las otras tres son los secuestros de las tres víctimas. Todo contado por un narrador omnisciente que juega con el tiempo a su antojo. Partiendo del presente hace varias analepsis que no solo cuentan cómo fueron los secuestros sino las motivaciones para realizarlos. Todos son culpables parece a primera vista o, a lo mejor, no.

Además, el autor se fija en algunos de los problemas principales de nuestra sociedad actual como son el blanqueo de dinero, las mafias del este y del oeste (americanas), la prostitución de lujo, la corrupción, tanto financieras como judicial, etc. Un rosario de lacras que inundan nuestra sociedad y que el autor no quiere dejar en el olvido. Ya en “Talión” trató algunos de estos temas con acierto, ahora vuelve a darlos una nueva vuelta de tuerca.

Destacar el acierto con que describe al grupo de policías de Ramos, en los que no puede faltar una rocambolesca historia de amor con resultados sorprendentes. Los diálogos de la novela son certeros y eficaces, bastante de la trama se siguen mejor gracias a ellos. Pese a todas las ramificaciones que hay en la novela, sus diferentes enigmas y sus situaciones perturbadoras, la novela se lee de manera ágil y, como se suele decir ahora, adictiva. No puedes dejar de leerla hasta enterarte de todos los misterios y secretos que guardan sus páginas. Pese a la dificultad de la trama, no queda ni un cabo sin atar.

Uno de los protagonistas de la novela dice en cierto momento, “cuando uno mata una vez, está deseando volver a repetirlo”. Pues bien, cuando leí la primera novela de Santiago Díaz me quedé con las ganas de volver repetirlo. Ahora, con “El buen padre” lo he podido hacer y no sólo no me ha defraudado sino que me ha parecido mejor que la anterior, y eso que ya es difícil. Inaudito para un lector voraz y crítico como un servidor.

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