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1 de diciembre de 2021, 4:29:34
CRÍTICAS


"Bruna", de Ramón Caudet

Por Silvia Monterrubio

Escribir bien es todo un arte. Toparnos con una historia narrada en tan solo doscientas páginas, a la cual no le falte ni le sobre nada, un auténtico placer para el lector. Muestra de ello es la última novela de Ramón Caudet, editada por Huso, y que lleva por título "Bruna".


Empezaré, en esta ocasión, comentando que Bruna es una novela la cual no solo se deja leer, sino que además es de las que cada capítulo te llama a gritos requiriendo tu atención. Reconozco que, de no ser por mis problemas de visión, la hubiese comenzado y terminado del tirón, en un solo acto de lectura. Finalmente he agradecido las paradas obligadas, porque a medida que se van sucediendo los capítulos, se va concentrando la intensidad en ellos a la par que aumenta la tensión en el lector, y se hace casi necesario una pausa para recuperar el aliento. A pesar de la angustia que se siente por la dureza con la que se desarrollan algunas de sus escenas —o quién sabe si tal vez por ello— es un lujo inmenso bucear entre sus páginas.

Con una Guerra Civil que estalla al poco de arrancar esta conmovedora novela, y las consecuencias que traerá la posguerra mas casi cuarenta años de dictadura, Ramón Caudet se cubre con la piel, visita el corazón y se aloja en el interior de la cabeza y el alma de nuestra protagonista principal, Bruna. Conoceremos también a otras dos mujeres que serán fundamentales para que esta obra nos abrace de la manera que lo hace, son Emilia y Nuria. Destacar en este punto a Pau Queralt, personaje que, pudiendo considerarse como secundario, llega a alcanzar una importancia vital en la vida de Bruna y Emilia, así como para el desarrollo de la trama, convirtiéndolo en un segundo pero indispensable protagonista y pieza clave de gran parte de esta historia.

Podría resumir toda la reseña diciendo que cuando la lectura de un libro conmueve, desordena la moral, hiere el alma, y te pellizca el corazón, no hay más que añadir. Pero son tantas cosas las que me han gustado que quisiera compartirlas con el resto de lectores, si me lo permiten.

En ocasiones cuesta entender, digerir y aceptar lo que nos va aconteciendo a lo largo de nuestro paso por la vida. Evidentemente me refiero a lo negativo, a lo traumático, porque lo que nos hace sentir bien, eso, se asimila sin necesidad de tener que aprender a colocarlo siquiera. Y tendemos a pensar, ya en la madurez, que aquellos niños y niñas a los que se les ha robado de alguna manera parte de la infancia —niños viejos— y que han continuado viviendo una adolescencia propia de adultos, la vida les estaba construyendo el armazón de acero blindado que iban a necesitar para aguantar en pie todo cuanto se les vendría encima. Así aprendieron a no doblegarse, a soportar la humillación sin rendirse, a morir en vida cada día y rehacerse un poco cada noche.

"...no recibió ninguna indemnización, y en esa época no había pensión de viudedad... Así que, de un día para otro, ella tuvo que proveer la comida, la ropa... yo me convertí en el ama de casa y en la madre adoptiva para fines prácticos de mis dos hermanos pequeños"

Fragmentos del capítulo "Zapatos planos" Pág. 23

Es una novela impactante, de superación personal. Aunque no se trate de un libro específico sobre la Guerra Civil o la dictadura — si bien se desarrolla en ese tramo de tiempo—, para los que no hemos vivido tales situaciones y solo conocimos los últimos coletazos del franquismo en España, leemos sus páginas cargadas de historia y acontecimientos con el corazón en la garganta, con la rabia y la desesperación desbordándose a borbotones desde el curso de nuestras venas hasta el interior de nuestras entrañas. Se nos llena de hiel la retina y llegamos a sentirnos morir un poco con ella, en este caso con nuestra protagonista, Bruna. Uno desea con impaciencia que, capítulo a capítulo, lleguemos a ese claro de luz dentro de la oscuridad profunda. Pero en ocasiones la vida permanece en una penumbra constante. Es desde ahí mismo, entre esa sombra y oscuridad perenne, donde es necesario inventar un haz de luz que nos invite —obligue— a continuar.

"Comenzó la cacería de brujas... Las mujeres fuimos rebajadas a seres de tercera clase cuya única misión era ser madres, esposas o putas... No teníamos derecho a la misma educación que los hombres. No podíamos tener una cuenta de banco, y todos los asuntos de dinero correspondían al padre o a al marido..."

Fragmentos del capítulo "Fotos de estudio" Pág. 81

Quiero destacar la fuerza que imprime el autor de esta obra, Ramón Caudet, sobre el personaje de Bruna, capaz de hacernos olvidar por completo que estamos frente a la lectura de una novela y que, a pesar de que muchos sucesos pudieran coincidir con la realidad que se vivió en aquellos años, no deja de ser ficción histórica. Nos remueve arrancándonos a girones un sentimiento de repulsión y rechazo hacia ciertos seres y su comportamiento. Los capítulos que abarcan los días previos a su detención, el paso por prisión y todo lo que en ella vive, son demoledores. Miseria y escasez de alimentos, falta de higiene, hacinamiento, violaciones, dolor, miedo, violencia... En sus primeras páginas, Bruna hace una reflexión que se me quedó grabada y pienso que de alguna manera guarda relación con alguna de las situaciones en las que se verá envuelta y de las que se convertirá en víctima.

"Cada vez que veo a una mujer cruel, veo a una niña que no castigó a sus muñecas, y cada vez que veo a un hombre violento, veo a un niño que no rompió sus juguetes"

Fragmentos del capítulo "Zapatos planos" Pág. 23

Últimamente escucho, cada vez con más frecuencia, decir que la maternidad está sobrevalorada. Quizá esa expresión contenga mucho de verdad, o tal vez no. ¿Quién puede demostrar estar en posesión de lo correcto, de lo acertado? Y en cualquier caso ¿Quién determina qué es lo correcto, lo acertado? Lo que ninguno de ustedes: lectores, padres, madres, hijos... podrán negarme, es que cuando el amor se convierte en vínculo, se torna indispensable y en cierta manera, de igual modo, también lo hacen las personas.

"...ella era el pegamento que lo unía todo. Por eso la tierra es la «madre Tierra y no el «padre Tierra»"

No puede existir mayor peso de responsabilidad que tener que decidir sobre la vida o el futuro de otros seres humanos, pero si esa persona es tu hija y la decisión es inevitable y definitiva... a veces supone enterramos en vida para salvar lo que más queremos.

"Cada cosa suya que ponía en la maleta era como desprenderme de una parte mía, una mano, un brazo, una pierna, y, al final, con la muñeca, mi corazón"

Fragmentos del capítulo "bata de presa" Pág. 93

Otra de las muchas cosas que me han gustado de la novela, es la manera en que su autor aborda el tema de la mujer. El posicionamiento y empoderamiento de las mujeres. Ese encaminarse hacia la libertad e igualdad, a pesar de que el viento sople en contra. Y quiero hacer hincapié en ello, porque lo plantea, desde mi punto de vista, desde una perspectiva diferente. Nuestra protagonista, Bruna, es una mujer a la que le toca vivir una época donde todo lo relacionado con estos temas era más que un despropósito; un momento en el que no ser hombre se convirtió en el equivalente de poder ser humillada, vejada, manipulada y utilizada.

"A los cinco minutos entraron tres carceleros, me desnudaron, me manosearon y después me violaron... A las dos semanas se repitió lo mismo, pero esta vez también había una mujer funcionaria que fue peor que los hombres... utilizó un cinturón con hebilla"

Fragmentos del capítulo "bata de presa" Pág. 93

La historia de Bruna pretende hacer visible la posibilidad, aunque sea mínima, de emprender la lucha desde uno mismo, como no puede ser de otra manera. Nos lleva a plantearnos que no es necesario alcanzar siempre el pico más elevado de la montaña para sentir que hemos llegado a la cima, que no es imprescindible saltar con éxito todos y cada uno de los obstáculos para lograr vencer. Porque hay ocasiones donde la vida, realmente, no te deja elección. Se trata de sobrevivir o dejarte ir. Consiste en conquistar tu espacio y libertad milímetro a milímetro, día tras día, incluso encerrado entre cuatro paredes y expuesto a una humillación constante. Ahí radica el éxito.

"El patio era una bocanada de aire a menos que te tocara purgación... las elegidas debían caminar en fila india por el perímetro del patio a la vista de los guardianes y las otras presas hasta que llegaba la incontinencia y defecaban caminando, porque estaba prohibido pararse"

Fragmentos del capítulo "bata de presa" Pág. 93

Desde el personaje, y a través de la personalidad de Bruna, entendemos que, a veces, no debemos desesperar y tirar la toalla cuando se cierran todas las salidas, o lo que es peor, cuando todas las puertas que se abren traen algo más trágico e insoportable que lo anterior. Solo basta armarse con lo que uno tiene a su alcance —valor—, arrancándolo de cuajo, si es preciso, de nuestro interior, aunque el alma se quede en carne viva, el corazón hecho añicos a la intemperie y nuestra voluntad totalmente en manos ajenas. Nos queda la libertad de vestirnos cada día con el traje de la dignidad para recibir las humillaciones cuando éstas son inevitables. Recurrir al amor y a la esperanza —aunque solo sea con y desde el pensamiento— es lo único que nos va a mantener en pié cuando no podamos esquivar el dolor de los golpes y del abuso. Solo desde lo más profundo de uno mismo se hace la revolución.

"Cuando me caí, los otros dos se acercaron y me dieron una paliza, golpeándome especialmente en el vientre, los riñones y en los pechos... No importa cuántas veces te hayan golpeado, duele igual o tal vez más"

Fragmentos del capítulo "bata de presa" Pág. 93

Bruna sobrevive a lo largo de toda la novela, en parte, gracias al amor. Pero no al amor físico, pues su experiencia en prisión la deja psicológicamente castrada de por vida, sino a esa capacidad de amar que nada tiene que ver con lo sexual. El amor de su madre y hacia su madre es lo que la mantiene viva, el amor hacia una hija a la que nunca pudo volver a abrazar, el de un hombre que entendió y aceptó desde el más absoluto respeto y amor incondicional, que ella lo amaría siempre, viviría por y para él, pero que jamás podría entregarle su cuerpo, ni siquiera tocarla. Esa forma de amor —amar— que está muy por encima de manos que descubren cada rincón de tu piel, de labios que te dibujan centímetro a centímetro, de cuerpos que se quedan a habitar cada noche en el cuerpo del otro. Pau, por su parte, aprenderá a sobrellevar la situación, admitiendo el pacto que Bruna le propone, por muy duro que se le haga. Ambos están enamorados y prefieren inventar una nueva forma de entregarse antes que llegar a perderse.

"Súbitamente, al mismo tiempo, los dos nos vaciamos en mis muslos con un espasmo...No me penetró, no me tocó, ni siquiera me besó... y, sin embargo, finalmente, habíamos hecho el amor"

Fragmentos del capítulo "Suéter de hombre" Pág. 160

Podría continuar describiendo emociones, sensaciones, conclusiones a las que esta novela me ha transportado y hecho llegar. En cualquier caso lo haría por el mero gusto y placer de poder revivir sus pasajes mientras lo cuento, pero voy a detenerme aquí para invitarles a que sean ustedes los que se adentren en ella.

Si en algún momento sientes que no puedes más, la vida te llega a pesar demasiado, se acaban las esperanzas. Si descubres que Dios comenzó a mirar para otro lado hace tiempo y estás ahora mismo leyendo esto... entonces has de tener a mano Bruna, de Ramón Caudet, y perderte entre sus páginas para volver a encontrarte.

"Ha conseguido que no dependa de un padre, que no esté dispuesta a depender de un marido y mucho menos a que me venga a organizar la vida cualquier desconocida"

Fragmentos del capítulo "Mantón de Manila" Pág. 48

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