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22 de mayo de 2022, 7:02:05
ENTREVISTAS


Entrevista a Jorge Dezcallar, ex director del CNI: “Las guerras civiles no se pueden ganar nunca. Todos pierden”

Autor de “Espía accidental”
Por Javier Velasco Oliaga

El curriculum de Jorge Dezcallar es sencillamente impresionante. Abogado y diplomático, su vida profesional ha discurrido entre embajadas y servicios de Inteligencia. Ha sido embajador en Marruecos, la Santa Sede, Malta y Estados Unidos, además de director de Política Exterior para África y Medio Oriente, del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Y lo que tiene más mérito con diferentes gobiernos de partidos casi antagónicos. Lo que nos dice que es una persona de absoluta confianza.


Ha publicado hasta ahora varios libros sobre su experiencia profesional y ahora le ha llegado el turno a la ficción. Su novela “Espía accidental” es su debut en la literatura de espionaje. ¡Pocos saben tanto como él del tema! Una novela canónica que tiene un valor añadido gracias a su conocimiento del tema. “En el libro, cuento muchas cosas sobre los servicios de inteligencia, pero yo sé cuáles son los límites y hasta dónde puedo llegar”, afirma nada más comenzar nuestra entrevista.

“Un amigo mío me ha dicho que él pondría Espía accidental como libro de texto en las escuelas de estudios internacionales”, dice sin presunción. Después de leer la novela, yo haría lo mismo. Su lectura tiene muchas capas y tiene tanto valor lo que cuenta como lo que calla y podemos intuir. Sobre Siria, uno de los escenarios de la novela, cuenta muchos de los que sucesos que están sufriendo en el país. “Pongo en boca de algunos sirios sus opiniones sobre algunos políticos israelíes que en un libro de no ficción no se podrían decir”, señala midiendo muy bien sus palabras.

Quizá por eso haya preferido escribir una novela sobre estos dolorosos acontecimientos que se han vivido y aún están presentes. “La ficción me parece muy complicada. Me da vértigo. Pero me obliga a hacer creíbles sucesos que pueden parecer de película. Además, me permite elucubrar sobre cuestiones que en un ensayo sería más difícil de hacer”, desgrana el diplomático metido en la vorágine de la ficción y la novela de aventuras.

“El enemigo de Israel no es Palestina sino los iraníes”

“En ocasiones, me paso toda una tarde en blanco buscando las palabras precisas, encontrando las escenas idóneas y los protagonistas adecuados”, apunta. Pero no cabe la menor duda de que en “Espía accidental” lo ha conseguido. Describe a la perfección la lucha entre servicios de inteligencia en Medio Oriente. “Es una zona en conflicto permanente. Los israelíes se juegan su futuro. Para Israel, sus enemigos no son los palestinos sino Irán y se están jugando la estabilidad de la zona en tierras de Siria”, explica de manera meridiana. “Casi todos los días se lanzan misiles contra Israel que ellos responden. Hace diez días hubo uno muy importante. La gente está sufriendo muchísimo, hay que tener en cuenta que hay cinco millones de desplazados sirios en el extranjero y otros seis millones en el propio país”, puntualiza.

Con la experiencia que tiene Jorge Dezcallar dentro de los servicios de inteligencia, tenía una pregunta que no podía obviar: ¿Cómo se capta a un espía? La respuesta la sabe por experiencia. “Se captan de muchas formas. Una vez, un responsable de MI6 me dijo que en alguna ocasión habían puesto anuncios en la prensa y yo también lo hice. Es muy difícil encontrar, por ejemplo, personas que hablen pastún o los diferentes dialectos árabes. Entonces no queda más remedio que acudir a los periódicos, lo que pasa que es muy fácil que te la cuelen. Así que hay que hacer unas cribas muy duras porque te pueden meter un topo con muchísima facilidad”, expone. Sobre el terreno es muy difícil conseguir agentes, lo normal es que los recluten en las universidades o entre profesionales que trabajen en las diferentes zonas en conflicto. En otras ocasiones, se buscan hackers, analistas y hasta escaladores que puedan colarse en cualquier edificio.

“El protagonista de la novela, Asís García Fernández, es un español que ha reclutado la Legión Extranjera, es un personaje muy cercano a la literatura picaresca –nuestro gran género literario-, un viva la virgen que por no estudiar va dando tumbos por la vida hasta que es captado por el CNI. Una vez dentro, se encuentra preso de una situación a la que no puede renunciar y eso le hace que pierda al amor de su vida”, cuenta el escritor de manera clara. “Esta novela no la hubiese podido escribir nunca sin haber sido diplomático”, sentencia.

Las vicisitudes por las que atraviesa Asís García no están exentas de humor, aunque se acerca más a un melodrama. “Tiene que montar un burdel para espiar a los iraníes. Evidentemente, ese hecho es pura ficción.. Lo que no es ficción es la colaboración entre diferentes servicios de inteligencia. El CNI colabora con el MOSSAD, tenemos buenas relaciones con los israelíes desde que en el 1987 se estableciesen las relaciones diplomáticas en La Haya, yo tuve la suerte de estar en la firma”, explica Dezcallar que tiene un fino sentido del humor que destila en muchas páginas del libro y en nuestra conversación.

En cuestiones de seguridad, hay que hablar hasta con el diablo

“Esos trabajos entre servicios de inteligencia se suelen cobrar. Ambos países buscamos la seguridad de nuestras sociedades y España estuvo preocupada por los españoles que se unieron al Estado Islámico, era importante tenerlos localizados para que a su vuelta a España no hiciesen de las suyas”, detalla el autor de “Espía accidental”. “En cuestiones de seguridad, hay que hablar hasta con el diablo”, sostiene.

En opinión del diplomático mallorquín, “la mayor zona de influencia de España es África del Norte, más que Oriente Medio. Tenemos buena relación con Marruecos, somos su mayor exportador y debemos de mirar con cuidado la expansión del estado islámico en el Sahel. Nos preocupa mucho. De Oriente Nedio lo que nos debe inquietar es la llegada de terroristas”.

En la novela, Jorge Dezcallar parte de un hecho real que le sucedió a él. De ahí que comience la novela en primera persona para pasar a narrador omnisciente cuando comienza la ficción. Al final, vuelve a recuperar su voz. “Es en ese momento cuando soy yo mismo. En el resto no soy yo, pero creí que era una forma divertida de introducir el tema. Yo me siento muy cómodo escribiendo así. Son recursos que utilizo para mantener la atención del lector. Me están diciendo que la novela engancha desde el principio”, sostiene y creo que tiene razón. Para eso, se ha fijado en escritores como Wilbur Smith o Jack Higgins, que suele leer con asiduidad. Ya que le gusta mucho los cambios de escenarios que hacen en sus novelas y como terminan con el interés en alto al final de cada capítulo.

“Aburrir a los lectores debería estar penado en el Código Civil”, dice con humor, el mismo que emplea en su novela. Y eso que debe ser complicado mantener el humor cuando se tiene tanta información de lo que pasa. “Tener mucha información no es peligroso. Siempre es bueno y positivo. La información es poder, lo que pasa es que alguna información no se debe de dar en los medios de comunicación porque pueden pasar cosas no deseadas, como está ocurriendo ahora con los diarios de Manglano. Estoy seguro que a él no le hubiese gustado que se hiciesen públicos esas memorias”, asevera con contundencia.

Esa guerra civil que se está dando en Siria o como tantas otras que se han dado en medio mundo, no suelen tener vencedores. “Las guerras civiles nunca se pueden ganar. Siempre habrá familiares en los dos bandos. Además, las heridas tardan muchos años en curarse. En la nuestra, creo que tendrá que pasar una generación más para que se pasen esos odios. Hasta que los hijos olviden lo mal que sus padres lo pasaron en las cárceles”, opina.

Para finalizar, señala que en Oriente Medio se han planteado objetivos irrealizables. “No se pueden sacar de la manga democracias en esos países, ni cultural ni socialmente se aceptarán. No han pasado como los europeos por el renacimiento o la ilustración, creo que no están preparados”, especifica. Jorge Dezcallar se despide con una sentencia que da mucho que pensar: “Yo no me he llevado ni un papel de las instituciones de las que he sido responsable”, concluye. ¿Pueden decir eso algunos?

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