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22 de septiembre de 2021, 10:56:53
ENTREVISTAS


Entrevista a Juan Francisco Ferrándiz, autor de “Las horas oscuras”

“En Irlanda se intentó salvar la cultura europea”

Por Javier Velasco Oliaga

Juan Francisco Ferrándiz es un joven escritor valenciano que acaba de publicar en la editorial Grijalbo su primera novela en español titulada Las horas oscuras. Anteriormente había publicado Secretum templi en valenciano. La obra está situada en la brumosa Irlanda, en un destruido monasterio que había tenido una importante biblioteca. Se acercaba el año 1.000 y muchos habitantes de Occidente vivían obsesionados por el fin del mundo.


Las bibliotecas en la Edad Media guardaron los saberes de la antiguedad

Durante la Edad Media, los conocimientos de la antigüedad se habían mantenido en muchas bibliotecas, sin embargo, lo incendios redujeron a cenizas muchas obras. La conocida biblioteca de Alejandría fue pasto de las llamas, las tres más conocidas bibliotecas de Roma, también. Algunas órdenes religiosas y algunos monjes se afanaron por rescatar y conservar libros de autores griegos y romanos. El protagonista del libro, Brian de Liébana, monje benedictino procedente de Hispania, era uno de ellos.

“Desde la muerte de Carlomagno, Europa se llenó de disensiones. Al morir el emperadorquedó descabezada sin un líder fuerte. En Irlanda se intentó salvar la cultura europea y de ahí que se creasen monasterios donde se copiaban y conservaban las principales obras de Grecia y Roma”, explica en escritor nacido en la población alicantina de Concentaina.

Contra lo que se pudiese pensar, la religión católica hizo mucho por conservar la cultura clásica: obras de Platón, de Aristóteles, de San Agustín, se conservaron en estas bibliotecas a cargo de los monjes. También se copiaron otras como la Astrología de Manilio, autor de la época de Tiberio y que podría ir en contra de las creencias de la recién creada religión cristiana.

Ese afán por querer salvaguardar las obras se mantiene en las órdenes religiosas. Es el espíritu de Casiodoro, pretor romano ordenado monje a finales del Imperio Romano. Y ese mismo afán se dio en Irlanda, donde muchos romanos, después de la caída del imperio, se refugiaron. De ahí que Juan Francisco Ferrándiz haya querido situar la acción de su novela en Irlanda. “Allí todo cogió color y cuerpo. En Irlanda se daban todas las condiciones para salvaguardar la cultura cristiana”, dice.

Un año tardó en documentarse el joven abogado para escribir Las horas oscuras, año en el que buscó el mejor emplazamiento para crear una novela épica, que combina el género histórico con el misterio gótico y la aventura. Y su pasión por una canción celta le hizo decantarse por situar la trama en la Irlanda de San Patricio, porque “el sistema de creencias del mundo celta era muy similar al del mundo latino”, señala con acierto el autor, con ojos chispeantes.

La iglesia de Iona, basada en el Códice de Kells, tenía muchas similitudes con el cristianismo, muchas similitudes, incluso la tonsura monacal era una variante de la tonsura céltica, cercana a la frente, en vez de en la coronilla. Había similitudes pero también había diferencias y una de ellas es el papel de la mujer en los monasterios.

Monasterios mixtos

En Irlanda se permitían los monasterios mixtos, la convivencia de hombres y mujeres. Incluso se permitía el casamiento de monjes e, incluso hay leyendas que cuentan que alguna mujer accedió a algún obispado, pero esto lo cuentan en voz baja, casi susurrando, porque no hay pruebas fehacientes. Pero de este papel, el de la mujer en aquellos claustro, surge el personaje más original de la novela, “Dana, una mujer celta, es un personaje temerario y muy importante para el desarrollo de la historia”, señala vehemente Juan Francisco Ferrándiz.

Dana, “no es un mero recurso narrador. Si hubo un lugar en el orbe donde se podía hacer algo similar era solo en Irlanda”, señala. Una mujer fundamental en la trama de la novela que influye poderosamente a Brian de Liébana, en una relación que sorprenderá a muchos. Pero no es de extrañar, ya que los antiguos druidas se fusionan, se funden con el cristianismo, un mundo donde “los dioses han permitido que se les cambien los nombres por otros de santos, santa Brígida, san Patricio, tienen su origen en las creencias celta”, añade.

“La novela tiene una trama céltica, cultura por otra parte muy oral, que ha perdido conocimientos precisamente por eso mismo, pero difiere en que la novela tiene una estructura, tiene un orden y tiene un por qué”, cuenta Juan Francisco Ferrándiz. Es evidentemente una novela de ficción pero con unos anclajes históricos muy definidos, aunque cree que obras como El señor de los anillos le han influido en cuanto al mundo que describe, sus parajes, sus tradiciones. También reconoce la influencia y maestría de Umberto Eco en su obra.

El leit motiv de la narración es el Libro de Kells, un libro que es buscado por la secta strigoi para destruirlo. El libro es un evangelio que contiene unas ilustraciones increíbles, “con una precisión milimétrica, como puede tener el billete de dólar. Tenía una técnica muy especial, una técnica estereoscópica, parecido al 3-D, que no se volvería a utilizar hasta el siglo XIX, en que se volvió a inventar. El misterio es cómo unos monjes del siglo X pudieron hacer eso”, explica el novelista alicantino.

“Ante tanta maravilla lo que puede pensar uno es que está hecho por manos de los ángeles, en vez de por el hombre”, dictamina y agrega “lo realmente misterioso es cómo está hecho el libro, no los conocimientos que contiene”. Así explica este joven narrador su obra. Su mano está especialmente dotada para crear atmósferas y misterios, para mantener una tensión narrativa muy abierta a lo sorprendente.

Como sorprendente es que hayan llegado muchos conocimientos de Grecia hasta nuestros días, gracias al trabajo silencioso de unos monjes medievales que copiaron obras religiosas, pero también profanas. “Ahora se nos ofrece libertad, pero pienso que quieren que sustituyamos nuestras creencias por las suyas”, finaliza Juan Francisco Ferrándiz. En aquellos tiempos algunos querían influenciar, otros sólo preservar. Gracias a ellos conocemos saberes que se libraron de la hoguera.

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