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25 de febrero de 2021, 12:18:18
ENTREVISTAS


Entrevista a Lucía Etxeberria, autora de “Dios no tiene tiempo libre”

“La adicción a una persona es dependencia, no amor”

Por Javier Velasco Oliaga


Para escribir su última novela, “Dios no tiene tiempo libre”, Lucía Etxeberria se ha fijado en un concejal mallorquín de Urbanismo que dimitió de su puesto político acusando a su partido de corrupción. Poco después fue acusado de malversación de fondos del ayuntamiento de Palma de Mallorca en un burdel de la isla; por si esto no fuese suficiente, también fue acusado de abuso de menores.



Además, debemos tener en cuenta que ese ex concejal pertenecía a la secta Neocatecumenal de Kiko Argëllo y que cometía los abusos en su propia casa. Lucía Etxeberria ha obviado tanta maldad y se ha fijado en la vida de la mujer del político, que parecía no enterarse de nada. Con esos mimbres ha tejido una novela actual, dura y controvertida. En la entrevista nos desvela algunos de los secretos de la misma.

Dios no tiene tiempo libre” es la novelización de una obra de teatro suya. ¿Por qué decidió escribir la novela partiendo de la obra?
Bueno, monté y dirigí la obra, fue un trabajo ímprobo, realmente muy duro, y al final perdimos dinero. Con lo del 21% de IVA el teatro empieza a no ser rentable en España, de forma que los empresarios solo quieren obras muy light y con protagonistas que salgan en series de televisión. Esta obra trataba temas muy duros y no la consideraban adecuada. La monté en un teatro del Off de Lavapiés, y aunque llenó en todas las representaciones, al no poder publicitarla no fue rentable. Pensé que era una pena que este texto se perdiera y a partir del texto teatral, amplié y escribí la novela

Hay algunos breves capítulos donde el protagonista habla por teléfono con diversas personas. ¿Por qué dejó esas conversaciones donde el lector sólo conoce lo que dice David?
Porque Caroline no forma parte del triángulo sobre el que se sustenta la historia, y no hacía falta escuchar su voz. Es una cuestión de estructura. De la misma forma en la versión teatral habríamos podido escuchar su voz grabada, en off, pero yo no quise.

¿Ha quedado satisfecha con el resultado?
Por supuesto. Me encanta la obra de teatro y me encanta la novela, por eso he invertido tanto tiempo en la historia. Evidentemente no lo he hecho por dinero, sino por pasión, porque con la obra perdí dinero y por la novela, en este preciso instante, y tal como va el mercado editorial en España, mucho no voy a sacar. Adoro la historia y adoro a los personajes

La novela ha quedado rabiosamente actual, tocando temas muy de ahora mismo. ¿Es la corrupción política el principal problema de nuestra sociedad?
Hace casi cuatro años publiqué un ensayo llamado Liquidación por Derribo en el que ya afirmaba esto, cuando el tema aún no había saltado a medios de comunicación. La novela plantea la misma tesis que el ensayo: no se trata de una corrupción política, es una corrupción moral a todos los niveles de la sociedad. Para que un político pueda crear un entramado de corrupción, tiene que vivir en una sociedad muy particular en la que ciertos comportamientos no solo no se censuren sino que se recompensen. En España vemos normal cobrar en negro, copiar en los exámenes, enchufar a un pariente en una empresa... Una sociedad en la que el 25% del dinero se mueve en economía sumergida y en la que cuatro de cada cinco personas admiten en una encuesta haber encontrado su trabajo a través de amigos y familiares en una sociedad enferma a todos los niveles, no solo en la élite política.

La ocultación de la homosexualidad, ¿no es algo pasado ya de moda?
Desde el momento en que la novela se basa en un caso real, el de Javier de Santos, y que ocurrió hace pocos años, se ve que no está muy pasado de moda. Si te das cuenta, en España los gays mediáticos son personas como Boris Izaguirre, Jorge Javier Vázquez... Personas que dan un aspecto frívolo y de pluma, asociado al mundo del espectáculo, al corazón, a la frivolidad. Solo ha salido del armario un político abiertamente gay, Zerolo, y un solo juez, Grande Marlaska. Cuando si el 10% de la población es gay debería haber cientos, quizá miles de políticos y jueces gays. Y evidentemente en un gobierno como el actual, en el que varios ministros son numerarios del Opus Dei, no creo que se admita a muchos gays o lesbianas.

¿Qué opinión le merece una institución como el Opus Dei?
Gran parte del libro gira alrededor de esa institución, cuyo funcionamiento conozco muy bien porque una parte de mi familia estuvo ligada a la Obra. Creo que esa manera de entender el sentimiento religioso nada tiene que ver con el verdadero amor a Dios tal y como yo lo entiendo. Yo creo en un Dios libre, compasivo y cercano, no en un tirano coercitivo.

La novela tiene un entramado de infidelidades sorprendente. ¿Sólo ocurre así entre las clases privilegiadas o en toda la sociedad?
Un 35% de hombres y un 26% de mujeres reconocen haber sido infieles a su pareja, según un estudio realizado por el instituto IPSOS. La encuesta, dirigida a una muestra de 824 participantes de entre 18 y 65 años, arroja luz sobre la tendencia del adulterio en España. Pese a que en la sociedad continúa predominando la idea del amor romántico, la realidad es que vivimos muchos más años que antes y esto provoca que se produzcan en nuestras vidas más cambios que en épocas anteriores. No existe un perfil de persona más proclive que otra a ser adúltera. Todo el mundo tiene la posibilidad de ser infiel, siempre surge alguien que tira el anzuelo

De hecho, los personajes de mi novela son infieles por razones muy particulares, con las que creo que el lector o lectora se puede sentir muy identificado: por hastío, por venganza, por aburrimiento, por insatisfacción sexual, por curiosidad, o por sentirse atrapado en una relación que se ha convertido en una cárcel y no saber cómo salir

¿Vivimos en una sociedad hipócrita? ¿A qué cree que es debido?
En Grecia el hipócrita era el actor teatral, sin ningún tipo de connotación negativa. Más tarde se amplió el concepto para referirse a aquel que no cumplía con los preceptos de los dioses. Cualquier sociedad exige una cierta hipocresía de sus miembros desde el momento en que toda sociedad pauta lo que se considera aceptable y lo que no, y los miembros se ven obligados a cumplir las reglas. La primera consiste en mostrar lo que se desea que se vea; mientras que la segunda consiste en ocultar aquello que no se desea que sea conocido por el entorno. Es importante mencionar que una persona que actúa con hipocresía es aquella que, aprobando una serie de reglas y valores en público y acusando a aquéllos que no los cumplan en público comete actos contra dicha línea de pensamiento y lo oculta. La hipocresía consiste en preconizar ciertos valores y normas y aplicar otros en la vida cotidiana. La psicología, la filosofía, explican que el comportamiento hipócrita consiste en explicar una acción propia por el entorno y atribuir las acciones del prójimo a cuestiones innatas. Esto supone un juicio sobre el otro y un justificativo sobre las propias acciones. Hay quienes sostienen que la hipocresía es necesaria para el normal funcionamiento de la vida social porque muchas veces los individuos simulan sentimientos contrarios a los que realmente experimentan para evitar conflictos. Una forma de entender las relaciones ciertamente falsa y superficial, pese a ser la más aceptada. Se cree que si los sujetos dijeran la verdad sin ningún tipo de tapujos, podrían provocarse situaciones de incomodidad que no desean. Esta conducta no es propia de un mundo ideal, ya que en una sociedad donde los individuos experimentaran seguridad y libertad tendrían el espacio para expresar sus ideas y emociones sin ningún tipo de temor. Después de todo, que alguien exprese que no le gusta algo de otra persona no tiene por qué ser negativo, en todo caso es su forma de percibirlo, tan válida como la de cualquier otro. Pero nuestra sociedad es muy esquizofrénica. Condena y aprueba a la vez. Condena la agresividad pero premia al comportamiento más agresivo desde el momento en que el tertuliano que más cobra en televisión es el más agresivo, condena el maltrato, pero en televisión se fomenta el maltrato y se recompensa al maltratador; ya he dicho que el tertuliano más agresivo y el que insulte más es aquel que más cobra, condena la explotación de la mujer, pero fomenta la explotación de la mujer en televisión... En fin, es una sociedad hipócrita en sí misma, y por ello los individuos ven muy difícil adaptarse a un rol

¿El dinero da la felicidad y la salud? (David versus Elena)
El dinero no da la felicidad, pero a veces la compra. Pero como bien dice David, hay gente tan pobre que solo tiene dinero.

¿Tiene que ser el sistema de salud universal? ¿Todos los enfermos deberían ser tratados como Elena?
Por supuesto que creo en la sanidad universal. He escrito numerosos artículos sobre ello. La vergüenza es que nos digan que hay que recortar la sanidad porque "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". España es a día de hoy el país con mayor carga impositiva de Europa. Esos impuestos desmesurados que pagamos deberían ir a Sanidad, porque por algo los pagamos, no a financiar tramas corruptas, palacetes, chulos, putas, cocaína, pensiones vitalicias, dietas desmesuradas, yates, cochazos y rolex de oro. La sanidad universal es un derecho y debemos defenderlo porque nos va la vida en ello.

¿Las emociones pueden llegar a sanar?
Me parece un tema peligroso. Es cierto que muchas enfermedades tienen un enorme componente psicosomático, pero decirle a un enfermo de cáncer que ha enfermado por que ha somatizado emociones y que se curará si adopta otra actitud es mentir. Una actitud positiva mejora el pronóstico de cualquier enfermedad, sin duda, pero no necesariamente puede curar un cáncer

También se muestra dura con los medios de comunicación. ¿Cree realmente que rediseñan y reformatean nuestras emociones?
Sé que directamente mienten, porque he trabajado en muchos. Y si no lo crees, compara una noticia con otra en dos periódicos diferentes o dos cadenas de televisión diferentes. Los medios de comunicación se integran dentro de corporaciones –grupos de empresas interconectados y especializados- de modo que no es posible que sigamos tratándolos como “cuarto poder”, “expresión de la opinión pública”, “guardianes de la democracia” porque ya no es así. En realidad los medios son un brazo más del poder. Decir que los medios tienen dueños es una obviedad pero dejar de explicitarla es el riesgo de naturalizar su esencia hasta hacerla desaparecer.

Los medios masivos tienen sus rutinas y una maquinaria perfectamente engrasada para moverse dentro de la complejidad. Por eso basta con pagar a los periodistas para que hagan su trabajo y, la mayor parte de las veces, saben hacer su trabajo y no dan demasiados problemas.

Los periodistas no son maquiavélicos, ni se ponen de acuerdo, hacen su trabajo. El lugar del público es el de espectador interesado, nunca el de participante. Hay que asegurarse de orientar su interés. Vivimos en la Sociedad del Espectáculo que tan bien había descrito Debord y que ya ha llegado para quedarse. Los medios no dan información, dan espectáculo. De eso ya hablé en mi libro "Lo verdadero es un momento de lo falso".

Los medios son sujetos políticos, no son servidores de la política. Por eso es ingenuo pensar que alguna vez informarán de lo que realmente se cuece en la esfera política. Y todo contenido es político: si se impone la frivolidad, por ejemplo, el desprecio a la cultura, la agresividad, el chonismo, eso se debe a una agenda política. Una población inculta y poco informada es una población manipulable

¿Qué opinión tiene de las redes sociales?
Las utilizo pero cada vez desconfío más de ellas. Desde el momento en que se paga por promocionar una noticia en tuiter o facebook, y desde el momento en que se pueden comprar seguidores en facebook y twitter, a través de una agencia de comunicación, las redes sociales son más o menos tan fiables como cualquier otro medio de comunicación

¿El amor es una droga dura?
El amor no es una droga. El verdadero amor es libre. La adicción a una persona es dependencia, no amor

En la novela hay mucha reflexión sobre la condición humana. ¿Cree que cada persona se construye su propia cárcel?
Es una frase de mi novela. Sí, cada persona define lo que acepta y lo que no. Para algunos es la cárcel de las drogas, para otros la adicción al trabajo, para otros la adicción al amor, para otras, un trastorno alimentario, o la adicción al sexo, a las redes sociales... Cada persona construye su propia cárcel. En el sentido de que cuando alguien entra en un comportamiento adictivo que le tiene atrapado, que le daña, del que no sabe salir, está en una cárcel. Una cárcel sin barrotes, pero una cárcel

¿No vemos lo que no queremos ver?
Otra frase de mi novela. Las personas que no se enteran de que su mujer o marido es infiel, de que su hijo o hija es homosexual, de que hay un Jaguar en su garaje, de que la empresa de su marido " sin ánimo de lucro" es en realidad una tapadera para una gran estafa... tenían todas las pistas para saber lo que pasaba, pero no han querido saberlo. Han preferido ir por la vida con orejeras, porque la verdad es muy dura, y es una camino de no retorno. Una vez la conoces, no puedes volver atrás.


¿Con cuál de los personajes ha quedado más satisfecha?
Me gustan todos, pero le tengo un particular cariño a Alexia

¿A qué es debido su cambio de editorial?
Yo no firmo contratos por tres obras, cada vez que escribo un libro lo ofrezco a varios editores. En Francia no lo hago así, solo lo ofrezco a una persona, a Heloise D´Ormesson. En este caso, Suma se interesó por él y Planeta me daba largas, así que me fui a Suma porque, entre otras cosas, me llevo muy bien con Pablo Álvarez y Gonzalo, y me hacía ilusión trabajar con ellos

¿Vivimos en una sociedad con demasiado vértigo?
Sí, vivimos en la sociedad líquida que ya describió Zygmunt Bauman. Las relaciones amorosas no duran, el trabajo es precario, la información cambia por segundos, los cuerpos se transforman, hay que cambiar de móvil cada año, de trabajo cada dos, de coche cada cinco y de ropa cada temporada. . Estamos viviendo un momento pautado por la vertiginosidad de las transformaciones tecnológicas, y evidentemente eso nos da vértigo, porque nada es seguro, nada es permanente, nadie nos garantiza que nuestro trabajo vaya a durar, que nuestra pareja no nos abandone mañana, que los derechos conquistados que creíamos seguros no se desmoronen.


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