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19 de octubre de 2019, 14:40:27
CRÍTICAS


“Barcelona Ciudad” de Loquillo

Por Javier Velasco Oliaga

"Barcelona Ciudad" es el segundo libro de José María Sanz, Loquillo. Un músico, un cantante barcelonés trasgresor, que pese amar a la ciudad a la que va dedicado el libro, no ha dudado irse a otra ciudad parecida, también con mar, porque el ambiente que respiraba en su Barcelona natal se ha convertido según él en irrespirable.


Y de eso va el libro. De una ciudad, pero también de un artista que no sólo se circunscribe a la música sino que va tan allá, que siempre ha necesitado escribir para dar rienda suelta a todo lo que pasa por su cabeza, pero también por su tripas. El libro tiene mucho de eso. Desentraña las tripas de lo que ha pasado en Barcelona en una época donde el rock and roll lo era todo y, por supuesto, su rockabilly tan querido.

Qué se puede decir de una persona que por su amor por el rockabilly llega a hacerse un lazo de cowboy con una chapa de Pepsi Cola y unos cordones de zapatos, entonces no tenía en mente convertirse en un cantante de rock, pero el rock era su vida; el rock y el baloncesto, por supuesto. Si no hubiese tenido ese amor desmedido por la música podría haber sido un baloncestista famoso, pero dejó la fama de la cancha de baloncesto por la de los escenarios y los focos, una vida menos sana, eso sí.

El libro abarca desde poco antes de la muerte del dictador hasta el golpe de estado del 23-F de 1981. Muerto el dictador, se fueron los tiempos grises y llegó una época de libertad, puede que controlada, pero en España sí se respiraban unas ganas tremendas de recuperar el tiempo perdido. Para ello, hubo que mirar hacia el exterior, ver las corrientes artísticas, culturales e ideológicas que había en el exterior e incorporarlas con prisas para recuperar ese tiempo hurtado a la libertad individual y colectiva. Y la música era una de esas corrientes en las que nos habíamos quedado desfasados.

De repente se empezaron a programar conciertos, algunos con una vigilancia desmesurada, de músicos que no podían tocar en España, con discos censurados de manera inmisericorde, donde desaparecían canciones o no se imprimían las letras en los antiguos y queridos long plays… De eso trata el libro, a Barcelona comenzaron a llegar antes que a ninguna ciudad de España los primeros músicos extranjeros que no habían podido tocar en el país por una censura atroz, inoperante y absolutamente inculta. Y en todas esas movidas, allí estaba Loquillo, sólo o en compañía de sus amigos y conocidos.

Colaborador habitual de revistas como Popular 1, Star o Disco Express fue durante ese tiempo un referente que contaba todas las novedades que acaecían en Barcelona, en Popular 1, junto a los hermanos Auserón (Corazones Automáticos, creo recordar que firmaban) nos mostraron las últimas tendencias musicales de Europa y América, además los inefables Martin j. Louis y Bertha M. Yebra, factotums de una revista tan musical como visual y a los que dedica un capítulo del libro. De dicha revista tuvo que salir por diferencias con ellos.

En Disco Express participó en la segunda época del quincenal, tras la salida de la revista de Pamplona, donde se fundó y permaneció durante su época más gloriosa. Se ubicó posteriormente en Barcelona, pero ya no sería lo mismo, las dos tendencias que hubo en la revista, por un lado la musical que no supo evolucionar como hubiésemos deseado y la filosófica, donde especímenes como Federico Jiménez Losantos y Ramón de España terminaron de dar la puntilla a la mejor revista musical de todos los tiempos.

Y toda esa forma de vivir la narra en el libro de una manera inteligente, original y divertida. Con una rigurosidad aplastante. Con multitud de anécdotas divertidas va desentrañando su evolución personal, pero también de un ciudad amada y odiada al mismo tiempo. Por sus páginas pasan recuerdos de adolescencia, de jugador de baloncesto, de noches interminables de rockabilly y cerveza, y de chicas, muchas chicas, pero también de la timidez con la que se acercaba a ellas.

Pasan por las páginas del libro personajes emblemáticos como Gay Mercader, el mejor representante musical que trajo a España a los mejores músicos del mundo; dinosaurios como Miguel Ríos o Ramoncín, festivales de música, conciertos y personajes anónimos que con él se han cruzado alguna vez, además de nuevos grupos que surgían por aquella época. Y a casi todos los trata con cariño.

En fin, el libro es un grandioso mosaico de una época irrepetible, que tendrán que leer los que lo vivieron en primera persona para recordar una etapa eléctrica de sus vidas, y los que no lo vivieron podrán conocer de la mano de Loquillo un trozo de la historia de la música que fue muy loca.

Concluye el libro con la relación de los que para él son los cien mejores discos de la época, sobran algunos, faltan pocos. Hay que reconocer que el gusto de Loquillo es el de un auténtico musicólogo de la época. Todo un acierto.

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