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18 de septiembre de 2019, 3:20:44
ENTREVISTAS


Entrevista a Carla Guelfenbein, autora de “Contigo en la distancia”

“En cada novela me planteo un desafío”

Por Javier Velasco Oliaga


La escritora chilena Carla Guelfenbein ha conseguido el Premio Alfaguara de novela con su obra “Contigo en la distancia”, título que toma prestado de un célebre bolero. Es “una novela de suspense literario construida con gran eficacia narrativa, en torno a un memorable personaje femenino y al poder de la genialidad”, como señala el jurado del prestigioso premio literario.



La novela es un homenaje a su padre –que estaba muy preocupado por hacer una revolución generacional en Chile en tiempos de Salvador Allende- y a la escritora Carmen Martín Gaite. “La novela la presenté con el título de “Hasta llegar a ese momento y bajo el seudónimo de Sofía Veloso, la abuela de la escritora madrileña”, reconoce Carla Guelfenbein en la entrevista que mantuvimos en un conocido hotel de la Gran Vía madrileña. El seudónimo, está claro que le trajo mucha suerte.

“Ganar el premio me ha supuesto un honor gigantesco. El jurado era muy prestigioso, el presidente del jurado fue Javier Cercas, y es uno de los pocos limpios que se conceden”, señala la autora de "Contigo en la distancia". Cuando empieza a escribir un libro, no tiene nada decidido de lo que va a ocurrir, incluso no sabía si el protagonista debía de ser hombre o mujer y cuando lo terminó no tenía ni título. “No me salía el título, así que lo dejé y emprendí un viaje a Cuba. Allí, por casualidad, escuché el famoso bolero y me di cuenta de que encajaba con lo que había escrito y que encajaba con el sentimiento de mis padres. Evoca muchas cosas”, expone con seguridad.

La decisión de presentarse al Premio Alfaguara la tomó ella, pasando de la editorial y de su agente literario. “No se lo dije a nadie. Como tampoco doy a leer la novela a nadie hasta que no la tengo terminada. Eso sí, cuando la acabo tengo mis lectores de confianza a los que presto mucha atención a sus recomendaciones para modificar lo que creo que es mejorable”, nos descubre en la charla que mantuvimos.

A los dos o tres meses de presentarla al premio recibió la comunicación de que había quedado entre las siete finalistas, “para mí, eso ya fue un triunfo y preparé una botella de champán para celebrar el premio o el no premio con mis dos hijos”, revela. Ambos han acompañado a su madre en su pequeña gira por España. “Como no sabía cuándo se iba a hacer público el fallo del jurado, encomendé a mi hija que se hiciera cargo del móvil por si recibía la llamada porque yo duermo con tapones y no me entero si llaman. Así que fue ella la primera que se enteró del galardón”, cuenta con gracia y con orgullo.

“En cada novela me planteo un desafío”, afirma rotunda y continua diciendo “mi objetivo es crecer como escritora”. Sus novelas tienen ese ansia de desafío, como demuestra en todas ellas, aunque en “Nadar desnudas”, su anterior novela, se puede percibir con más claridad ya que toca temas de especial sensibilidad para todas aquellas personas que sufrieron la persecución del régimen del dictador Pinochet. Más si provienen, como ella misma, de la diáspora judía, que huyeron del nazismo para caer en manos del dictador fascista.

Para Carla Guelfenbein la labor del escritor es “muy solitaria. Se pasan muchas horas en soledad y tienes que renunciar a un montón de cosas. La escritura de una novela es un proyecto de largo aliento que no se alcanza hasta que no se llega hasta el final”. Pero para ella, el esfuerzo ha valido la pena tras la consecución del premio.

La novela tiene formato de thriller; comienza cuando Vera Sigall se cae por las escaleras de su casa y queda en coma. Daniel sospecha que no se ha caído porque sí, que hay detrás alguna oscura razón. A raíz de ese suceso se van urdiendo varias historias donde tres narradores van dando sus puntos de vista sobre lo ocurrido. “En cada pasaje hay un cierto suspense, hay un misterio en cada personaje que están unidos por algo que no sabemos”, desvela la escritora.

En todas sus novelas hay varios narradores, tres o cuatro. Es una de las constantes de sus obras. “La realidad es calidoscópica; cada persona ve el mundo a su manera. La realidad existe en la mente de cada uno de nosotros de forma diferente”, explica. De ahí que le guste, en sus obras, poner varios narradores para que sea el lector el que conforme la otra realidad. Es su manera filosófica de ver la vida.

Llegados a este punto le comento sus claras influencias de Clarice Lispector. “No he intentado emularla pero desde siempre vi algo muy particular en su obra. Las dos procedemos de familias judías y en las dos hay una cierta similitud de construir las frases que viene del yiddish. Es algo mágico”, reconoce Carla Guelfenbein. Se podría decir que las obras de ambas escritoras discurren por caminos paralelos.

“Mi libro tiene muchos niveles de lectura y el lector va a encontrar el mismo juego que en mis otras novelas”, advierte. También reconoce sus problemas para crear la voz de Emilia, “ya que está muy cerca de mí”. Para la escritora, en el final de su novela todo confluye, “el principio y el final son muy parecidos, paralelos y sentí que cerraba un ciclo, lo cual me emocionó”, concluye la escritora de Santiago de Chile que se define como una escritora súper estructurada que cuando se sienta a escribir plasma sus ideas sin previamente haberlas diseñado antes y que llega a lugares desconocidos. Tanto para el lector como para ella misma.


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