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18 de septiembre de 2019, 11:51:56
ENTREVISTAS


Entrevista a Carolyn Richmond, viuda de Francisco Ayala y custodia de su obra

“Francisco Ayala solía decir que no era un escritor exiliado”

Por Javier Velasco Oliaga

Se suele decir que detrás de un gran hombre suele haber una gran mujer y si además es un gran escritor, con mayor motivo. Carolyn Richmond, viuda de Francisco Ayala, es una gran mujer y una gran escritora como se puede comprobar en el prólogo del primer volumen de las Obras Completas del escritor granadino, dedicado a su narrativa y, también, en sus estudios de crítica literaria que ha escrito sobre su propio marido, Ramón Gómez de la Serna o Leopoldo Alas.


Su labor se ve reflejada, como directora, en la esplendida edición de las “Obras Completas de Francisco Ayala” que ha publicado Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. Han sido ocho años de duro trabajo que ahora se culminan con la publicación del volumen VII, titulado “Confrontaciones y otros escritos, 1923-2006”, donde se encuentran reproducidos tanto el primer escrito publicado por el escritor como el último, y donde se pueden encontrar los textos más personales y característicos de Ayala. En algún momento, los responsables del patronato de la Fundación Francisco Ayala, dudaron de si llegaría a buen puerto la odisea emprendida en 2007, aunque dos años antes comenzaron los trabajos.

“El plan general de la obra se hizo en vida de Francisco Ayala a raíz de la celebración de su centenario”, nos cuenta Carolyn Richmond, que nos ha recibido en su casa madrileña en una no muy calurosa tarde del mes de agosto. El equipo que se encargó del proyecto no podía ser más prestigioso. “Tuve unos colaboradores maravillosos, empezando por los editores, Joan Tarrida –editor de los que ya no quedan- y Antoni Munné –fue quien armó los libros, inteligente, dialogante y respetuoso-; los miembros de la Fundación, Rafael Juárez y Manuel Gómez Ros; y los colaboradores que escribieron los prólogos de cada uno de los volúmenes, Luis García Montero, Ricardo Senabre, Salvador Giner, Pedro Cerezo, Santos Juliá y José-Carlos Mainer”, refiere su viuda.

El resultado son los siete volúmenes que, con un total de 9640 páginas, nos muestran la obra íntegra de Francisco Ayala. Luis García Montero ha hecho una gran labor. granadino de pro como Ayala, magnífico poeta y gran novelista en ciernes, fue el comisario de la exposición que se llevó a cabo con motivo de su centenario y que llevó a la creación de su museo en el Palacete Alcázar Genil de Granada en 2006, donde colaboran la Junta de Andalucía, la Diputación de Granada, el Ayuntamiento de Granada, la Universidad Internacional de Andalucía y la Universidad de Sevilla. “La fundación está haciendo una gran labor digitalizando todos sus textos”, apunta concisa Carolyn Richmond.

“La edición de los siete tomos fue una obra en progreso. De hecho se cambiaron los títulos de los dos últimos tomos, según estaban planificados, por otros más adecuados”, cuenta la escritora en la charla que mantuvimos. Lo cual ha sido un acierto sobre todo con el último, que tenían planificado titularlo Miscelánea y en su lugar decidieron de manera acertada denominarlo “Confrontaciones y otros escritos”, sacando el título del libro que Francisco Ayala publicó en 1973 en Seix Barral.

Francisco Ayala siempre fue un escritor en busca de su público, de sus lectores. “Solía decir que él no era un escritor exiliado”, afirma sin titubeos su viuda. Algunos críticos y su larga ausencia de España, después de la guerra civil, nos hicieron creer que su papel era ese. Nada más lejos de la realidad, sin embargo, hubo muchos años en los que sus obras no se pudieron leer en nuestro país. Se leían en Argentina o en México, pero su verdadero público le fue hurtado por la dictadura franquista.

En el año 1960 regresó de vacaciones por primera vez. Un año después se compró una casa en Madrid, pero no fue hasta 1976 cuando decidiese regresar a su patria de manera definitiva. “No quiso regresar a España hasta no tener la certidumbre de que no le iban a matar”, expresa su viuda. Pero en esos años iban entrando a cuenta gotas unos vientos de libertad. “Ya en los años setenta se pudieron publicar las obras sociológicas de mi marido, sin embargo, la censura no permitió la publicación de sus obras narrativas”, explica Carolyn Richmond con su suave acento norteamericano.

Durante sus años alejado de España vivió en varios países americanos. El final de la guerra le sorprendió en Argentina y allí vivió más de una década. Fue amigo de Jorge Luis Borges, escribió durante esos años en el periódico La Nación y fundó la revista Realidad. La llegada al poder de Perón le hizo replantearse su estancia allí y, de manera casual, consiguió una invitación para ir a dar clases a Puerto Rico. “Decidió ir a probar suerte”, y le gustó tanto la experiencia en la Universidad Río Piedras que se quedó a vivir allí. “Pero siempre viajando a otros países donde daba clases o conferencias”, hasta que en otra casualidad de la vida, le llamaron de la Universidad de Nueva York para dar un curso de literatura. “Allí decidió cambiar el derecho y la sociología por la literatura”, recuerda su mujer. Y fue precisamente allí donde se conocieron y ya permanecieron juntos hasta la muerte del escritor y quizá más allá, comenzando un periplo por varias universidades estadounidenses hasta su jubilación.

Francisco Ayala fue un lector precoz, leía a su padre las noticias que sobre la Primera Guerra Mundial traían los periódicos de la época. Con menos de 20 años publicó sus dos primeras novelas, “Tragicomedia de un hombre sin espíritu” e “Historia del amanecer”. “Dos novelas de aprendizaje, pero en las que está la raíz de su obra”, concreta la crítica literaria. A ellas le siguieron otros dos libros a los que podemos calificar de vanguardistas, “El boxeador y un ángel” y “Cazador en el alba”, “dos piezas fenomenales que ahora se están apreciando, dos narraciones repletas de prosa poética”, especifica.

La Guerra Civil fue una tragedia para los españoles, pero también para la labor de creación de Francisco Ayala. “Estuvo más de una década sin publicar y cuando lo hizo fueron dos libros de narraciones históricas”, menciona. “Los usurpadores” es una gran obra donde mantiene la tesis de que todos nuestros reyes han sido usurpadores del poder. “Es un libro que tenía que ser de lectura obligada en nuestros colegios para los jóvenes”, expone. Durante la conversación se levanta en numerosas ocasiones para buscar los libros de los que hablamos y encontrar la cita precisa a la que se refiere en la charla.

La fundación que preside está haciendo una interesante labor en este sentido. “Hemos cogido un texto de Recuerdos y olvidos y hacemos que los jóvenes lo lean y escriban después sus recuerdos. Los héroes para los jóvenes son sus abuelos. Para Paco, también lo fue. Siempre recuerda a su abuelo materno aún sin haberlo conocido”, menciona ilusionada por la labor que realizan en los institutos de Granada.

Las novelas del Caribe, "Muertes de perro" y "El fondo del vaso" son, en opinión de Carolyn Richmond, sus narraciones más duras, pero sería con “El jardín de las delicias” donde llegaría a su cénit estilístico. Sin embargo, para la mujer de Francisco Ayala son los textos autobiográficos lo mejor de su obra. “En ellos derrocha mucha ironía, pero también mucho tacto y discreción. Dulcificó muchos de sus recuerdos, en parte porque había personas que todavía estaban vivas. Daba a entender algo pero sin decirlo”, recuerda. Aunque cree que sus artículos periodísticos también están a una gran altura. “Yo he leído todas su obras, incluso los textos sociológicos y sociales que son los que menos me gustan. Lo bueno que tienen éstos es que están escritos muy claros, sin utilizar la jerga típica de los especialistas”, analiza.

En el último tomo de las Obras Completas se encuentran los textos más personales, como hemos dicho anteriormente. En dicho volumen podemos ver la coherencia de pensamiento del autor de Granada, viéndose a sí mismo en repetidas ocasiones pero en contextos diferentes. “Lo mejor es el modo de tratar los textos, con un enfoque intelectual que apela a la inteligencia del lector que busca la confrontación de pareceres”, explica. Se incluyen escritos de otras personas, entrevistas pero, nunca correspondencia y donde podemos encontrar opiniones sobre la Literatura, con mayúsculas, y de su propia literatura. “Ayala tenía mucho que ver con Cervantes, muchos de sus textos están influidos por el escritor alcalaíno”, refiere.

Para Carolyn Richmond, “Francisco Ayala era una persona de una ética ejemplar, coherente y un clásico como escritor. Pero, también era un solitario. No era una persona de grupo. Le gustaba el diálogo pero no las tertulias por lo mucho que se grita en ellas. Me decía: lo que me gusta es sentarme en el sofá y hablar contigo. Al final de su vida, me pidió que en las reuniones que teníamos con amigos no fuésemos más de seis personas”, recuerda con nostalgia la escritora.

Francisco Ayala fue muy bien tratado por las autoridades políticas en su regreso a España. Recibió el premio Cervantes, el premio Príncipe de Asturias y fue académico de la Real Academia Española. “Los premios no le importaban, pero los agradecía. Se portaron estupendamente con él a raíz del centenario”, dice su mujer y reconoce haber mandado cartas de agradecimiento a diversas autoridades políticas por lo bien que fue tratado su marido y los apoyos que ha tenido su “modesta” fundación.

Con este último volumen se cierra toda su obra, algo que Francisco Ayala planificó de antemano y que quiso legar a la posteridad. Si Ramón María del Valle Inclán reflejó el mundo en los espejos deformantes, Ayala reflejó su mundo en los espejos rotos de la tragedia que vivió España por la Guerra Civil. Por eso, la reconstrucción de su mundo son pedazos rotos que se superponen, pero que dan una visión de lo que fue un país y de lo que fuese su vida peregrina.

Carolyn Richmond tiene el objetivo de salvaguardar su legado. Sus Obras Completas son el fiel reflejo de una obra donde nos podemos encontrar textos de todo tipo y para todos los gustos. Novelas, autobiografías, textos sociológicos, políticos, de crítica literaria y muchas colaboraciones de prensa. “Le he sobrevivido y quiero tratar, con dignidad, de mantener su memoria. Soy consciente de mi papel y quiero ser digna de mi marido”, finaliza. Yo me mantengo viva por el proceso de escribir”.


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