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23 de septiembre de 2019, 15:28:36
ENTREVISTAS


Entrevista a José Ovejero, autor de “Los ángeles feroces”

“No puedes dar al lector lo que quiere sino lo que necesita la novela”

Por Javier Velasco Oliaga

José Ovejero se adentra con su última novela, “Los ángeles feroces”, por los caminos más intrincados de la literatura. Su nueva obra es una larga reflexión sobre un mundo que se deteriora progresivamente, el nuestro, y donde hay pocas posibilidades de regeneración, de la mano de unos protagonistas eclécticos nos van enseñando la vida que nos podemos encontrar a la vuelta de la esquina. El futuro está aquí y parece que no estamos lo suficientemente preparados para abordarlo.


Después de ganar el Premio Alfaguara de Novela ha decidido abandonar la todopoderosa editorial Alfaguara para publicar en Galaxia Gutenberg, una editorial cada día más pujante que ha decidido apoyar la literatura con mayúsculas. Parece que su elección es la adecuada y que ha llegado hasta ella para quedarse y apostar por una forma más personal de entender y hacer literatura.

El título de la novela “Los ángeles feroces” es muy del gusto del autor madrileño. “Refleja muy bien la mezcla de inocencia y brutalidad que hay en las personas, además, es un título muy sonoro, como a mí me gusta”, explica nada más comenzar la entrevista en la sede de la empresa encargada de la comunicación de su nueva editorial.

Cuando José Ovejero se sienta a escribir, no tiene una idea muy clara de lo que va a hacer. “En esta ocasión, la primera idea que me vino fue la imagen de una chica en un rascacielos asomada a una ventana y viendo a una persona en otro rascacielos en llamas. Esa persona parecía estar rodeada de un aura y me pregunté por qué estaba ardiendo el rascacielos y que hacía una joven allí”, desgrana con parsimonia y seguridad. En esa ocasión se encontraba en Estados Unidos y ocurrió hace cinco años en uno de los muchos viajes de este trotamundos. La siguiente imagen fue la de la sangre de la protagonista. Una sangre que tiene el don de la inmortalidad y por la que muchos estarían dispuestos a matar. Está claro que le gusta jugar con imágenes fuertes.

A partir de esa imagen fue armando una trama muy actual. Sabía que tenía entre sus manos algo valioso y que no quería contar una historia lineal alrededor de dos protagonistas. “Quería hacer una novela amplia, con un montón de protagonistas, con diversas tramas y con saltos temporales”, expone. José Ovejero va escribiendo montones de escenas sin orden para, posteriormente, esforzarse en encontrar la forma de enlazarlas y, por supuesto que lo consigue pero su forma de creación literaria es original y eficaz.

“Una novela se parece a cuando llegas a una ciudad. Al principio no la conoces pero, poco a poco, lo vas haciendo y vas entendiéndola”, comenta sobre cómo él ve las narraciones. En las primeras páginas el lector puede sentirse desorientado pero cuando se llevan 40 páginas se ha de entender, si no es mejor dejarlo. A Ovejero le gusta jugar con el lector, no sólo con sus escenas, sino también con el narrador. En “Los ángeles feroces” utiliza dos narradores, uno omnisciente y otro que podríamos denominarlo como despistado, que llega a dialogar directamente con el lector, dando una sensación de cercanía.

Todos estos juegos le valen para “disfrutar con la escritura”. Reconoce que “he trabajado mucho el lenguaje. No he querido imponerme límites y he pretendido buscar una interacción con el lector. Como en el teatro cuando el protagonista se gira a hablar con el público, yo he querido hacer lo mismo con el lector. Me he sentido inmensamente libre haciéndolo”.

Le ha quedado una novela menos ordenada que otras suyas. Con un estilo diferente. Ambas cosas son una virtud. Busca no sólo la originalidad sino la experimentación. “No puedes dar al lector lo que quiere sino lo que necesita la novela”, sentencia con rotundidad y convencimiento. La novela es lo importante y ha de saber encontrar el tipo de lector que necesita. Es el autor el que busca su público y ahora el público tiene unas inquietudes sociales. “Podríamos definirla como una novela social del siglo XXI”, aclara.

En los tiempos que vivimos, “la violencia es local pero las estructuras son globales. No hay que centrarse en lo local. Era mi obligación que la novela se expandiera al máximo”, advierte. De ahí que no haya querido circunscribirla a una ciudad determinada, puede ser cualquier ciudad en la que vivimos; cada vez se parecen más las unas a las otras. La marginación va ocupando los sitios del extrarradio donde la pobreza va creciendo en progresión geométrica, donde los jóvenes han encontrado un nuevo hábitat. Sin embargo, el mundo que describe no le gusta calificarlo de distopia, “no es un mundo paralelo, es un mundo real en el que utilizo la distopia para dar más fuerza”, concreta. “Mis personajes, como las personas de hoy en día, pasan de la política e, incluso, de sus propias vidas. Llegan -llegamos- tarde a todo”, afirma taxativamente.

José Ovejero se muestra muy disconforme con la situación actual que estamos viviendo, con los políticos, con los poderosos, los banqueros, etc. “La mayoría de los políticos no son mafiosos, son simplemente los porteros de la finca, los guardianes o administradores de la finca que se enriquecen cuanto pueden a costa de sus administrados”, sostiene. Además, cree que hay cada día una violencia institucional mayor, lo que acarrea un mayor control por parte del poder, como estamos viendo con la aprobación de nuevas leyes, como la denominada “ley mordaza”.

También se muestra duro con la prensa: “está comportándose como una dictadura”. Los medios tradicionales están apegados de tal forma al poder que han perdido su ánimo de crítica. “Sólo algunos medios digitales muestran una cierta dignidad y libertad”, señala. Sin embargo, se muestra optimista con el futuro, “el miedo ha llevado a muchos a plantear una respuesta unificada al poder”, refiere. Algo que estamos viendo en numerosos colectivos.

Los ángeles feroces” es una novela rompedora que nos hace enfrentarnos a un mundo desasosegante. Pero la novela no termina en el papel. Ha querido que continuase en su página web donde ha añadido nuevos textos que podría haber incluido en el libro pero que los ha dejado para que el lector lo lea después de terminarlo. Es, pues, una novela que va a seguir creciendo, como lo va a seguir haciendo el autor.

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