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20 de julio de 2019, 17:52:14
ENTREVISTAS


Entrevista a Lucrecia Zappi, autora de “Jaguar negro”

"El escritor tiende a fantasear con un sitio silencioso sin distracciones para escribir, pero eso no es para mí"

Por Javier Velasco Oliaga

De ascendencia argentina y brasileña, Lucrecia Zappi es una auténtica trotamundos que ha vivido en diversos países en las dos orillas del océano Atlántico. Aún desenvolviéndose bien en inglés, español y portugués, cuando empezó a escribir su segunda novela, “Jaguar negro”, se dio cuenta de que para transmitir lo que quería contar lo tendría que hacer en portugués, es un vuelta a sus raíces.


Como nos cuenta en esta entrevista, que le hicimos a raíz de su viaje a España para presentar la novela, su narración nace en un viaje que realizó a Salvador de Bahia. El encuentro con la naturaleza más salvaje del continente americano le dio pié a escribir la historia de Beatriz, estudiante de Botánica. Con un lenguaje versátil y novedoso nos adentra en una historia donde la emigración juega un papel determinante.

¿Qué le llevó a escribir “Jaguar negro”?
Jaguar Negro nació de un viaje que hice a Bahia, específicamente a Chapada Diamantina, en donde ocurre la historia. Al regresar sentí que aquel sitio era pura ficción. Hubo días de caminatas por los cañones en que sentía la fuerza de toda esa gente que vivió el éxodo de los años 70, gente que cultivaba el café y que abandonó todas sus ilusiones, sus fuerzas.

¿Por qué escogió este título para la novela?
Jaguar Negro es “onça preta” en portugués; la onça es un animal típico de la fauna de este lugar; un tipo de felino más chico que un jaguar; muchos juran haber notado su presencia pero pocos lo han visto realmente. Es una metáfora para el padre que está y no está, que se entrecruza con la superstición local de garimperos (buscadores) de diamantes ya muertos que regresan en los sueños para indicar en dónde están enterradas las piedras más valiosas. Además, me gusta la idea del animal como peligro inminente, lo negro de la noche desconocida, las trampas de un lugar salvaje y abandonado que sugiere la posibilidad del regreso.

¿Cómo describiría al personaje de Beatriz?
Beatriz es una chica económicamente privilegiada, estudia botánica en la Universidad de São Paulo, pero está en cierta forma apartada del ritmo frenético de esta ciudad. Vive en una casa grande en un barrio tranquilo (Santo Amaro, una región que atrajo a muchos inmigrantes alemanes que se instalaron ahí ya desde un poco antes de 1830), lo que contribuye de cierta forma para su universo protegido, y tal vez para su personalidad reservada y un poco tímida. Es muy observadora, y busca en cada gesto un significado, o una pista para comprender su universo. Eso se nota en su relato en primera persona, cómo mira a las cosas con tanta intensidad. Aproxima a veces tanto el enfoque que lo que mira se torna casi abstracto. Es como reducir el mundo físico a la segunda dimensión, como un dibujo técnico que ella haría de una planta. Quería expresar con eso su falta de vivencia e ingenuidad. Las cosas transmiten para Beatriz, como fantasmas, el peso de su propia historia, aunque sean fragmentos o sus propias impresiones que ella misma tendrá que interpretar. Son estampados o manchas que la conducen en una jornada sentimental, que la fuerzan a desnudarse, sin encontrar necesariamente soluciones para sus preguntas.

¿Cómo ha influido sobre su personalidad y forma de ser el desconocer quién es su padre?
Por medio de su fascinación por las plantas y los objetos con que reconstruye de una forma más y más obsesiva el universo del padre, diría que Beatriz transpira una sensualidad nostálgica. Trae en ella la nostalgia de lo desconocido.

Creo que esta relación imaginativa con los objetos y plantas nacen un poco de eso, aparte de reflejar su universo de hija única, sin confidentes que espejen sus miedos y fantasías.

¿Y el fallecimiento de su madre siendo ella bastante joven?
Creo que el fallecimiento de su madre cuando era tan joven le instiga la búsqueda del otro progenitor. La memoria de la madre está impresa en todo lo que la rodea, y la extraña, y la sigue buscando en su relación con su familia reducida a tres mujeres, luego a dos cuando se muere la abuela en su adolescencia.

Vale notar que la tercera de estas mujeres es Geralda, la empleada de la casa con quien desarrolla una relación muy íntima, ya desde la cuna, aunque permee con pocas palabras.

Es una relación marcada por quién sirve a quién, lo que históricamente ha pasado muy a menudo en Brasil, en donde la esclavitud marcó la formación de su sociedad. Hasta hoy la “senzala” se refleja en el cuarto de la empleada, se da por hecho que en una casa burguesa habrá servicio disponible día y noche. Es gente que ha dedicado más tiempo a la familia para quien trabaja, muchas veces llegando para trabajar aún muy jovencitas, sin tener la oportunidad de ir a la escuela. Eso era muy común hasta los años 80, hasta en los 90. Felizmente esto está acabando.

¿Cuál de sus familiares diría que es el que mayor huella ha dejado sobre ella?
Diría que es la tía. Es una relación frustrante para Beatriz, un poco fría, aunque mantengan largas charlas. Es como la profusión del musgo sobre las cosas, que encubre lo que no hay que decir a una joven y fragilizada por su orfandad, aunque Beatriz no sea nada frágil.

En la familia que encuentra en Bahia es la dueña de la casa, Rosa, una campesina ruda, ya en sus setenta. Parece imperturbable, pero es con Rosa con quien Beatriz experimenta una tensión creciente al intentar incorporarse a su familia que cree ser la suya. Es una relación de desconfianza, en que una oculta un secreto de la otra.

Y está también Domingos, el nieto de Rosa y supuesto hermano de Beatriz. La protagonista idealiza una amistad, pero una tensión sexual confunde sus intenciones.

Y, ¿cómo ha influido sobre ella el origen español de sus antepasados?
A mí siempre me gustó el catalán. Es un idioma cercano al portugués y al mismo tiempo al español. Mi padre es argentino y mi madre es brasileña. Quería llamar la atención sobre el inmigrante de São Paulo.

Beatriz tiene un oído atento, sabe diferenciar lo que se parece al portugués pero no lo es. Es como escuchar a los pájaros, o a la naturaleza, distinguir los sonidos próximos. Además Beatriz no lo sabe, pero trae características muy españolas. Es atrevida, tiene mucha personalidad, es directa, y sin embargo tiene miedo a lo desconocido. Creo que ella no transluce de inmediato nada de eso, pero este conjunto la impulsa en su historia, y se revela poco a poco. Deja de preocuparse por la opinión ajena, por las miradas curiosas, y sigue su propia voluntad. Es simple y directa. Su habla es transparente, trae un tono imperativo sin ser arrogante, lo que me suena muy español.

¿Qué era lo que Beatriz buscaba cuando inició el viaje para intentar encontrar a su padre?
A su padre, aunque en un principio no esté muy segura de lo que va a encontrar y más tarde si de veras lo quiere buscar. Es también un escape del mundo tan protegido en que vive. Beatriz tiene ganas de aventura y de crecer. De eso tiene extrema claridad.

¿Podría vivir usted en las condiciones de falta de comunicación con el mundo que sufren las localizaciones tan remotas como las de la novela?
Creo que un escritor tiende a fantasear con un sitio silencioso sin distracciones para escribir. Me parece una idea muy romántica, pero no funcionaría para mí. Soy de la ciudad, diría que mis sentidos no podrían vivir sin el olor que la lluvia fuerte deja sobre el asfalto calentado en un día de verano, el sonido de los cables de un ascensor, o los colores vibrantes del semáforo que me fascinan desde que era chica.

¿Hay grandes contrastes en Brasil entre las ciudades como Sao Paulo y los pequeños pueblos como el que visita Beatriz?
Sí, claro que sí. São Paulo es una de las ciudades más pobladas del globo. Chapada Diamantina tiene ciudades periféricas, pero son chicas, y Beatriz se marcha a un valle entre cañones. En Brasil no hay dialectos, pero la lengua tiene sus regionalismos, el acento es distinto. Hay muchas diferencias, y si tengo que resaltar algo que me llama la atención es cómo la gente depende más de los otros, aunque en regiones nordestinas más remotas como ésta suelan ser más cerradas.

¿En estos pueblos remotos de Brasil siguen dándose situaciones de caciquismo de manera habitual, como sucede en Jaguar negro?
El caciquismo o coronelismo siempre estuvo presente en la historia brasileña, desde los inicios de su colonización, y se consolidó en la República Vieja (1889-1930), con los latifundistas, los dueños de haciendas. Los coroneles garantizaban la perpetuación del mismo grupo político, y aún los hay, con todo su autoritarismo y opresión. Especialmente en el Nordeste (en donde pasa la novela) hay jefes políticos directamente ligados al medio rural.

¿Cómo ha sido participar en la traducción de su propio libro?
El portugués y el español son tan parecidos que es difícil a veces saber exactamente la intención de cada palabra, aunque sean, puestas en el papel, exactamente iguales. Encontrar el ritmo y la palabra más próxima a la original es fascinante, además, ¿traducía a qué español? La gente no habla igual en Argentina, México y España. Fue un desafío también porque este ejercicio no era solo de traducción, tenía un peso sentimental, una nueva aproximación con mi pasado.

¿Está trabajando en alguna nueva novela?
Sí, quiero terminar el manuscrito a final del año, se va a llamar Acre, que no solo es una unidad de medida, también una provincia brasileña. Un poco como el Jaguar Negro, tendrá elementos de la novela negra y del western, ¡pero esta vez mis personajes disfrutarán de la energía eléctrica! La frontera, la violencia y la claustrofobia me obsesionan. Soy urbana.


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