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16 de diciembre de 2019, 15:07:13
CRÍTICAS


“El líder que no tenía cargo”, de Robin Sharma

Por Javier Velasco Oliaga

Robin Sharma es un escritor canadiense especializado en temas de liderazgo. Su último libro, "El líder que no tenía cargo", es una fábula sobre el liderazgo cotidiano. Profundiza en esta cuestión y propugna una nueva y novedosa propuesta sobre este tema. Para él el cargo no es importante, lo que realmente es fundamental es la persona y es ella la que tiene que mejorar sin esperar recompensa.


Robin Sharma está empeñado en mejorar el mundo en el que vivimos y para eso cree que hay que cambiar a las personas, que sean cada día mejores y más preparadas. Y opina que para ello la vida es un constante aprendizaje, por eso escribe los libros que escribe y da todas las conferencias y cursos que puede con el afán de mejorar a las personas.

El libro está escrito en primera persona y quien se supone que lo escribe es Blake Davis, empleado de una librería que pasa por la vida como alma en pena después de haber servido a su patria en la guerra de Irak. Como muchos de los jóvenes que han participado en guerras, se encuentra desorientado, hastiado y dolido con su país. En el trabajo se encuentra con otro dependiente, ya anciano, Tommy Flinn, personaje estrafalario y original que podría estar jubilado, pero que prefiere continuar trabajando para ayudar a las personas con su nuevo mensaje.

Este mensaje es que no se necesita tener un cargo para realizarse como persona, sino que esta realización se puede conseguir con un trabajo normal y corriente, pero eso sí, trabajando en él con verdadera vocación de querer realizar bien las cosas y ayudar al prójimo. No hay nada mejor para entender su mensaje que la práctica y para ello le prepara un pequeño tour para que conozca a cuatro personajes de su misma filosofía, cuatro maestros de la vida cotidiana que se han realizado personal y espiritualmente.

La primera persona es una limpiadora de hotel que realiza su trabajo con devoción y esmero, la segunda persona es un jardinero que había sido dueño de una gran empresa pero que ha encontrado la felicidad cuidando plantas y teniendo un jardín primoroso. La tercera persona es un antiguo esquiador, campeón en numerosas competiciones, que vive retirado regentando una pequeña tienda de esquíes y bicicletas usadas donde trabaja dando consejos. El cuarto y último es un masajista de reconocido prestigio. Los cuatro le dan unos principios que, si los lleva a la práctica, le convertirán en una buena persona o, como diría Blake, en un “ser humano”.

Robin Sharma ha escrito un libro muy en su estilo, que guarda ciertas semejanzas con el resto de su obra, fiel a un estilo muy personal. Con El monje que vendió su Ferrari se convirtió en un prestigioso escritor en el tema del liderazgo. Sus más de tres millones de libros vendidos de toda su obra le convierten en un fenómeno editorial. Su obra y sus consejos son seguidos por millones de personas aficionadas a los libros de autoayuda y hay que reconocer que Sharma tiene un don especial y es que sabe vulgarizar pensamientos profundos que pone al alcance de millones de personas.

La tesis del libro, ya comentada, podía haber sido desarrollada de una forma más seria y estricta. Sharma sabe cómo llegar a sus lectores y es mediante una fábula sentimental donde las emociones van surgiendo dosificadas y sorpresivamente. El autor maneja de forma maestra la trama con largas conversaciones entre los protagonistas que van desarrollando su tesis. El libro está plagado de metáforas que lo hacen muy accesible. Sorprende sobre manera la gratitud que todos los protagonistas tienen hacia Blake Davis por haber participado en la guerra de Irak. Todos reflejan esa actitud por haber servido a su patria. Es por tanto un libro muy de mentalidad americana, donde el escritor no se muerde la boca en ningún instante y los personajes se muestran orgullosos de pertenecer a una nación que, para ellos, representa la libertad del mundo. Todo ello pese a ser un escritor canadiense afincado en Toronto.

Libro fácil y agradable de leer, entretiene por lo que cuenta y cómo lo cuenta. Sharma, de padres indios, en una persona extremadamente sensible y culta, a un personaje del libro le hace decir: “las mejores personas suelen tener las bibliotecas más grandes”, nosotros desde nuestra modesta aportación queremos bibliotecas más grandes para todos y libros como éste ayudan a difundir el mensaje de que la cultura es lo más importante que hay en este mundo.

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