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19 de noviembre de 2019, 22:13:48
ENTREVISTAS


Entrevista a Diego Zúñiga, autor de “Racimo”

“Creo que hay que torcer el lenguaje y estirarlo todo lo que se pueda”

Por Javier Velasco Oliaga

Diego Zúñiga es un joven periodista y escritor chileno que todavía no ha llegado a la treintena. “Racimo” es su segunda novela y es realmente sorprendente ya que la madurez con la que está escrita es digna de alabanza. Está claro que el escritor de Iquique se está convirtiendo en una de las más sólidas promesas de la literatura andina, como así demuestra su última obra publicada en Literatura Random House.


Racimo” hace referencia a las granadas de racimo, las cuales son especialmente crueles, siendo España uno de los pocos países donde se fabrican. En la novela se trata un tema real, aunque ficcionado al antojo del escritor, sobre una serie de desapariciones de adolescentes de la misma población de nacimiento de Diego Zúñiga, por lo que estaba especialmente sensibilizado con ese tema y tardó años en encontrar el enfoque que le quería dar.

“Es una mirada crítica a Chile. Esta novela me sirvió para darme cuenta de lo que entierra la ficción, ya que gracias a ello trato otros muchos temas”, explica el escritor chileno nada más comenzar nuestra conversación en la cafetería de un conocido hotel madrileño. Se queja, con toda la razón, de que el periodismo que cubre casos de desapariciones, no es capaz de mirar con perspectiva lo que realmente ocurre sino que se queda en la anécdota y en lo morboso, ya que los crímenes de un psicópata tienen mucho de espectacularidad.

La historia que cuenta, aunque sucedió en 2008, refleja lo que es Chile en estos momentos post dictadura. “En Chile da la sensación de que todo está en orden, pero el sistema tiene muchas grietas”, comenta con parsimonia. Esas grietas provienen de un país muy clasista que tiene un sistema social muy precario y una gran fragilidad que podemos ver sobre todo en el modelo económico. “Lo que fue un orgullo para la dictadura, se está convirtiendo en una losa para la ciudadanía actual”, concreta.

Los hechos sobre los que se basa la novela ocurrieron en la pasada década y ocuparon muchas páginas en los periódicos de aquellos años. Se fijaron más en lo morboso y en lo espectacular, algo que Diego Zúñiga no comparte. “La literatura te permite trabajar con tiempo. De ahí que haya diseñado un juego de narradores que pivoten sobre el protagonista Torres Leiva, el fotógrafo de la revista que realiza la investigación, y unas veces esté escrita en primera persona y otras en tercera, lo cual da una sensación de más objetividad, tratando la historia desde diversos puntos de vista”, expresa el joven escritor; además, reconoce que “las voces se crucen”.

La novela comienza con un lenguaje periodístico que va evolucionando volviéndose más barroco. “Creo que hay que torcer el lenguaje y estirarlo todo lo que se pueda”, confiesa. Lo cual tiene un gusto por la ambigüedad, intentar, hasta cierta forma, confundir al lector para que entre más en la trama y se involucre de manera decidida. En una palabra, que se sumerja en la escritura.

Para Diego Zúñiga, la atmósfera en los libros tiene mucha importancia. “El paisaje, el territorio, es muy importante en mi literatura. Y como ocurrió en mi anterior novela, “Camanchaca”, el paisaje del norte de Chile, de donde soy, es fundamental para mí porque no es muy conocido y tenemos el desierto más seco del mundo, algo que es muy difícil de describir pero que a mí me encanta intentarlo. En estos primeros libros he intentado profundizar en estos territorios como si fuesen un personaje más”, apunta con precisión.

“La memoria del chileno es muy frágil”

Los hechos que se sucedieron en ese 2008 siempre quedaron silenciados por un mar de dudas y de silencio impuesto. Todos los policías que participaron en la investigación fueron negligentes, algunos fueron trasladados y apercibidos. Nunca se llegó a saber la verdad. “Los pactos de silencio los hay en todos los estamentos chilenos, ocurrió en el ejército, en la policía civil. Había entre los diferentes cuerpos mucha rivalidad”, menciona con resignación, pero se enardece para afirmar rotundo que “la memoria del chileno es muy frágil”. Parece que todo se olvida.

Respecto a la literatura chilena, ha venido a España a participar en una serie de mesas redondas sobre la literatura de su país, con escritores como Rafael Gumucio o Jorge Edwards. “Somos un grupo de escritores muy heterogéneos los que participamos de diferentes generaciones”, apunta y añade “en Chile están pasando muchas cosas en la literatura. Sobre todo desde la irrupción de Roberto Bolaño, que ha sido un maestro para muchos de los jóvenes escritores”. También señala como novelista esencial a Alejandro Zambra.

Diego Zúñiga, pese a su juventud, conoce muy bien el panorama literario de su país. Parte de su tiempo lo pasa en la editorial Montacerdos, de la cual es miembro. De ahí que se muestre muy favorable a todo ese movimiento latinoamericano de editoriales independientes que están comenzando a hacer la competencia a las grandes multinacionales. Prueba de ello es que el editor de Literatura Random House, Claudio López Lamadrid, está, en su opinión, enriqueciendo mucho el catálogo de su editorial con figuras emergentes del sur de América.

Pese a eso, reconoce que la circulación literaria entre Chile y España es muy “rara”. “Se conocen pocos escritores, Enrique Vila Matas y Javier Marías son los más acreditados”, apunta, aunque sus gustos van hacia escritores menos conocidos pero igual de interesantes: Elvira Navarro, Luis Magriyá o Francisco Ferrer Lerín, están en esa nómina que le gusta.

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