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18 de septiembre de 2019, 3:29:29
ENTREVISTAS


Entrevista a Radka Denemarková, autora de “El dinero de Hitler“

“Los refugiados, vayan donde vayan, nunca serán bienvenidos“

Por Javier Velasco Oliaga

Radka Denemarková es una escritora de raza que ha narrado una desgarradora historia que habría podido suceder, si no lo hizo realmente. “El dinero de Hitler“ es la cruda historia de una superviviente de los campos de exterminio nazis a su regreso al hogar. Cuando llega ve el expolio que han sufrido sus posesiones de antes de la guerra por los comunistas checos. De ahí parte una experiencia que la llevará, años después, ha reivindicar lo que es suyo.


Su libro ha sido publicado en España por Galaxia Gutenberg después de más de diez años desde su publicación en su país de origen. Ha recibido diversos premios tanto en su país como en Alemania. Los años transcurridos desde la tragedia de la Segunda Guerra Mundial permiten afrontar los viejos fantasmas que algunos países tuvieron sobre su pasado. Ha conseguido que su novela haya contribuido a desenmascarar la hipocresía de ciertos países sobre las víctimas judías de los campos.

¿Cuándo surgió la idea de escribir “El dinero de Hitler”?
Una persona se prepara toda la vida para escribir un libro. Hay libros que deben escribirse, la autora no puede evitarlo. Había varias razones para escribir este libro. Cada vez elijo un cadáver del armario y escribo sobre el lugar donde nací, o sea, Europa Central. Intento investigar los temas a través de una historia personal concreta, ficticia y estilizada literariamente. Durante varias décadas, en la República Checa no se habló sobre el desplazamiento de tres millones de personas después de la Segunda Guerra Mundial ni sobre un segundo holocausto, esta vez organizado por los checos: los judíos que volvieron de los campos de concentración, no tenían adonde volver, los checos se quedaron con sus propiedades argumentando que eran nazis porque hablaban alemán, aunque fueran ciudadanos de la entonces Checoslovaquia. Me interesa el destino de la gente en periodos de posguerra. Considero una gran hipocresía jactarnos del nombre de Franz Kafka para atraer turistas y situarnos dentro de la literatura universal después de no haber hablado de Kafka durante décadas porque era un judío alemán. De haber vivido más, Kafka habría terminado por la indiferencia de los checos en un campo de concentración, o tras la guerra los checos lo habrían expulsado y se habrían quedado con sus propiedades. Si se intenta tapar un tema en la vida personal, es una tragedia para las generaciones siguientes. Si se tapa un tema de forma que ni se habla de ello en público, esa sociedad está enferma, algo que demuestra la reacción de los checos a los refugiados hoy día. Considero términos nocivos los de culpa colectiva y víctima colectiva. Cada etiqueta es nociva si tiene que ver con el nacionalismo, la religión o la sexualidad. Cuando nos deshagamos de las etiquetas, desparecerá el racismo, el antisemitismo… Lo importante es la vida de cada individuo.

¿Está basado en algún hecho real que usted haya conocido?
No, es la esencia de todas las situaciones de la época que afectaron a cientos de miles de personas. Creo en la literatura. Solo la literatura sabe expresar la verdad de la vida y una época. Los historiadores no dan a conocer la verdad nunca porque amontonan solo fechas y hacen una reconstrucción en la que mayor parte de las vidas no caben; las cosas no son blancas ni negras, la vida es salvaje e improbable. Y las historias que no cuadran a los historiadores no se cuentan. La guerra no acaba con la firma del armisticio, la guerra continúa en los pensamientos de la gente, en su memoria y en sus destinos. La guerra se hace también en las cocinas.

¿Cuánto tiempo ha tardado en documentarse para escribir el libro?
Toda mi vida anterior. Cada libro dice cuándo ha de ser escrito y cuánto tiempo necesita. Pero es necesario olvidarse de todas las fuentes históricas, sociológicas y antropológicas estudiadas, debes deshacerte de ellas. Hay que crear la esencia de la época. El comportamiento humano después de siglos por desgracia no ha cambiado. La gente acomplejada que llega al poder siempre encuentra una víctima y existen situaciones en las que una persona no llega a conseguir justicia. Mucho más importante para mí es el punto de vista ético y filosófico. He tenido que meter el dedo en la herida. Soy el dolor, no soy el médico.

¿Ha entrevistado a algún superviviente de los campos de exterminio nazis?
Conozco a personas de esas. Pero para mí es una cuestión de víctimas en general. El sufrimiento no se puede medir. La guerra no tiene vencedores. Y mire de lo que es capaz el ser humano. Son situaciones absurdas. Antes de escribir este libro leí un texto sobre Pol Pot en Camboya. El primer grupo con el que quiso acabar era con el de los intelectuales. Pero como es difícil definir a un intelectual (otra etiqueta), lo simplificó asesinando a todos los que llevaran gafas. A veces me parece que aún le queda un día al ser humano para llegar a ser ser humano.

¿Molestan los supervivientes de los campos de exterminio?
No desaparece nada de lo que una persona ha pasado. Aunque la víctima intente tapar lo vivido, la memoria del cuerpo nunca miente. La memoria de la mente miente porque se mezcla con fantasías, autoengaños y con la memoria colectiva. Gita lo dice claramente: mi experiencia es mi verdad.

Cuando llega Gita Lauschmannová en 1945 a Puklice no recibe el reconocimiento que se merecía, sino todo lo contrario. ¿La guerra vuelve miserables a los vencedores?
En tiempos de guerra se pudre todo. Es impresionante qué poco tiempo hace falta para que la mayoría sea capaz de lo peor, y lo pocos que son los individuos que llevan una vida regida por un sistema de valores que no les permite delatar a alguien, torturar o matar. Y me refiero a periodos de posguerra.

¿Es difícil volver a vivir otra vez?
Para comenzar a vivir y tener fe en la vida hace falta fuerza. Seguir siendo conscientes para no dejar que nos asqueemos de la vida, seguir siendo conscientes de que a dos pasos, dentro de un momento, todo podría ser distinto... Por eso para mí las víctimas son paradójicamente los héroes más fuertes, sus vidas son thrillers... He escrito a Gita como una heroína de la antigüedad. Fuerte, firme, vulnerable y complicada. Es un libro sobre la actualidad. Entre los niños y los jóvenes no hay esperanza porque han sido criados por padres que les transmiten una visión antigua de la vida, todos los estereotipos y prejuicios. Solo los individuos fuertes poseen una mente independiente y crítica, y sobre todo, tienen el corazón en su sitio y son capaces de hacer un mundo mejor porque no les asusta enfrentarse a la masa y a la psicosis de las masas.

La protagonista dice en una ocasión: No voy a perdonar a nadie, nunca ¿Por qué le hace decir eso si luego lo único que quiere es justicia?
Es su reacción, tiene todo el derecho a tenerla cuando sus “vecinos” le destrozan toda su vida. Aunque habría bastado una simple disculpa. A Gita no le preocupa la devolución de su propiedad, a su nieta ya sí. Gita entiende que es posible la aceptación, pero el perdón, en estas circunstancias, no. Se puede perdonar solo a una época que ya no cambiaremos. Pero me molesta cómo se dice siempre que las víctimas tienen que perdonar. Eso significa que solo la víctima tiene que ser capaz de hacer una reflexión sobre sí mismo. ¿No se debería hablar más bien sobre cómo hacer para que los culpables compensen sus actos? ¿No se ayudaría así a que se produzca ese perdón? Son vidas humanas y tenemos un tiempo limitado. Pero los culpables se esconden detrás de frases como “no es nuestra culpa, en aquellos tiempos pasaban estas cosas”. ¡No es por la época, los culpables son personas concretas! Quería escribir un libro fuerte, que fuera como una raspa atragantada, no como un dulce de postre. El libro va contra todos los clichés, también los literarios. Por eso en la introducción es un niño, y no Hamlet, el que sostiene una calavera. Este niño mete bíblicamente el dedo en la herida abierta…

La novela está escrita alternativamente en tercera y en primera persona ¿Por qué esa elección?
Al principio quería escribir este libro con un estilo objetivo y filosófico. Pero después cambié de idea. Debía ser sugestivo y emocional. Comprobé después que debía trabajar con la cabeza fría y ordenar bien las palabras como poniéndolas con pinza. Escribir es una lucha por el idioma. Gita se mete debajo de la piel de los lectores, todo se ve desde su perspectiva. Ella no sabía que es judía y de repente se ve de niña encerrada en un campo de concentración. Vuelve a casa y que hable alemán es malo, la acusan de nazi. La niña Gita no entiende qué sucede, las etiquetas que recibe sin cesar de su entorno. La segunda mitad está escrita sobre el plano de un drama antiguo. Es necesaria cierta distancia, para que el lector coja aire.

¿Tiene más fuerza un testimonio en primera persona cuando es un superviviente de los campos?
No, éste es el testimonio de una persona que se encuentra en el papel de víctima, perseguida y sin saber por qué. Se trata de una situación que desgraciadamente se repite a lo largo de toda la historia constantemente, también ahora mismo. Los refugiados, vayan donde vayan, nunca serán bienvenidos.

Hasta hace pocos años no se publicaba nada en contra de los desmanes que cometieron los soviéticos en Polonia, Chequia y otros países ¿Ha llegado la hora de conocer todos esos pormenores?
Por supuesto. Hay que contar la verdad. Si no, la sociedad no rectifica y nunca será una sociedad sana si nadie rompe este círculo vicioso de injusticia.

¿Se cometieron en Chequia asesinatos como los de Adolf por personas supuestamente normales?
Hay una cantidad enorme de gente que en las peores épocas, cuando la injusticia no es castigada, al instante empiezan a saquear, robar, matar, torturar... Está demostrado por desgracia que no tiene que ver con individuos.

¿Fue doloroso escribir una novela como “El dinero de Hitler"?
Lo fue. Escribí esta novela durante tres años. Después quedé bastante destrozada interiormente. Quieres que la novela llegue hasta la médula. No te quieres desviar. Debes entregarte hasta el final y luchar por un lenguaje exacto pero poético.

¿Qué le parece que se haya tardado diez años en publicar el libro en España?
Este libro encuentra en cada país su época para ser publicado. En cada país esta aventura metafórica de Gita Lauschmannová pincha en su propia historia. Las circunstancias cambian, pero el tipo de situación en la que se ve el individuo es la misma.

¿Suponen los premios un reconocimiento a su labor?
Los premios hacen ilusión. Pero ni de lejos tanta como saber a cuánta gente este libro ha ayudado o les ha cambiado la vida, han vivido una catarsis o les ha hecho aceptar una situación. Esto solo lo consigue la literatura.

Termino con la frase con la que acaba su libro: Con las palabras pueden cometerse muchos crímenes, pero con ellas no se puede defender nada. ¿Piensa eso realmente?
Lo creo de verdad. Pero la esperanza se mantiene. Con palabras no se puede defender nada, pero muchas habría que pronunciarlas, limpiarlas y darles su sentido original. Estoy pensando en palabras que a menudo se traicionan a sí mismas. Son palabras como dignidad humana, libertad, esperanza y, sobre todo, humanismo.

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