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20 de junio de 2021, 22:58:42
EXPOSICIONES


Espacio Fundación Telefónica presenta una exposición sobre la influencia de Julio Verne en grandes personajes de la historia

La exposición "Julio Verne. Los límites de la imaginación" hasta el 21 de febrero de 2016


La curiosidad y el ansia de conocimiento y de aprendizaje de Julio Verne por su entorno llegaron a convertirle en uno de los autores más prolíficos, populares e influyentes de la literatura universal con casi cien obras publicadas. En ellas, creó un imaginario de gran verosimilitud, gracias a su interés por la ciencia y a su avidez por documentar todo lo que narraba en sus obras. Sus novelas recogieron el espíritu de su tiempo, cartografiaron el mundo conocido y abrieron las puertas a espacios hasta entonces apenas intuidos.


La exposición "Julio Verne. Los límites de la imaginación", que podrá verse en la planta 4ª del Espacio Fundación Telefónica hasta el 21 de febrero de 2016, disecciona el universo literario verniano y traslada a la realidad las hazañas y aventuras de sus obras a través de veintisiete personajes históricos, que se atrevieron a llevarlas a cabo y fueron pioneros en sus disciplinas a mediados del siglo XIX y comienzos del XX.

La muestra, comisariada por María Santoyo y Miguel A. Delgado, pretende retratar estas fronteras, a veces invisibles, entre ficción y realidad, que en este caso se diluyen y convergen. A partir de una treintena de sus obras más representativas y de los distintos ámbitos en que transcurren sus novelas: la tierra, el aire, el hielo, el agua, el espacio y el tiempo, el visitante recorrerá de la mano de contemporáneos españoles y extranjeros el imaginario plausible de Verne. Personajes como el archiduque Luis Salvador de Austria, que se instaló en las Baleares y se convirtió en el guía literario de Verne por Palma de Mallorca en la novela Clovis Dardentor, o los primeros exploradores españoles en África, Manuel Iradier y Julio Cervera Baviera, o las hazañas de la periodista Nellie Bly, primera mujer en dar la vuelta al mundo en 72 días. Estas son algunas de las historias de personajes que acometieron lo que el autor francés aventuró, a veces de modo visionario, en sus novelas.

EL GABINETE DE VERNE

El recorrido por la exposición Julio Verne. Los límites de la imaginación parte del Globo de Monfort, uno de los más antiguos que se conservan y fabricado por uno de los productores de globos terráqueos de nuestro país en el siglo XIX. Se trata de una pieza simbólica en la que Verne se inspiraba para trazar las rutas geográficas de sus novelas. Esta pieza nos introduce en el Gabinete de Verne, su espacio de creación, donde se disecciona la imaginación del autor a través de sus novelas, personajes, seres fantásticos y animales, medios de transporte e ingenios que coparon su obra.

En esta sección, destacan cinco joyas bibliográficas, entre ellas, la primera edición mundial de Veinte mil leguas de viaje submarino (1869), que por circunstancias históricas, fue española. El visitante descubrirá también una serie de 44 ilustraciones de personajes de Verne, desde Phileas Fogg hasta el capitán Hatteras; o inventos e ingenios presentes en sus novelas, como la linterna mágica o la bobina de Ruhmkorff. Por último, una instalación audiovisual nos descubre el bestiario que aparece a lo largo de su vasta creación literaria.

LOS TERRITORIOS VERNIANOS

La tierra conocida y desconocida

Los Viajes extraordinarios de Verne buscaban descubrir toda la Tierra a sus lectores, de ahí el subtítulo de Los mundos conocidos y desconocidos. Verne estaba al tanto de las grandes expediciones de su época, un período en el que el imperialismo conducía a lugares tan lejanos e inexplorados como el interior de África. En este apartado, el visitante se topa con la biblioteca de Verne, una selección de libros que el autor manejaba y consultaba para cartografiar sus novelas. Entre ellos, Die Balearen (1869-1891) del archiduque Luis Salvador de Austria, científico que emprendió el estudio exhaustivo de la fauna, la flora y la antropología e historia de las Islas Baleares y que Verne consultó para documentar las localizaciones de las novelas de Clovis Dardentor. O los libros del militar Julio Cervera sobre la

"Expedición Río de Oro", en el Sáhara u otras expediciones de las que formó parte en el Norte de África junto al geólogo Francisco Quiroga.

Otra pieza destacada de la sección es una instalación audiovisual con seis proyecciones que reproducen y conceptualizan los fenómenos que los protagonistas de Viaje al centro de la Tierra (1864) encontraron en su periplo: la cueva, teatro de sombras, un volcán o el fuego como luz primigenia. Un mapping recrea además las rutas geográficas alrededor de los cinco continentes de las principales novelas de Verne.

Trotamundos

Julio Verne nace en Nantes en 1828 y, 44 años más tarde, escribe La Vuelta al mundo en ochenta días (1872). En sólo cuatro décadas, se produjo un desarrollo vertiginoso de los medios de transporte, que cambió la concepción del mundo y del tiempo. El desafío imposible de Phileas Fogg de dar la vuelta al mundo se hace posible a mitad del siglo XIX y Verne vuelca en esta novela toda la información disponible sobre el estado mundial de las comunicaciones. Phileas Fogg usa en su periplo todos los transportes existentes en aquella época, desde el trineo o el elefante al paquebote o el tren.

Este apartado es un homenaje a los viajeros y exploradores de mundo y a todos los escenarios que descubrió Fogg en su reto. Más de 30 fotografías de época de la Colección del matrimonio Worswick, una de las más importantes del mundo en manos privadas y conocidos por haber recopilado el legado del fotógrafo norteamericano Walker Evans, recrean todos los lugares recorridos en tiempos de Phileas Fogg. Gran parte de las imágenes fueron tomadas en países exóticos de Oriente Medio y desvelan civilizaciones hoy perdidas como, por ejemplo, la China imperial.

El visitante descubrirá también los territorios de la Vuelta al mundo en ochenta días desde la óptica del teatro, ya que muchos escenógrafos y directores recrearon las obras de Verne. Ejemplo de ello, son los montajes del musical Around The World de Orson Welles y Cole Porter, representados en la exposición a través de fotografías inéditas y el audio del espectáculo, o las espectaculares creaciones escénicas del valenciano Enrique Rambal en los años 20.

La admiración que Verne profesaba a los trotamundos y los saltimbanquis queda reflejada en esta sección a través de filmaciones de la época del cineasta español Segundo de Chomón, que se inspiró para algunas de sus películas en obras vernianas como Viaje al centro de la Tierra (1909). La figura del trotamundos está también representada por Nellie Bly, la periodista norteamericana que entre 1889 y 1890 logró dar la vuelta al mundo en 72 días, batió el récord de Phileas Fogg y fue la primera mujer en lograrlo. En su viaje, hizo parada en Amiens y visitó al mismo Verne.

Mobilis in Mobili

La pasión por el mar es sin duda uno de los temas recurrentes en el universo literario de Verne. Aunque varias novelas giran en torno a esta temática, como Los hijos del capitán Grant, es sin lugar a dudas Veinte mil leguas de viaje submarino la mejor creación de Verne.

En esta obra idea una máquina capaz de fascinar a quien finalmente inventó el primer submarino eléctrico, el marino español Isaac Peral.

Maquetas y carteles de los primeros paquebotes comerciales del siglo XIX, imágenes del Great Eastern, el transatlántico más grande del momento en el que Verne viajó en 1867, o memorabilia de Isaac Peral nos permiten conocer los transportes marítimos de la época. Esta sección se completa con las primeras fotografías submarinas realizadas a más de 50 metros de profundidad por el biólogo Louis Marie Auguste Boutan o extractos de las películas subacuáticas del pionero del cine científico, Jean Painlevé, que filmó más de 200 obras protagonizadas por criaturas marinas.

Desiertos de hielo

En la época de Verne, los polos representaban el límite entre lo conocido y lo desconocido y fascinaban a muchos lectores. Una curiosidad hacia lo ignoto que en la muestra se ejemplifica a través de personajes que acometieron expediciones hasta estas tierras heladas e inhóspitas, que Verne anticipó e imaginó en La esfinge de los hielos (1897) o Las Aventuras del Capitán Hatteras (1886).

En esta sección se muestran imágenes de expediciones polares, que acabaron en fracaso, como la del sueco S.A. Andrée o la del irlandés Sir Ernest Shackleton, un capitán Hatteras de carne y hueso, que quiso ser el primero en cruzar la Antártida de punta a punta. Diez imágenes de esta expedición, cuyos negativos congelados se encontraron el año pasado en la Antártida, podrán verse en España por vez primera. También se exhiben casi 50 imágenes de la exploración del argentino Hernán Pujato, que buscaba fundar la primera colonia estable en el continente helado.

Flotar o volar

Esta sección está dedicada a la disyuntiva que se generó en los inicios de la aeronáutica, entre los defensores de los vuelos más ligeros que el aire, representados por los globos y los que apostaban por los más pesados, es decir, los primeros aviones. Es un recorrido por la conquista del aire, a través de personajes como el brasileño Santos Dumont, a quienes muchos consideran el primero en hacer volar un avión en 1906, o el fotógrafo francés Nadar, autor de las primeras fotografías aéreas de la historia y apasionado de la aerostática, que Verne retrató en el díptico De la Tierra a la Luna y Alrededor de la Luna.

La muestra recoge esta polémica entre aeróstatos y aeroplanos a través de diagramas, ilustraciones y grabados de la época de diferentes máquinas voladoras y representa también esta dicotomía a través de historias como la del asturiano, Jesús Fernández Duro, quien en 1909 cruzó por primera vez los Pirineos en globo o el tándem valenciano, Juan Olivert y Gaspar Brunet, alumno y profesor, que hicieron volar el primer aeroplano en España. Una maqueta de este aparato, que logró elevarse unos cuantos decímetros durante cuarenta metros, o la Copa de los Pirineos, que hizo de Duro un auténtico héroe, se exhiben en la sección Flotar o Volar.

Alrededor de la Luna

La fascinación por viajar a la Luna, presente en la literatura universal desde el siglo IV a.C., fue un motivo recurrente en la cultura popular del siglo XIX y no podía serlo menos en la obra verniana, representada con las novelas De la Tierra a la Luna (1865) y Alrededor de la Luna (1870), que calaron profundamente en el imaginario colectivo y hoy en día revelan asombrosas coincidencias con la llegada real del hombre a este satélite en 1969.

Una instalación geodésica muestra veinte formas de viajar a la Luna representadas en la literatura universal, desde los Vedas hindúes hasta La mujer en la Luna de la autora alemana Thea von Harbou, que sería llevada al cine por Fritz Lang. La fiebre lunar queda además recogida a través de una serie de carteles relacionados con la Luna, que representan desde espectáculos de la época a imágenes de películas de George Méliès o las óperas inspiradas en Verne que Jacques Offenbach. También se muestra la pieza creativa documental "Vivir en una bala", que recrea De la Tierra a la Luna. Un viaje que Verne imaginó en un proyectil lunar disparado por un cañón.

2889

Muchos calificaron a Verne como el padre de la ciencia ficción moderna, cuando en realidad él lo que hizo fue recoger y transmitir a través de su legado literario el progreso que caracterizó el mundo de la segunda mitad del siglo XIX. Sólo hubo dos excepciones en las que el autor francés se avanzó verdaderamente a su época y fue más allá de su contemporaneidad: la novela París en el siglo XX (1863), centrada en un progreso basado en la dictadura del cientifismo, y La jornada de un periodista americano en el 2889 (1891), un relato mucho más positivo donde la tecnología traía beneficios a la humanidad. Dos visiones distantes del concepto verniano del progreso.

El epílogo de la exposición nos adentra en estas dos obras futuristas a través de ilustraciones de autores franceses del siglo XIX, que recrearon avances científicos del año 2000, y de los grabados del dibujante francés, Albert Robida, que anticipó en la misma época que su coetáneo Verne algunos inventos del lejano siglo XX. La muestra finaliza con un criptograma de una cita de Verne, que condensa el sentido de su obra literaria.

Colecciones privadas Vernianas

La muestra cuenta con la colaboración de catorce prestatarios de ámbito nacional y dos internacionales. Se han cedido joyas procedentes de colecciones particulares como las de Francisco Javier Román Huerta, Carlos Pérez, Diego Quevedo Carmona o el matrimonio norteamericano Worswick. Presenta también objetos, en muchos casos inéditos, de la Biblioteca Nacional, el Museo Naval, el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Museo Nacional del Teatro, el Teatro de la Zarzuela, el Ejército del Aire, la Filmoteca Española, el Museo de Etnología de Valencia, la Fundación March, el Círculo Aeronáutico Jesús Fernández Duro y la Fundación Aérea de la Comunidad Valenciana. La fundación neozelandesa Antarctic Heritage Trust permite, por primera vez en España, la exhibición de unas fotografías tomadas hace cien años en el continente austral y recuperadas en 2014.

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