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20 de octubre de 2019, 19:28:51
CRÍTICAS


"Fin de semana" de Bernhard Schlink

Por Javier Velasco Oliaga

El escritor y jurista alemán Bernhard Schlink vuelve a la actualidad literaria con El fin de semana, una sorprendente novela donde recupera el legado temático de su novela El lector fue publicada en el año 2000 y que revolución el panorama narrativo internacional siendo traducido a más de 30 idiomas. Su nueva novela ha sido publicada por la editorial Anagrama.


Un antiguo grupo de amigos se reúne en una casa de campo, sin apenas comodidades, sin electricidad, sin calefacción y sin agua corriente dentro del edificio, para pasar un peculiar y extraño fin de semana. El motivo de la reunión es la recientísima puesta en libertad de Jörg, ese mismo viernes por la mañana, gracias a un indulto del Presidente de la República y que él no había solicitado, mostrándose siempre rebelde con las autoridades.

Jörg, sin apellidos, como la mayoría de los protagonistas de la novela,es un antiguo miembro de la Fracción del Ejército Rojo, RAF, en sus siglas en alemán, (conocida como Baader-Meinhof, por los dos apellidos de sus principales dirigentes). Ha pasado veinticuatro años encerrado en prisión por cuatro crímenes cometidos en acciones terroristas. Su hermana Christiane ha sido durante ese tiempo la conexión con el mundo exterior y sobre protectora ha organizado una reunión con sus antiguos amigos del instituto y de los primeros años de facultad para que le arropen en una nueva vida que acaba de comenzar.

En la reunión se encuentra, además de su devota hermana, Ilse, profesora de instituto que intenta ser escritora; Ulrich, exitoso dueño de unos laboratorios dentales, con su mujer y su promiscua hija adolescente; Henner, amigo de la infancia y periodista; Karin, pastora protestante, con su marido; Andreas, su abogado; Margarete, dueña de la casa con Christiane y antigua pareja sentimental; y Marko Hahn, un joven y entusiasta radical que ha conocido a Jörg en la cárcel en los últimos años y pretende recuperarlo para la causa revolucionaria.

Este variopinto grupo de once personajes se encuentra en una casa solariega, en un ambiente a la vez cerrado y abierto, situaciones agobiantes e introspectivas se dan en el interior de la casa, y el jardín sirve de vía de escape a las emociones dándose un ambiente más distendido y relajante, sirviendo de vía de escape a las situaciones que se dan en el interior de la casa.

El libro está dividido en tres partes, los tres días que van a convivir allí, viernes, sábado y domingo. En esos tres días los protagonistas convivirán, hablarán y discutirán. Viéndose confrontados por dos maneras diferentes de pensar, unala revolucionaria, anclada en el pasado y, otra, la que ha evolucionado y ha cambiado de vida pero que sigue mirando los acontecimientos que vivieron en su época de juventud e inmadurez.

El recuerdo, el odio, el rencor, la amistad, la hipocresía y el perdón, pasan por la mente de todos los residentes en la casa solariega. La reunión sirve de terapia de grupo donde las situaciones magistralmente entrelazadas, vamos viendo resurgir heridas mal cicatrizadas y reflexiones sobre el pasado, la violencia y la lucha política.

La sociedad alemana de los años setenta padeció el terrorismo urbano de la RAF que provocó numerosos asesinatos, este terrorismo de extrema izquierda fue quizá una reacción al padecido en la Segunda Guerra Mundial. Muchas personas en Alemania habían pertenecido al ejército nazi, algunas a sus batallones más criminales, como las SS, y en esa época Alemania se sentía culpable de los crímenes cometidos durante el conflicto mundial. Convivían, pues, dos concepciones antagónicas, o quizá tres, por un lado los abuelos que habían aupado el nazismo democráticamente, los padres que se dedicaron a olvidar y a construir un país y los nietos que reaccionaron ante esa situación con un terrorismo de izquierdas y revolucionario, aunque parecido en esencia al de sus abuelos.

Este viaje a la memoria colectiva alemana plantea preguntas que los protagonistas no saben responder. Preguntas que le lanzan sus antiguos amigos y que Jörg no sabe responder, sólo es capaz de articular un "yo ya he pagado por todo". Pero Jörg también tiene preguntas y es quién le delató, que apuntan a Henner, su amigo,y que se van dilatando hasta conocer la sorprendente e inesperada verdad.

La novela da un giró espectacular al entrar en escena Berd Schwarz, hijo de Jörg, del que no sabía nada de él, su entrada hace que el protagonista se ponga entre la espada y la pared y tenga que dar, por fin, explicaciones de su proceder, explicaciones que balbucea de modo casi inconexo sin llegar a pedir perdón, pero si sentir las muertes inocentes de un proyecto que no llegó a buen término. Algo que el autor conoce muy bien ya que como juez ha tenido relación con este tipo de personas.

El estilo del autor equilibra a la perfección las descripciones, tanto del paisaje como de los personajes, con los diálogos, que van de la mano en esta obra con los silencios: los pensamientos de cada uno, de cómo ven a los demás y de cómo se ven a sí mismos, de darse cuenta del paso del tiempo, de que no llegaron adonde querían o de que no les queda el tiempo suficiente para cumplir sus metas. Tiempo que alguno de ellos se les escapa de las manos. Esto es lo que más atrae de la novela: el estilo de un autor que, sin largas explicaciones, crea un mundo propio donde predominan los silencios, donde se relacionan espontáneamente unas historias con otras de forma realista y delicada.

Un libro tremendamente interesante de un autor con un estilo apasionante y rico que nos trae maravillosos diálogos y descripciones mientras trata temas de interés, para nosotros muy cercano ya que el tema del terrorismo lo hemos padecido durante muchos años y de actualidad en el marco de una magnífica novela.

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