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14 de diciembre de 2019, 20:42:02
CRÍTICAS


“Cuando éramos ángeles” de Beatriz Rodríguez

Por Javier Velasco Oliaga

Cuando éramos ángeles” es la segunda novela de la escritora y editora sevillana Beatriz Rodríguez que ahora publica Seix-Barral como apuesta en el comienzo de año. La trama de la novela se desarrolla en dos planos temporales, en la década de final de siglo y en la actualidad. La madurez y la adolescencia de los protagonistas se dan la mano para conformar una historia actual con su origen en la adolescencia.


La periodista Clara Ibáñez, recientemente enviudada, mientras corre por las inmediaciones de Fuentegrande, una oscura población en una serranía desconocida de Andalucía, encuentra el cadáver de uno de los caciques del pueblo. Este acontecimiento es el desencadenante de la novela que avanza en dos planos, como hemos señalado. Uno trata sobre la investigación periodística del asesinato. El otro de la adolescencia de esos personajes, donde se forjaron las motivaciones para desencadenar la tragedia.

Los capítulos pares de llevan el título de un plato típico de la zona rural andaluza que la autora no nos dice pero que da suficientes pistas para que el lector avispado pueda hacerse una idea bastante aproximada: sangre encebollada, habichuelas en escabeche, gazpacho de culantro, ajoblanco y migas con sardina son algunos de los platos típicos de esa población que se encuentra perdida en la serranía a escasos kilómetros del mar.

Los capítulos impares nos cuentan la historia de los protagonistas en sus años de adolescentes. La escritora sevillana sostiene que la infancia es el periodo de construcción de una persona y la adolescencia es el periodo de deconstrucción. Ambos periodos conforman la personalidad de todas las personas y, por supuesto, de los protagonistas de “Cuando éramos ángeles”: es en la infancia cuando se está más cerca de esos ángeles.

La madurez que refleja la escritora sevillana es el resultado del proceso de socialización que tienen los protagonistas en esa población hermética y cerrada. Durante la novela vemos que algunos de ellos quieren salir o, más bien, huir, de esa atmósfera agobiante donde viven sometidos a las arbitrariedades de los caciques que controlan el pueblo. Lo cual queda perfectamente descrito por la prosa contenida pero afilada de la autora que demuestra un excelente dominio tanto de las situaciones como del lenguaje.

Clara Ibáñez es la catalizadora de todas esas situaciones. Con su olfato, siempre está donde debe de estar y su investigación va por mejor camino que esos policías rurales que deben demasiados favores a los caciques. El tema de la corrupción, representado por la empresa Depwter, es el fiel reflejo del comportamiento de las empresas en España. También temas como el machismo y la violencia están reflejados en la obra de una forma muy acertada.

Es esa violencia, siempre presente en el pueblo, que se nota en los silencios de sus habitantes, la que desencadena los hechos. Beatriz Rodríguez ha escrito una excelente novela corta que se nos queda precisamente corta por lo que nos ha gustado. La alteración de la trama en los capítulos consigue un dinamismo espectacular que debemos resolver con una rápida lectura. Creemos que la novela es el inicio de una más que interesante carrera que iremos descubriendo poco a poco.


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