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12 de julio de 2020, 16:19:15
ENTREVISTAS


Entrevista a Javier M. Tarín, autor de “La política como espectáculo. El cine electoral norteamericano”

“La financiación necesaria para las campañas electorales mediáticas es un elemento distorsionador de la transparencia de los procesos electorales”

Por Javier Velasco Oliaga

Javier M. Tarín es Doctor en Comunicación Audiovisual y licenciado en Filología Inglesa y Comunicación Audiovisual. Ha escrito crítica cinematográfica en distintas publicaciones y dirigido diferentes cortometrajes. Además, ha publicado el libro sobre educación “Del aula a la calle: la educación en busca de sentido” junto a Nacho Cagiga, en el que se acerca al mundo de la educación.


El libro “La política como espectáculo” tuvo su origen en su tesis doctoral donde afrontaba el análisis de la evolución de las campañas electorales norteamericanas a través del cine de Hollywood. En la entrevista, el autor valenciano nos desvela todos los entresijos del libro y sus motivaciones para escribirlo.

¿Qué le llevó a escribir La política como espectáculo?
A lo largo de mi investigación de mi tesis doctoral fui detectando hasta qué punto el espectáculo se ha ido apoderando de la esfera política y la forma en que los políticos han asumido los mecanismos propios de los actores para desplegar su relato electoral frente a los medios. Pensé que trasladar estas conclusiones a la sociedad a través de un ensayo sobre cine y política podía ser muy adecuado precisamente en estos momentos de cierta incertidumbre política. Los políticos españoles, aunque todavía lejos de la espectacularización norteamericana, se encuentran sumidos en esa dinámica de política espectáculo propia de la democracia mediática. He tratado de elaborar un texto de divulgación de las ideas clave que el estudio sobre las campañas electorales en el cine me había proporcionado. El objetivo ha sido, por tanto, que los lectores potenciales pudieran acceder a unas herramientas de análisis básicas de los mecanismos comunicativos usados por los candidatos en las democracias mediáticas, sobre todo, desde la llegada de la televisión.

¿Cuánto tiempo tardó en documentarse y escribir el libro?
Es complicado establecer un tiempo muy concreto ya que el texto nace de la tesis doctoral que defendí en 2008. La tesis como tal está publicada desde entonces por el servicio de publicaciones de la Universidad de Valencia. Sin embargo el trabajo para la publicación de La política como espectáculo lo he realizado en los dos últimos años. Ha implicado una ardua labor de reescritura para sacarlo del armazón encorsetado de una tesis y adaptarlo a la lectura de la actualidad de forma indirecta pero de aplicación muy evidente. En los textos académicos es obligatorio un apartado de establecimiento de corpus teórico de lo que dicen otros autores antes de establecer tu propio territorio de análisis original.

¿Cómo trabajan los políticos estadounidenses su faceta mediática?
Mi texto parte de una idea clave que es la del político convertido en actor de la narración electoral en un sentido literal; es decir, el profesional de la política ha asumido los mecanismos narrativos del cine y la televisión como son encarnación de un personaje, maquillaje, atrezzo, y puestas en escena a medida para su lucimiento en la construcción del relato electoral. Me gustaría poner dos ejemplos nítidos de cómo han funcionado los políticos norteamericanos desde hace décadas. No es muy conocido, por ejemplo, que Richard Nixon fue descubierto por un cazatalentos de la política en un casting convocado en la prensa por el partido republicano para enfrentarse a un candidato al congreso demócrata. Y fue elegido para representar el papel de candidato casi como Robert Redford en El candidato. Pero hay un caso paradigmático en lo que se refiere a la conexión Hollywood-Washington. Aunque John F. Kennedy ha sido considerado el primer político mediático con aura de actor, la culminación en ese camino hacia la política entendida como espectáculo fue la presidencia de Ronald Reagan. Su paso a la política y su candidatura a la presidencia está muy relacionado con su faceta de actor.

¿Y los españoles?
En España no hemos llegado tan lejos todavía como para tener un actor convertido en presidente pero estamos siguiendo la senda marcada por el marketing político norteamericano. Hay una segunda vía de conexión entre el espectáculo y la política que en nuestro país ha tenido bastante repercusión en la última campaña electoral como algo novedoso en nuestro sistema de comunicación política pero que no es nada innovador dentro de la tradición electoral norteamericana. Esta incorporación a nuestros modos de comunicación política indica que nuestro camino hacia la americanización es constante. Precisamente, y por hablar de la transferencia de actores a la escena política, tenemos dos casos que proceden de la Comunidad Valenciana: Toni Cantó, actor de televisión y teatro ha devenido lo que sería un político profesional en toda regla, haciendo uso de su condición de celebrity para conseguir ser elegido como diputado. Y más recientemente la diputada Rosana Pastor, conocida actriz teatral y que ha entrado en el parlamento español por la colación Compromís-Podem.

¿Hasta dónde llega el espectáculo en su guión electoral?
En mi opinión puede ser llevado al extremo, sobre todo, en el formato adoptado por la política y la prensa en la democracia mediática. Para poder construir un relato electoral con garantías de éxito es fundamental tener un buen guión o si se quiere una estrategia de representación. La complejidad radica en que la oferta electoral que lanza un partido debe competir con otras propuestas ideológicas articuladas como relatos. Es por tanto necesario proponer una historia sólida y atractiva que atrape a tu electorado potencial. El propio carisma del político permite al equipo construir puestas en escena adecuadas en las que este despliegue todas sus capacidades actorales. Creo que Barak Obama es un ejemplo en este sentido porque tiene porte, clase y dicción de un buen actor. Tanto es así que incluso, según han afirmado los guionistas, ha inspirado para perfilar el personaje de El ala oeste de la casa blanca. El partido republicano ha intentado atacarle por su condición de vedette mediática y difundió en 2008 un spot electoral titulado Celeb para atacar esa condición de famoso. El equipo de Obama, sin embargo, usó y sigue usando ese carisma y todas las estrategias de guionización y puesta en escena en provecho del relato en torno al presidente.

¿Supone ello un gran gasto en las diversas campañas políticas?
Un montaje como el diseñado por el partido demócrata para la nominación de Obama tiene unos gastos enormes. No cabe duda al respecto. Y es precisamente en ese punto donde surgen las preguntas en relación a la financiación de los partidos y de sus campañas electorales. Esta cuestión es abordada en las tres películas estudiadas en el libro y en los tres relatos electorales se apunta hacia este punto como problema del sistema democrático. De hecho, tejen un discurso crítico hacia las vías de financiación de los candidatos y los partidos que son constantemente puestas en duda como manera de comprometer las políticas públicas en determinadas direcciones más allá de los programas y las ideologías. La financiación necesaria para las campañas electorales mediáticas son un elemento distorsionador de la transparencia de los procesos electorales y de los intereses a los que sirven los candidatos. Con mayor o menor claridad las tres cintas cuestionan a los políticos y sus oscuros pactos con el poder económico que los corrompe. La corrupción es uno de los puntos débiles y por tanto se trata de una alerta clara hacia la creación de mecanismos de control más eficaces de la acción política.

¿Cómo influye sobre la imagen de los políticos?
Ya he comentado antes que la conversión del político en actor tiene una influencia directa sobra la manera en que el político se comporta. Pero hay otros dos rasgos de la política espectáculo que influyen sobre los candidatos. Estos son la personalización y la hiperexposición a los medios. La política de partidos y programas ha desaparecido en favor de la egopolítica. Por tanto, el político deviene vedette o celebritiy y comienza a comportarse como tal en términos de imagen. Esta transformación es retratada en una secuencia de El candidato en la que el asesor de imagen le indica que se corte el pelo y se ponga otra corbata. El papel a representar por Robert Redford implica cambios básicos de imagen.

¿Cuál es la importancia de la música en las campañas electorales?
La banda sonora se ha convertido en un elemento muy significativo y destacable de las campañas electorales norteamericanas pero también las españolas. Los candidatos suelen elegir canciones y grupos de música que animen los mítines y ambienten los actos con aires de victoria o con estribillos pegadizos. A veces lo hacen incluso sin pedir permiso. Recientemente, por ejemplo, la cantante británica Adele ha prohibido a Donald Trump usar sus canciones en los mítines. En las últimas elecciones catalanas Miquel Iceta proponía Don´t stop me now de Queen para amenizar sus actos. El candidato socialista se animaba incluso a cantar y bailar desenfrenadamente y este hecho se convirtió en un tema de la campaña. No es habitual la entrega de Iceta pero tradicionalmente cada partido ha buscado una canción que le sirviera de banda sonora de campaña. Es decir como cualquier relato cinematográfico usa la música como elemento de producción elemental. Este sería una primera aproximación a la relacione entre política y música.

En el libro estudia en profundidad las películas El político, El candidato y Ciudadano Bob Roberts ¿Por qué ha escogido estás tres películas para cada una de los periodos estudiados?
Hay dos criterios que me han llevado a decidirme por estas películas y no por otras. El primero es que las cintas debían ser referencia del género (o subgénero) electoral y tener un impacto sobre el momento de producción ya fuera por su calidad o por el debate que hubieran suscitado. En segundo lugar, las películas debían estar separadas en el tiempo suficientemente para poder vislumbrar la evolución de los mecanismos comunicativos electorales de manera significativa. Se trataba de ver cómo la llegada de la televisión –que sigue siendo el lugar de socialización política fundamental- ha afectado unos usos comunicativos durante los procesos electorales en la democracia de referencia. Y como hipótesis comprobar cómo la progresiva americanización de la política es también consecuencia de la globalización cultural made in USA de la que el cine es un potente transmisor. De alguna forma estos retratos electorales ayudan a la consolidación y propagación de los usos electorales: por ejemplo la necesidad de los asesores (spin doctors) que ayudan al candidato a generar una narración comprensible. Las tres películas están separadas por dos décadas más o menos: El político de Robert Rossen 1949, El candidato Michael Ritchie 1972 y Ciudadano Bob Roberts de Tim Robbins de 1992. Esta cronología permite visualizar de qué forma la comunicación política ha ido incorporado estrategias comunicativas que la han desplazado hacia la producción de espectáculo. La campaña electoral de 1948 fue la última sin la participación del marketing político y Harry Truman en tres meses realizó 356 actos públicos, recorrió 50.000 kilómetros y estrechó 500.000 manos. En la campaña de 1952 los dos partidos dedican presupuesto a la comunicación política y comienza a desarrollarse un tipo de comunicación política muy diferente basado en la centralidad de los medios de comunicación audiovisuales como soporte de los mensajes políticos y electorales.

¿Hay alguna película estadounidense de política que usted destacaría por encima de las demás?
En principio, y creo que es coherente, destacaría las tres que he elegido por razones obvias. Pero si se trata de poner una por encima de los demás me inclino por El candidato. No porque crea que cinematográficamente sea mejor que las demás o que muchas otras que no aparecen en el libro. No creo que lo sea. Lo que me parece muy relevante de esta cinta electoral es su capacidad de anticipación de lo que la política ha devenido desde el año de producción con la dominación del relato audiovisual del discurso informativo y político. Además, de alguna forma define a la perfección los rasgos del género electoral y se ha convertido en referencia de aquellas películas que después se han aproximado al mismo fenómeno de las elecciones.

¿Y alguna serie?
No hay duda que hay series de política como House of Cards –basada por cierto en una serie británica que a su vez se basa en la novela del mismo título de - que tiene bastante interés. Pero aunque no sea una serie exclusivamente política, en su momento, me interesó mucho The Wire en su retrato de la política en una de sus temporadas. Más recientemente he visto dos temporadas de The Boss, sobre el alcalde de Chicago y su gestión del ayuntamiento y en ellas aparecen retratadas cuestiones muy candentes de la política municipal y sus planes de urbanismo pero también del show político como campañas electorales y financiación política. Es una serie política que merece una atención especial que no ha tenido la repercusión de otras más discutibles sobre los spin doctors como Scandal.

¿En España es tan acusado el uso de técnicas teatrales o cinematográficas por parte de los políticos?
Es cierto que los niveles alcanzados por los políticos norteamericanos son muy altos y nuestros políticos están todavía en camino hacia ese grado de show político. Es cierto que estamos en un proceso de americanización de la política que tiene que ver, entre otras cosas, con el grado de espectáculo ofrecido especialmente durante las campañas electorales. Hay elementos que ya se han interiorizado como parte del ritual electoral como son los mítines multitudinarios con un formato de concierto musical y con el candidato convertido en estrella del pop. También hemos asumido los debates televisados –con todas las implicaciones de puesta en escena y vestuario que impone este medio- y los spots electorales como herramientas de comunicación política. En el terreno de la publicidad electoral hay todavía bastante trayecto por recorrer en dos dimensiones: la publicidad negativa y el desideologización en favor de la emoción. En la actualidad se ha incorporado el concepto de storytelling, es decir, de relato o narración que debe construirse para trasladar la propuesta que un partido hace. Esto implica que el candidato debe asumir aunque sea inconscientemente un papel (hombre común o líder encantador, por ejemplo, han sido usados en la última campaña por los distintos candidatos) que se integra en el relato electoral y en función de ese rol despliega un discurso político. Como ya he señalado la última campaña electoral ha venido marcada por la participación de los candidatos en programas de televisión de entretenimiento. En ellos han desplegado determinadas facetas o actitudes –bailar, tocar la guitarra, practicar escalada – que ayudan a sustentar el personaje elegido para la campaña con rasgos personales del candidato. Este uso de la televisión ha sido llamativo en España porque los políticos españoles no tenían costumbre de hacerlo tan sistemáticamente sino algunos lo hacían muy puntualmente. Mariano Rajoy es el único que ha evitado este tipo de actuaciones pero su equipo debe visto la necesidad de aportar a su imagen algún rasgo desenfadado y ha filtrado un clip de video en el que se le ve bailar.

¿Cuál diría que es la principal diferencia entre los políticos españoles y estadounidenses en cuanto a la preparación de su imagen mediática?
En Estados Unidos la aceptación de las técnicas cinematográficas y televisivas para la construcción del discurso político se remonta a los años 50 del siglo XX Posteriormente la maquinaria electoral y la comunicación política se ha ido desarrollando y perfeccionando. En ese sentido, los estadounidenses nos llevan años de ventaja y desarrollo. Sus políticos tienen muy claro que para competir en política se debe trabajar la imagen proyectada en los medios y por tanto hacen un uso más eficaz e intensivo de las herramientas comunicativas como los debates, spot y puestas en escena adecuadas al lucimiento del candidato. Un ejemplo reciente sobre el que se ha ironizado bastante son las lágrimas de Obama al hablar del control de armas y las últimas matanzas en colegios. Al igual que sus discursos incluyen acotaciones para indicar pausas o señalar al cielo, en esta ocasión, sus asesores habían introducido una frase nueva: Para y sécate las lágrimas.

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