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20 de octubre de 2019, 13:29:25
ENTREVISTAS


Entrevista a Jenn Díaz, autora de “Madre e hija”

“Una historia se tiene que convertir en tan elástica que se pueda ver desde cualquier punto de vista”

Por Javier Velasco Oliaga

Jenn Díaz es una jovencísima escritora barcelonesa de la generación de los autores nacidos en los años ochenta. A razón de una novela por año, ya son cinco las publicadas con esta última, “Madre e hija”, y la llevan a una arrolladora y meritoria carrera que ha pasado por algunas de las principales editoriales del país. Ahora recala en Ediciones Destino, lo cual le augura un fantástico futuro.


Su literatura huye de lo comercial, es intimista y se le ha llegado a considerar heredera de Carmen Martín Gaite, Miguel Delibes y, sobre todo, de Ana María Matute, todos ellos escritores que supieron analizar la posguerra española y su posterior desarrollismo desde el intimismo y los sentimientos.

Su novela “Madre e hija” parte de unos hechos reales que conoció en un viaje a Chile para ver a una amiga. La casa donde estaba alojada era una mansión de Santiago de Chile en un barrio mitad urbano y mitad ciudad lineal o jardín. La casa oscura y un poco solitaria daba pie para que la dueña de la misma, Claudia, le contase su peculiar vida y su increíble historia de amor que en la novela toma el nombre de Natalia.

La muerte del marido cambia la vida de Natalia pero también de las otras mujeres de su vida, hermana e hija. Estas ven que sus vidas cambian de forma irremisible y tienen que afrontar la pena de la pérdida y aprender a seguir adelante en una casa sólo habitada por mujeres. “Lo que escribí es una transcripción de lo que me contó Claudia”, reconoce Jenn Díaz, pero si sólo hubiese hechos, apenas hubiera tenido mérito. La escritora rellenó las lagunas y se inventó todo aquello que fue necesario para dar verosimilitud a la historia.

La escritora catalana cuenta la historia que oyó “haciendo hincapié en las relaciones que tienen entre los protagonistas. A menos que lo necesite, intentó eliminar las referencias espacio temporales”, dice. Aunque la acción estaba basada en la capital chilena, Jenn Díaz no da ningún nombre de ciudad o de calle. “Dar toda la información no creo que ayude al lector. Si facilitas un nombre ya inmoviliza la trama y si no digo nada puede ser cualquier lugar, el lugar que el lector estime oportuno”, opina.

La casa donde se sitúa la trama es muy literaria, pero también lo es no dar toda la información al lector. “Procuro que no se encuentre todo mascado. En la vida hay cosas que se guardan sin explicación. Yo hago lo mismo en mis novelas. Que el lector rellene lo que haga falta”, sostiene convencida con una sonrisa en los labios mientras hablamos en la cafetería de un conocido hotel literario.

“La novela tiene diferentes voces. Me gusta mezclar dos voces. Yo me encuentro cómoda utilizando la primera persona, pero también utilizo en este texto la tercera persona, que aún siendo más fría, procuro tamizarla pareciendo que sea una primera persona. Esta tercera persona no deja de ser una primera persona falsa”, reflexiona la autora durante la entrevista y añade “mi objetivo es engañar a los lectores, que no sepan quién les está hablando”.

Desde que comenzó a escribir lo hace de la misma manera, con varios narradores y con muchos personajes. Sus novelas, podríamos decir, son muy corales. Reconoce que cuando se pone tiene una idea sobre lo que va a escribir pero nada más. “Una vez en una antigua editorial mía me dijeron que me escribiese un esquema con lo que iba a contar, pero aquello no funcionó. Me agobiaba llegar a lo que había programado”. Por eso le gusta escribir sin esquemas, partiendo de la idea primigenia, le gusta ver crecer la novela. “En esta ocasión, la tía se ha vuelto loca en mis manos y ha crecido hacia donde ella ha querido”, recuerda.

Jenn Díaz nos descubre el secreto de su escritura, aquel que bien conocen sus alumnos del Taller de Escritura que da: “Cojo un sentimiento mío, que conozco muy bien, y lo aplico a un personaje que no tiene nada que ver conmigo”. Es una forma de explorar lo que bien conoce ya que ese sentimiento es totalmente real. De todo el catálogo de sentimientos que tiene escogió uno y se lo dio a Dolores. También a sus alumnos les recuerda que “lo más difícil es crear una historia de la nada y hacer que sea creíble y sencilla”.

“Una historia se tiene que convertir en tan elástica que se pueda ver desde cualquier punto de vista. El truco es que ni yo misma sé lo que va a pasar con mi historia. Lo voy decidiendo según la voy escribiendo. Como veis, en mi caso, la trama no es muy importante. Lo mío es más de sentimientos”, concluye la simpatiquísima Jenn Díaz.

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