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24 de agosto de 2019, 15:42:31
ENTREVISTAS


Entrevista a Carlos Aurensanz, autor de “Hasday. El médico del Califa”

“Me interesó escribir una historia musulmana desde el punto de vista judío”

Por Javier Velasco Oliaga

Desde que en 2009 Carlos Aurensanz publicase “Banu Qasi. Los hijos de Casio”, no ha habido libro suyo que no hayamos tratado en TodoLiteratura. Hemos seguido toda su carrera y tenido ocasión de entrevistarle vía mail en un par de ocasiones. Ya era hora de que, por fin, nos conociésemos y pudiésemos hablar cara a cara para repasar su trayectoria literaria y, por qué no, personal. La impresión no ha podido ser mejor y la charla mantenida en la cafetería del hotel de siempre fue, sencillamente, entrañable.


Siete años ha estado documentándose y escribiendo sobre Banu Qasi. Su trilogía ha supuesto una cierta revolución en el modo de entender a la España musulmana de finales del primer milenio. Tanto se documentó para escribir su conocida trilogía que los conocimientos adquiridos le podrían dar pie para escribir muchas más novelas históricas sobre ese periodo de final del siglo X.

Sin embargo, está bien desintoxicarse y el año pasado cambió de registro y nos obsequió con un sensacional thriller ambientado en la Guerra Civil y los primeros años de la posguerra titulado La puerta pintada, una gran novela que esperemos continúe en un futuro. Ahora tocaba volver a ese al-Andalus de Abd al Rahman III, el célebre emir cordobés que elevaría el esplendor de la ciudad de los Omeyas para independizarla de Bagdad y convertirla en califato.

Y es justo aquí cuando aparece Hasday, el famoso médico del califa, que se convertiría en su hombre de confianza y al que mandó de embajador en una misión. “Antes de escribir La puerta pintada había comenzado a escribir esta novela. De repente se me apareció de imprevisto la idea de La puerta pintada y pensé que era el momento de aparcar la novela histórica y oxigenarme con un cambio de registro. La novela creció muy deprisa y en seis meses estuvo prácticamente escrita y utilicé otros seis en arreglarla”, cuenta con precisión y todo lujo de detalles.

Carlos Aurensanz entiende el oficio de escritor como una oportunidad para divertirse haciendo lo que le gusta y hacer algo diferente a su trabajo habitual, veterinario en el Matadero Municipal de Tudela. Fue su incursión en el thriller una alternativa a su trabajo como novelista histórico más técnico. La editorial mostró algunas reservas para su publicación porque no querían desorientar al lector de sus novelas históricas, pero se dieron cuenta de que no había que tener miedo a eso y el éxito que ha tenido demuestra que merece la pena arriesgarse. Además, el feed-back con los lectores ha sido mucho más intenso que con las novelas históricas. “Procuro cultivar las redes sociales para conocer las impresiones de los lectores”, confiesa.

Cree que el éxito de sus novela se debe a que “cuando se escribe sobre estos momentos históricos sólo se había tratado a Córdoba. De los demás lugares o poblaciones no había nada escrito. Con Hasday regreso a Córdoba, pero en este caso el protagonista es un judío. Un médico judío que consigue la confianza de Abd al Rahman III”, nos anticipa el escritor de Tudela y añade: “esta es una época que me apasiona, todo lo concerniente al momento de mayor esplendor del Califato cordobés”.

Y de esa época es Hasday, un personaje que apareció cuando se estaba documentando para escribir la trilogía de Banu Qasi y que lo dejó aparcado hasta que surgió la ocasión. “Me interesó porque me hacía ver la historia desde el punto de vista de otra cultura, la judía, en este caso, que apoyaron a los musulmanes en la conquista de la península Ibérica”, afirma el escritor y veterinario que, según como él mismo reconoce, no había tenido más contacto con la historia que lo que aprendió en el instituto. “Nadie tenía noticia en nuestra ciudad, por ejemplo, de quién fundó nuestra ciudad”, apostilla. Ahora, gracias a él, ya se sabe. Se ha estado documentando más de 10.000 horas para escribir sus cuatro novelas y alguna más que llegará, y ha sido tan eficaz, que una periodista le llegó a preguntar en cierta ocasión que si creía en la reencarnación, porque en su opinión creía que había vivido en esa época. Muchos siguen confundiendo la erudición con lo inefable.

Abd al Rahman III tendría seis apellidos vascos
Mucha gente no sabe que Abd al Rahman III tiene sangre vasca. “Tres cuartas partes de su sangre es vascona. Su madre y su abuela eran vasconas. En ese tiempo la esclavas vasconas era muy apreciadas por su belleza y solían convertirse en las favoritas de los personajes principales. El mestizaje que se daba en esa época y en todas, potencia las razas. La endogamia produce todo lo contrario”, señala con precisión y es algo que la historia ha demostrado, sólo baste recordar la decadencia de dinastías reales o ciertas razas.

Para escribir “Hasday. El médico del Califa” se basó en la documentación que tenía de su anterior investigación, pero pese a eso había lagunas. “Se conoce muy bien desde la madurez del personaje, no así sobre su infancia, de ahí que tuve que imaginar un personaje muy potente con una trama que arrastrase al lector. Ya en su periodo de madurez tuve que aplicar más el rigor histórico”, describe con tino sobre este personaje de unas capacidades excepcionales, que todas las tareas que asumió las hizo con un éxito enorme.

“En aquella época no era extraño ver triunfar en política o religión a personas de otros credos”, menciona. Hasday fue uno de ellos. Hay que tener en cuenta, que pese a eso, el califato tenía un poder omnímodo y que podía excluir a quien quisiese, más si no pagaba los estipendios pactados. Por eso, en Córdoba se permitía la libertad de culto a cambio del pago de impuestos. Pese a eso hubo muchas rebeliones y altercados.

La sociedad del califato cordobés era una comunidad muy preparada, tanto en lo científico como en lo cultural y eso era algo que le apetecía contar a Carlos Aurensanz en esta novela: “había muchos conocimientos, en la ciencia, en la medicina, se traducían los grandes libros del Oriente y había muchas bibliotecas donde se atesoraban esos conocimientos. Córdoba era un foco de atracción para los grandes maestros de la cultura hebrea”, apunta.

Fue una época de grandes avances con un gran afán por descubrir las grandes cuestiones de la humanidad y, por supuesto, de la medicina. No olvidemos que el protagonista era médico o físico. “Se descubrió de nuevo la anestesia, la esponja soporífera, y muchos de los principios de Galeno se demostraron falsos, como la teoría de los humores”, comenta en la entrevista que mantuvimos.

Hay que tener en cuenta que en aquella época las autopsias estaban prohibidas, de ahí que los grandes conocedores del cuerpo humano eran los médicos de guerra que por curar tantas heridas pudieron explorar el cuerpo humano. “Todas las religiones prohibían este tipo de operaciones. Una de las operaciones más florecientes era la de la castración de los eunucos. Había dos grandes ciudades donde se hacían, en Lucena y en Verdún, con un nivel de efectividad muy baja, de ahí su gran valor. Todos los castrados del califato eran intervenidos en Lucena”, rememora el autor de Hasday. El médico del Califa.

Carlos Aurensanz siempre lleva a mano bolígrafo y libreta para apuntar cualquier idea que le parezca interesante. “Yo voy anotando y luego voy tirando de ellas”, reconoce, lo mismo que hace cuando dice que “el trabajo previo de documentación es fundamental. Hago mucho trabajo previo pero tengo que reconocer que en esta novela ha habido más improvisación”, concluye.

Hasday. El médico del Califa”, como todas sus novelas, es un portento de erudición, pero eso no vale sólo para atraer a los lectores. Se necesitan unas buenas tramas, unos buenos giros y una buena literatura. El lenguaje de Carlos Aurensanz ha sufrido una evolución inevitable hacia una madurez estilística que envuelve al lector en la lectura de historias y tramas originales y muy desconocidas. Ya se está encargando Carlos de hacerlas conocidas.

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