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"Belleza trina" de Edvard Zeind Palafox

Por Eduardo Zeind Palafox
jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Muchas ciencias han olvidado, nos cuenta en sus `Lecciones´ el preciso García Morente, sus orígenes filosóficos, y haciéndolo niegan la armonía del mundo, niegan que hay en éste algo verdadero, universal, tal como la belleza, que se encuentra expresada en diversas culturas, aunque harto lejanas, de modos similares. 

Las ciencias, en su vida ascética, aislada, concentrada en un pobre objeto, desdeñan los símbolos que nos han servido de referentes para conocer lo desconocido, para explicar los mitos o deshacer fábulas; en fin, que la especialización de los eruditos en bagatelas ha provocado que todo el saber humano, desde el técnico hasta el filosófico, esté desconectado, o en palabras de los clásicos, en discordia.

Sin atrevimientos buscaré sacar a la luz, que no demostrar, que las ciencias que todo lo analizan no han podido desmoronar del todo el edificio del arte, fuerte que soporta embates de todos los lugares y las prevaricaciones de todas las lenguas. Los griegos jamás confundieron el método escéptico, herramienta del pensamiento, con el escepticismo en sí, puro. ¡Negadlo todo, menos la vida, dictaminaba Ortega y Gasset! Muy diferente es dudar de algunas cosas y creer en otras que descreer de todo sin tener motivos para hacerlo. Ya Menéndez Pelayo, grande en generalizaciones merced a su enorme erudición, decía que la mente humana se place en paradojas, en la complicación, en porfiar diciendo que Shakespeare no era poeta y en más triquiñuelas dignas de ignorantes que sólo quieren granjearse fama echando mano del escándalo, instrumento del incivilizado que en viéndose incapaz de atraer la atención en fina tertulia desespera y grita para señalar su presencia. 

En fin, decíamos que los griegos sabían discernir, sabían cuándo sí o no creer, cuándo poner en duda sus leyes y cuándo derrocarlas a fuer de discursos y de discusión. Saber guardar silencio y hablar con claridad y elegancia es saber guardar la paz y tolerar al prójimo que disiente de nosotros. De aquí la palabra "hellenismos", derivada del verbo "hellenizo", que significaba "hablar griego", pero sobre todo "hablar griego correctamente", sabiamente, según señala Jaeger en su profundo libro `Cristianismo primitivo y paideia griega´. Todas las lenguas que conocemos contienen en su léxico términos para designar el tiempo, ya trifurcado, ya bifurcado, ya infinitamente dividido o callado; y tal uso, vertido a la epistemología, ha forjado las categorías de "sujeto" ("yo", "pasado", "consciencia", "historia"), "objeto" ("futuro", "progreso", "construcción") y "acto" ("presente", "acción"), y además las del teatro "tiempo" ("histórico", como en la épica), "espacio" ("escena") y "acción" ("trama", "destino", "incógnita"), y también las de la filosofía "substancia" ("vino añejo"), "accidente" ("vino añejo francés") y "corruptibilidad" ("vino francés echado a perder"). 

Tales categorías, directa o indirectamente, tienen que influir en el arte, que es la representación de lo universal, de lo categórico, en lo particular.  Pitágoras, nadie lo ignora, creía que el número "tres" no tiene madre, pues no es engendrado y engendra todas las cosas; nadie pasa por alto que el Dante, para urdir su `Comedia´, usó "tres" escenarios, el `Infierno´, el `Purgatorio´ y el `Paraíso´, ni que representó con el águila todos los espíritus del mundo, facsimilarmente a como hízolo Ibn `Arabi, que con el águila representó el `Intelecto primigenio´, idea que hay en Platón, en Plotino, en toda la escolástica y hasta en Freud, que trabajó con los mitos de los antiguos, si hemos de creer en Steiner y en el doctísimo `Tres estudios sobre pensamiento y mística hispanomusulmanes´, de mi maestro Asín Palacios. 

Los dantistas de Italia, ha dicho Dámaso Alonso en su discurso `Vida de don Francisco de Medrano´, que usó para agradecer su ingreso a la `Academia´, niéganse a aceptar el influjo que la escatología musulmana tuvo sobre el Dante, y lo hacen por escrúpulos de purismo que afanan hacer del italiano que soñó a Eneas único entre los únicos, bardo sin bardas. ¿A qué deslindar la historia? Culpa de tal querencia la tienen las ciencias nuevas, que no quieren recordar sus orígenes ni la provincia en que se desarrollaron. ¿Diremos que el águila que "se aferra al peñasco con garras encorvadas", citando un verso del inglés Tennyson, es un águila que nada tiene que ver con los árabes y con los italianos? ¿Diremos que las nociones de "qabd" y de "bast", "aprieto" y "anchura" respectivamente, categorías enristradas por la poética mística de Ibn `Abbad, nada tienen que ver con las de San Juan de la Cruz, que mucha poesía hizo sobre la "noche" y el "día", sobre la constricción de la angustia y sobre la oronda felicidad del liberal? Asín, doctísimo, ha encontrado analogías donde otros veían discrepancias, señal ésta de agudeza, discreción e ingente erudición. 

¿Negaremos, por parecernos a los miopes de la ciencia, que algo de árabe y de italiano hay en los anexos versos de Lope:  "Desmayarse ["qabd"; "noche"], atreverse ["bast"; "día"], estar furioso ["qabd"; "noche"],/ áspero ["qabd"; "noche"], tierno ["bast"; "día"], liberal ["bast"; "día"], esquivo [no es menester seguir],/ alentado, mortal, difunto, vivo,/ leal, traidor, cobarde y animoso"? ¿Quién no ve tales altibajos constantes bien peculiares en todo el arte latino? "Sufrir, llorar, morir", dice un Urbina que nos recuerda, otra vez, el número "tres". "Tres" son los dioses principales de casi todas las culturas. "Todo es Dios en el origen; después el Verbo y el Espíritu", leemos en el Oráculo de Serapis, conservado por Heráclides del Ponto y Porfirio; tres son las grandes religiones, cosmovisiones que entre el fárrago de formas percibieron que podían convivir; he aquí ejemplo de tal convivencia dado por Asín en su obra citada: "a ellas [tertulias de jaez alejandrino] concurrían cristianos, judíos, zoroastras y musulmanes; filósofos y matemáticos al lado de poetas y políticos; ateos y materialistas, unidos a herejes de todas las sectas. Sus labios pronunciaban los nombres de Platón y de Empédocles, de Temistio y de Anaxágoras, con el mismo respeto que los de Hermes y Jesús". 

¿Y no ha confesado Joan Vernet que traduciendo el `Alcorán´ conoció que judíos, árabes y cristianos tienen un mismo Dios? El Salterio nos educa. El salmo 1, versículo 2, sostiene que el creyente "se recrea en la ley de Yahvé, susurrando su ley día y noche"; el 63, versículo 7, dice: "Si acostado me vienes a la mente, quedo en vela meditando en ti"; y en el versículo 13 del 77 leemos: "medito en toda tu obra, pienso en tus maravillas". Ley (química y física del arte), meditación (sociología y antropología del arte) y maravilla (cosmología del arte), es tríada que hace del hombre lo que es y no una mera "bestezuela", a palabras de San Juan de la Cruz, es tríada de formas, de miedos y de asombros que demuestra que la belleza es una y trina y no un panteísmo que mal entendido deviene en politeísmo, mas sí en cosmopolitismo. ¡Más ejemplos! Kant inventó un "imperativo" (una razón pura, práctica y juiciosa) moral que enseña a cumplir nuestras tareas sin pensar en la recompensa; y Hillel, lejano entre los hombres, inventó otro: "No es necesario que acabéis el trabajo, pero ninguno de nosotros es libre de abandonarlo". ¿Qué similitud vemos? Hillel habla de "necesidad" (pureza natural), de "trabajo" (praxis) y de "libertad" (juicio), tópicos coincidentes con los de Kant. Vese que todos los hombres somos iguales al cerrar los ojos, pues imaginamos los mismos ídolos, aunque vestidos de maneras diversas.

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