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El metabolismo de los reptiles
El metabolismo de los reptiles

“El metabolismo de los reptiles”: la ausencia como herida atemporal

miércoles 24 de julio de 2019, 12:37h
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Ánuar Zúñiga Naime (México, 1982) está considerado una de las voces emergentes de la actual poesía mexicana y ello, dada la calidad de los poetas mexicanos y la extensión del país, es decir mucho. Autor de Sector 7-G, debút que entre 2013 y 2017 fue reeditado tres veces por editoriales distintas, Zúñiga Naime, además de ser un enamorado del cine, ha trabajado como cámara, productor y guionista. Esto explica su tendencia a la descripción visual, a la imagen como cristalización de la emoción. Y no solo el poeta debe al cine su vocación fotográfica, también bebe de sus referentes y su legado artístico.

Dos elementos paratextuales ubicados como primer encuentro con el lector corroboran este culturalismo cinematográfico: «Papá, van a sacar una película de la Liga de la Justicia» y «¿Qué pasa McFly? ¿eres gallina?». El siguiente encuentro con el lector, también paratextual, anticipa a la ironía como tono natural en el discurso del hablante lírico: «¡No deje pasar más tiempo! / Dé vuelta a la página / y todos sus sueños se harán realidad»: en una nota a pie de página se nos aclara que algunos sueños conllevan restricciones y puede que no coincidan con los poemas contenidos en el libro. Aunque yo prefiero interpretar la maniobra de este imperativo lenguaje publicitario como una ruptura ficcional, y por tanto, la constatación de que nos encontramos frente a un texto —supuestamente— modernista.

Ya en el primer poema, titulado “Pretty hate caffeine” encontramos algunos rasgos formales que identificarán el estilema del autor vinvulado a un realismo crítico y negro, enclavado a pie de calle en una sociedad moderna. Empezando por los títulos de los poemas, casi todos ellos escritos en inglés, y siguiendo por la renuncia a puntuar los versos (solo hay un punto al final de un párrafo en el primer poema). Esta irreverencia gramatical es acompañada de su analogía ortográfica: Ninguna estrofa o poema comienza con letra mayúscula, ni se escriben en cursiva los extranjerismos. Tampoco comienzan con mayúscula los nombres propios y, por la morfología de algunos términos, se deduce que el autor emplea en su discurso —quizás como recurso enfático, además de cultural— la variante diatópica del español de América.

Sin dejar el primer poema, y si nos fijamos bien en todo lo que propone a todos los niveles, advertiremos el uso de la primera persona como perspectiva de un hablante lírico que con talante dialogístico se confiesa ante el lector. Pero el mensaje que los poemas transmiten no es solo confesional, el propio punto de vista de las descripciones del mundo hace que se convierta en denuncia, en crítica: «soy el ciudadano promedio / y tengo más miedo / al hambre / que al fracaso». El primer verso citado ahora mismo se repite anafóricamente hasta cuatro veces durante el poema, algo que lejos de tomarse como reminiscencia de la tradición en forma de leixaprén, sugiere más lo autómata de la rutina, el mecánico hastío en su proceso de aliteración. A esto contribuye también la repetición de otros versos y palabras, como «mis padres me enseñaron» o las palabras `soy´ (la cual comienza cinco versos) y `tengo´ (la cual se repite hasta siete veces).

Este primer poema es un paradigma propedéutico, en cuanto a que sus caracterísiticas serán las mismas que podamos encontrar en todo el poemario. Aparecen los padres en el primer poema, y con ellos, su función tutelar. Este hecho es significativo, ya que la figura del padre irá apareciendo a lo largo de poemario para constituirse el eje, alrededor del cual gira el decadente mundo y la conciencia herida del hijo que trata de superar el recuerdo de su muerte.

Condenado a vivir pese a no reconocerse «y no tengo salida de emergencia», el yo poemático debe asumir las consecuencias del metabolismo del capitalismo en la urbe moderna: «la casa en que crecí ahora / es una sucursal de starbucks». Y es el propio protagonista el que advierte poseer otro metabolismo, el de los reptiles, para ser consciente de la ambigüedad de lo real: «pero tengo el metabolismo de los reptiles y me toca / ver las dos caras / de muchas monedas». La cosmovisión como trasunto de la experiencia, del conocimiento, es la causa del sentimiento de frustración y culpa en quien se enfrenta a males endémicos de un sistema: «en el decimosexto año de mi vida descubrí / que nunca sería travis en taxi driver / que a lo mucho sería la luz roja / el semáforo que te hace perder el tiempo».

La ausencia de comas y puntos, así como de otros signos, evita que hagamos una lectura rápida y superficial de los versos. Las proposiciones yuxtapuestas e ininterrumpidas dan cierto grado de independencia al lector, quien puede convenir que una frase termine aquí o allá, conformando con ello su propio recorrido de lectura. Adquiriendo, así, un porcentaje como obra abierta, el efecto elíptico resultante cobra mayor relevancia aquí que en textos donde la puntuación veta las citadas libertades.

Zúñiga Naime utiliza el verso libre y el lenguaje coloquial en sus poemas estróficos. Su extensión, varía de un poema a otro. Podemos encontrar desde poemas de varias páginas a poemas de dos versos. El poemario no se parcela en áreas temáticas y discurre continuo de principio a fin. La posibilidad macrotextual se afianza con cada lectura y su cohesión y coherencia son tales que su intertextualidad es consustancial.

La muerte del padre marca la zona cero de la devacle general: «llaman en mitad de la muerte de mi padre / para ofrecerme una tarjeta de crédito»; «la muerte de mi padre fue mentira / hasta la cuarta noche / la taza de café empezó a temblarme». El poeta huye del patetismo y el sentimentalismo pero menciona una y otra vez ese punto experiencial detenido en el tiempo: así dibuja la coordenada de su angustia.

Poeta de voz torrencial, poemas de naturaleza salvaje: los versos de Zúñiga Naime destilan acidez y libertad a partes iguales. Poeta de notoria presencia en las redes sociales y plataformas como Youtube, su poética abarca diferentes temáticas y recursos extraídos de la sensibilidad cotidiana: amor, celulares, drogas, series de televisión, rutina, juventud, cambios y depresión. Todo ello lo convierte en un equilibrista de incertidumbres, pero también en un cronista de su tiempo que conecta a la perfección con esa generación del desencanto que —de alguna manera— representa.

Publicado como decimoctavo número de la Colección de poesía de la Fundación Obra Pía de los Pizarro, El metabolismo de los reptiles es la valiente apuesta editorial del poeta José María Cumbreño, editor de Ediciones Liliputienses, quien desde hace unos años se ha erigido como dinámico promotor en España de la poesía joven hispanoamericana.

AFTER MIDNIGHT

una vida se mide en cuartos
de hotel ventiladores
cajas de cartón restos
de comida en empaques
de unicel

(no en cumpleaños navidades

y divorcios)

Puedes comprar el poemario en:

Ánuar Zúñiga Naime
Ánuar Zúñiga Naime
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