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Andrés Trapiello
Andrés Trapiello (Foto: Javier Velasco Oliaga)

"Madrid", la biografía urbana de Andrés Trapiello

viernes 23 de octubre de 2020, 13:00h
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Andrés Trapiello, que ha cultivado la novela, el ensayo, la poesía, los diarios, el artículo periodístico; que se ha aventurado con éxito a adaptar textos antiguos como el Quijote; que se ha ocupado con cuidado y detalle de la parte material del libro en tanto que editor, se adentra ahora en un mundo diferente, tanto por el género al que recurre --¿cuál es?--, como porque escoge una ciudad para hablar de ella.
Madrid
Madrid

Las ciudades tienen un origen en el tiempo y un límite en el espacio; aquél no cambia, éste así, y a esas condiciones de la ciudad hay que añadir el hecho de que, como vio Italo Calvino, en toda ciudad está la parte visible y la invisible, la que es de cada uno, apenas transferible cuando se la contamos a un amigo. Esta es la perspectiva que ha utilizado Trapiello para hablar de la ciudad en la que vive desde hace casi cincuenta años, ese el punto de vista en el que sitúa al lector, mezclando y combinando lo externo y lo interno, lo que es arquitectura, historia, movimiento, forma, con los propios recuerdos, las experiencias, las miradas, el amor y la crítica a una ciudad como Madrid, de la que siempre se dice que es tan acogedora que no rechaza a nadie porque no tiene identidad.

Y sin embargo, los mismos que señalan esto, a renglón seguido formulan una serie de tópicos positivos y negativos, más o menos ajustados, que le confieren esa identidad negada.

Por el tono de algunas partes, el libro de Trapiello puede situarse en la saga de grandes libros sobre Madrid, como los de Díaz Cañabate y sus tertulias, o Ramón Gómez de la Serna. El relato alterna momentos íntimos y personales de esta especie de biografía urbana de Trapiello con la narración histórica. Madrid puede leerse de varias maneras, ninguna excluyente: como un relato que imbrica la historia urbana con la del autor, o yendo a los apéndices temáticos, que recorren desde figuras importantes relacionadas con la capital (Goya, Mesonero Romanos, Larra, Gómez de la Serna, Galdós, Juan Ramón, Edgar Neville), hasta asuntos como la gastronomía, la prensa, los museos, la arquitectura, el coronavirus. Pero, además, gracias a un impagable índice de nombres (todos los libros deberían llevar el suyo), se puede resolver la curiosidad, no necesariamente malsana, de saber si aparece este o aquel y conocer qué dice de él.

Pero no todo son palabras, el retrato de la ciudad no estaría completo sin imágenes que acompañaran al texto, aunque a veces sea al revés, porque el libro está generosamente ilustrado y algunas tienen enorme fuerza evocadora. Para alguien que gusta de mirar, que colecciona imágenes en su cabeza pero también cuadros y fotografías, la parte visual del libro es tan importante como la textual. Y esto produce un importante efecto, porque tantos planos de diferentes épocas, fotos de distintos tiempos, retratos, dibujos, caricaturas, proporcionan al libro una densidad de estratos similar a la de la historia o la geología, que se trasladan al lector, de modo que las lecturas y las ilustraciones se superponen y, por ejemplo, ante una fachada o una calle, puede ver las capas anteriores que la actual oculta. Emblemática a este respecto es la fotografía del desaparecido scalextric de Atocha.

En un ejercicio de paralelismo compositivo, la parte narrativa de Madrid comienza con la llegada del autor desde León a la estación del Norte, es decir, desde la periferia a la periferia, y termina en “Las afueras”, espacios de Madrid que han cambiado tanto como zonas de su interior en los últimos cincuenta años. Y este ir de la periferia al centro para volver a los arrabales traduce una de las características del autor, andarín, observador de la ciudad y de sus gentes, que lo vincula con dos figuras que aparecen una y otra vez en el libro, casi como ángeles tutelares. Me refiero a Benito Pérez Galdós, omnipresente, y a Pío Baroja, grandes conocedores de la ciudad, de sus habitantes, de los secretos que aquélla y éstos guardaban.

Y para terminar, si el libro es un canto de amor a Madrid, con lo que esto supone de rencillas, resquemores, malos y buenos recuerdos, evocaciones, sueños cumplidos y defraudados, es también un canto a la amistad, al intercambio, a la charla, como ponen de relieve las páginas dedicadas a las “personas y personajes” que han acompañado al autor, porque, en efecto, una ciudad es también y sobre todo las personas con las que vivimos.

Joaquín Álvarez Barrientos es autor de la novela Una historia de impostores

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