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“La enfermedad de escribir”, de Charles Bukowski

miércoles 16 de diciembre de 2020, 20:04h

Con el título de “On writing” se publicó en Nueva York en el año 2.015, el último texto por ahora, de Charles Bukowski, que ha sido puesto en circulación en España por la Editorial Anagrama -en este mes de diciembre- con el nombre de “La enfermedad de escribir”.

La enfermedad de escribir
La enfermedad de escribir

Se trata de 146 cartas -si no las he contado mal- de las miles de ellas que escribió, desde octubre de 1945 hasta febrero de 1993, encaminadas a obtener los favores de directores de revistas culturales, periódicos, editores literarios y escritores de su época, o, a ponerlos de vuelta y media, que también las hay, como es de suponer en una pluma como la suya.

Con este manojo de epístolas puede aprenderse más de la vida, la obra y el indómito carácter de Bukowski, que leyendo cuanto editó a lo largo de su vida, que, dicho sea de pasada, no fue más que una ínfima parte de lo que aporreó en las teclas de sus máquinas de escribir, porque, la mayoría de sus poemas y relatos, se perdieron las más de las veces porque enviaba los originales y no guardaba copia.

“Ni siquiera soy un artista de verdad, sino una especie de impostor que escribe desde el asco más absoluto. Pero cuando veo lo que escriben los demás, sigo adelante.”, decía el 9 de diciembre de 1954.

“(…) hay infinidad de escritores que no saben escribir, siguen usando los mismos lugares comunes y fórmulas caducas, y tramas desfasadas, y poemas sobre la Primavera y el Amor, y poemas que se creen muy modernos porque usan jerga y staccato o minúsculas para todo, o, o, ¡¡¡o!!!”. (13 de noviembre de 1956).

“Hemingway, Sherwood Anderson, Gertrude Stein o Saroyan fueron de los pocos que cambiaron las normas, sobre todo en temas de puntuación y fluidez narrativa. Por supuesto, James Joyce fue más allá.” (22 de abril de 1959).

“Gran parte de la obra de Faulkner es pura mierda, pero una mierda inteligente”. “(…) respiré con más libertad cuando Faulkner murió, no porque hubiese más espacio sino porque nos marearía menos”.

“Creo que las cartas son tan importantes como los poemas y expresan cosas de un modo que no se puede hacer en los poemas y viceversa”, con esta premisa, debemos leer este libro, sabiendo la importancia que Bukowski le daba al género epistolar, desafortunadamente perdido por el avance de Internet y las redes sociales.

Tal como dice en el epílogo Abel Debritto, “estas cartas permiten seguir de cerca la lucha incansable de Bukowski por convertirse en un icono literario.”

Debo destacar a los posibles lectores los escritos dirigidos a John Fante -al que adoraba-, Henry Miller, Whit Burnett, Caresse Crosby o Lawrence Ferlinghetti; también su entusiasmo, en muchos casos posteriormente atenuado, por Tennessee Williams, Céline, Dostoievski, Jean Genet, D. H. Lawrence, Winters, Eliot, Tate, Ginsberg, Camus, Hemingway, Knut Hamsun, Kafka, Gorki, Pound, Sinclair, Burroughs y otros muchos.

“(…) he vivido lo mío: los bancos públicos, las fábricas, las cárceles; vigilé la puerta de un burdel en Fort Worth, trabajé en una fábrica de piensos para perros, cumplí condena con el Enemigo Público N.º 1 (¡vaya suerte la mía!); robé y me robaron, me desangré en los hospitales; me arrejunté con todas las putas y zorras locas habidas y por haber; trabajos terribles, mujeres terribles, de todo, y casi nada aparece reflejado en mi poesía porque todavía no soy lo bastante hombre y tal vez nunca lo sea (…)”.

La vida de Charles Bukowski se le aparecerá más nítida, lo que no quita que haya que aceptar ni su conducta, ni sus vicios por el alcohol y las drogas, ni su forma de pensar, ni su comportamiento…, pero, lo que es indudable, es que se propuso escribir y lo hizo, además bien, y estas cartas contenidas en “La enfermedad de escribir” le ayudarán a entenderlo mejor si ese es su deseo.

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