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Walter Benjamin
Walter Benjamin

"Influencia de la literatura en la epistemología" por Edvardo Zeind Palafox

Por Eduardo Zeind Palafox
jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Ignoro si los meditadores del mundo sajón, único mundo pensante, han hecho alguna pesquisición para determinar el influjo que tiene la literatura sobre la epistemología y ésta sobre la otra. Allende Walter Benjamin, Bajtín, Gadamer, poco o nada sobre el tema hay digno de mi interés. Todo científico moderno, como los mentados, debe llevar en sí un poeta y un filólogo. Ser filólogos nos ayuda a tener siempre presentes las burlas que el lenguaje hace y ser poetas a no amarrarnos a los métodos.

Sobre los objetos hay imágenes, pueriles superficies, que además son recubiertas por las palabras, siempre llenas y como saturadas de etimologías, que es decir cúmulos de historia; y encima de las ideas hay temor, dubitación, que se elimina cuando nos ceñimos lastimera y prejuiciosamente al formalismo, al quehacer seguro, que aunque poco lleva a buen puerto tampoco expone a la tormenta los "leños móviles" de nuestros pensamientos, como solían llamar los antiguos a las embarcaciones.

Justifico este tedioso exordio para poder exponer sendas ideas que tuve luego de leer por vez tercera los "Nombres" del prosista más alto de la castellana lengua, Fray Luis de León. Leyéndole siente uno serenidad, una como santidad, paz. La paz, creo, se explica por el espacio, y la santidad por el tiempo. Toda epistemología puede ser de dos modos, según la grosedad de mi caletre: dinámica y quieta. Un mundo que no deja de moverse exige de nosotros quietud, y lo contrario. La epistemología del quiestismo, por llamarla de algún modo, da paz, y la del dinamismo algo así como santidad. Los "Nombres" de Fray Luis, por cierto, son quietos, hacen que sintamos que hay un mundo afuera que de nosotros poco o nada depende.

La literatura toda llega hasta las cabezas de los hombres por caminos no oídos ni vistos y se instala en ellas por la vía lingüística. Ejemplifiquemos imaginando un botánico que lee en sus horas dispersas la "Cábala". ¿Qué acontecerá en su magín después de algunos años de lectura cabalística? Que empezarán las cualidades a cuantificarse, que las trapatiestas mundanas, tales como los ecosistemas, los hábitats y demás, se figurarán sistemas políticos, y que lo abigarrado se tornará en acertijo y lo ignoto en noche. La epistemología, así, es mudada por la literatura, por lo fantástico.

No existe observancia inocente, pura, libre de sentimientos, de lenguaje; no hay, en fin, como quiere Fray Luis, puridad en la "episteme". Él dice: "Que como la naturaleza, a los ojos, para que pudiessen recebir los colores, cría limpios de todos ellos, y el gusto, si de suyo tuviesse algún sabor infundido, no percebiría todas las differencias del gusto, ansí no pudiera ser Christo universal principio de limpieza y justicia si no se alejara dél todo asomo de culpa, y si no athesorara en sí toda la razón de justicia y limpieza". Y pues ya se vio que es quimera la pureza sensorial, hágase algo para lograr la emocional.

¿Qué sentimiento es el científico? La naturaleza hace ludibrio incansable del hombre, que ante toda su productividad se extasía. Éxtasis mental, mejor referido con la palabra "asombro" por Aristóteles, es el sentir del que practica cualquier ciencia. Dificultad insuperable es mirar derechamente al sol, dice el símil clásico, problema que nos obliga a trabajar con el concepto "sol", que no arde, ni brilla, ni quema, mas sí cambia su significado hora tras hora. El cerebro cambia al son de los sentimientos y los sentimientos cambian al de los sentidos, que dependen del mundo, que depende del mito.

Sería necesario aquietar el mundo para que el cerebro estuviese sosegado, imposibilidad sólo pensada por los bienhadados literatos, que cuando son buenos, sinceros, amadores de la creación, no se curan de lo que circunda y concentran todo su furor en enarbolar supuestos con los que la mente pueda perfeccionar su saber. Bello ejemplo de tal praxis lo da el Valdés del "Diálogo de la lengua" cuando arguye: "yo, quando escrivo castellano no curo de mirar cómo escrive el latín". ¿Qué nos enseña Valdés? Que creando no miraba en etimologías latinas ni en sus gramaticalidades.

¿Qué es crear? Es hacer antropomorfosis, que yo tengo por musicalización, acto que en la dialéctica del pueblo alemán, tan fino en materias musicales, se representa con la palabra "negatividad", citando al Kant de la "Crítica de la razón pura". Fray Luis escribe que interjección es burdo sonido sin gestos, ausencia de música, o rostro sin facciones, sin humanidad. Musicalizar es, entonces, trazar rasgos, dividir, rasguñar el viento dándole cualidades. Y cabe preguntar si las cosas del mundo nacieron con los rasgos que ostentan o si alguien como Adán, literato en el "Génesis", les puso tales rasgos, que arrebujados conforman "nombres".

Parece que la ciencia se dedica a preguntar y la literatura a responder, a dispensar soluciones de tipos varios, fantásticas y objetivas. ¿Fue primero preguntar o proponer? ¿Es preguntar reacción o emprendimiento? Es el pueblo judío gran preguntante y gran averiguador, y seguro nos atisbará alguna respuesta. G. Scholem, en su hermosa obra "La cábala y su simbolismo", cap. "Cábala y mito", asienta: "Un pensamiento no compuesto de preguntas y respuestas es –desde luego– un fenómeno extraño en la república de los judíos, los más apasionados interrogadores del mundo, que incluso son famosos por responder a preguntas con preguntas. Y quizá constituya un primero y extraño indicio del contenido –que perduraba aún en formas muy tardías– de un pensamiento narrativo, pero que había dejado de ser interrogativo, de una "filosofía narrativa" –usando la expresión de Schelling– según el ideal de los grandes filósofos de la mitología".

La "narración" de los primeros hombres, que no tenían formación literaria, precaución epistemológica, fue literaria; luego, y sin creer que proferimos novedades, fue la literatura antesala de la ciencia. Responder preguntando es responder a lo literario, suponiendo y aceptando y esperando, cambiando los afectos "acres", "pathi", por "suaves", "ithi", al decir griego.

Todo científico, para atender lo que hace, para no engañarse, deberá empezar sus estudios por la literatura, donde se formó el lenguaje, la instrumentación que usará para no ser víctima del "falso metodologismo", que dice Gadamer "es responsable de la extrañeza del concepto de objetividad en las ciencias del espíritu", gigante escéptico que imaginaba luchar contra "el espiritualismo idealista de una metafísica de la infinitud al modo de Hegel". ¿Se ha ganado algo siendo incrédulos? De ninguna manera. Hoy los estudiosos de la literatura, que se llaman "críticos", "teóricos" y "filólogos", han urdido métodos para acercarse, por ejemplo, al poema, que sólo puede ser leído con ojos poemáticos.

Pueden leer más artículos del autora en: 

Blog personal: http://www.donpalafox.blogspot.com

Diario judío: http://diariojudio.com/autor/ezeind/

El Cotidiano: http://www.elcotidiano.es/category/columnistas/critica-paniaguada/

Leonardo: http://leonardo1452.com/author/eduardo_palafox/

Deliberación: http://www.deliberacion.org/?s=Eduardo+Zeind+

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