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Lope de Vega
Lope de Vega

"El Lope economista y el Marx poeta" por Edvardo Zeind Palafox

Por Eduardo Zeind Palafox
jueves 23 de octubre de 2014, 13:23h

Los hombres, burros, hacen hasta lo imposible, que pocos conocen, para paramentarse, para echarse encima oro que los haga lucir valiosos. Mas los burros, con todo y el oro deben cargar, y en acarreando grandes pesos delatan su debilidad y se ven asaltados, abandonados de su oro, cabizbajos y afanosos de un dueño.

¿Quién querrá mandar sobre un imperio de burros? El capitalista, que no quiere gloria ni reputación, sino placer y palmas. Mucho placer no da gloria y deja aterido, y excesiva gloria quita la sensibilidad, entume, mata el nervio, la piel. ¿Cómo puede andar así, aterido, el capitalista? Éste no es gente, persona, sino personalidad, vacuo simbolismo, que diría Marx.

El gran acierto de Marx, filósofo histórico, fue sacar a la luz los entes de razón que pasan por hombres y que gobiernan a los hombres, que como tenemos dicho son burros hambrientos de oro. El oro, para hablar a lo moderno, es dinero; el burro, para hablar a lo real, es el hombre, y tal binomio pintoresco, notémoslo, conforma el rebuzno profesional, el refrán.

¿Qué es el “rebuzno profesional” o refrán? Es el habla obligada, servil, que el burro profiere para complacer los oídos de su amo, ciudadano del vulgacho. El señor George Steiner ha escrito uno que dicen es ensayo, intitulado “Canta dinero a la diosa”, donde nos refresca la memoria repitiéndonos el nunca bien afamado por asnos refrán norteamericano que dice: “Time is money”.

Ni Aristóteles, ni Platón, ni Kant, pudieron hallar los lazos que casan inexorablemente en la caótica mente humana lo que es físico con lo que es metafísico, lo que es carne y lo que es espíritu, pero sí los venteros, como mal llamo a los comerciantes, que son vendedores que eligieron vender, lo acepten o no, porque no saben pintar, ni escribir, ni atormentar sosiegos con pianos.

Razonemos el áulico refrán, que oculta la esencia de toda explotación, de todo abuso asnal. Invirtiendo el refrán como Marx invirtió la filosofía de Hegel, encontramos que el “dinero hace al tiempo” o que el dinero es la medida del tiempo. Con dinero tengo tiempo, mas con tiempo, así a secas, no obtengo dinero. ¡Ay, lenguaje, que nada puede ocultarnos!

La palabra “tiempo”, representación fonética de una abstracción, refrán, sobra, y en vez de ella es necesario, para pensar, colocar la palabra “movimiento”. ¿Es el “movimiento” dinero? Ya adelantamos, aunque poco. Moviéndome locamente, sin coherencia, no allego billetes, ni bancarios ni de enamoradas; moviendo un instrumento de trabajo, en cambio, sí llego dinero.

La virtud suasoria del refrán mentado estriba en la vaciedad de la cabeza de los burros, que dice Steiner es “una tierra baldía debido a la decadencia de las religiones conocidas”. Yo diría “filosofías” y no “religiones”.

Los burros, que eran religiosos, gozaban con el ritualismo, conocido hoy con la palabra “método”. El ritual es para la religión lo que el método es para la ciencia, un camino y una dirección. ¿Pero qué métodos o rituales hacen falta frente a una máquina que “burla burlando” escupe todo lo que es menester? Ninguno. ¿A qué gastar el caletre estudiando?

Lope, en soneto famoso, declara cómo producir sonetos vulgares que satisfagan al vulgo y a sus burros: ciñéndose al puro contar versos, “pues catorce versos dicen que es soneto”. Él no se conturbó ante los aplausos petitorios del público corriente que quería secarlo, y le dio necedades que hoy son adoradas religiosamente. Acicateo al lector para que finja ser jumento y sea hacanea que cargue oro en los lomos y filosofías en el caletre, filosofías que prestas harán cosa despreciable al oro.

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