EVENTOS

Ignacio García-Valiño regresa con “El ruido del mundo”

Ignacio García-Valiño y Alberto Marcos

“Necesito escribir novelas para vivir”

Javier Velasco Oliaga | Jueves 23 de octubre de 2014

Cuatro son muchos años entre novela y novela. Ignacio García-Valiño es un escritor concienzudo y perfeccionista que da vueltas sobre un argumento y sobre el estilo literario hasta encontrar lo que busca. No le importa tardar más tiempo del necesario porque no vive de la literatura. Su trabajo como psicólogo escolar, oficio que le encanta, le permite una sosegada vida ajena al ajetreo editorial.



El resultado de este tiempo alejado del mundanal ruido ha sido El ruido del mundo una novela intimista que acaba de publicar Plaza y Janés de la mano del editor Alberto Marcos, que estuvo al lado del escritor aragonés en la presentación de la novela a los medios de comunicación. “Estamos ante una novela que es un retrato del mundo actual en que vivimos, con personajes en crisis, frustrados y con stress. Lo que ahora se denomina los problemas del primer mundo”, ha calificado la novela el editor y escritor.

“Espontáneo, natural y profundo” son las características del novelista según su editor, a las que añade “sensibilidad, franqueza, honestidad y dureza”, todo esto hace del escritor un personaje singular y que el rastro de la vida le ha dejado, no sólo surcos en la piel, sino en el alma. Esa alma actual acostumbrada a que el ruido cotidiano nos aleje de nosotros mismos. Ignacio García-Valiño ha ido a la esencia de la vida contando varias historias de amor o, mejor dicho, de soledades.

“Soy un escritor clásico, como los de antes”, dice el escritor afincado en Marbella nada más tomar la palabra. Y va desgranando tranquila, levemente lo que él cree que es. “Las cosas del dinero no me importan. Lo que me interesa es escribir. Necesito escribir novelas para vivir”, afirma rotundo y sin ningún tipo de rubor. Y continúa tranquilamente desgranando su personalidad una y mil veces analizada por él mismo. “Soy un escritor de personajes y todos ellos son muy solitarios” y añade: “mis novelas las reescribo muchas, muchas veces”.

Posteriormente en la conversación explica un poco, lo justo, la trama del libro para que el misterio, muy característico en su obra, no se desvanezca. A Isabel, la psicóloga protagonista, le llega un paciente muy violento y súper distante que reconoce ser un asesino. Este paciente va a marcar la vida de ella y la supondrá un gran reto profesional. Intentar entender por qué ha cometido el crimen.

El ruido del mundo, pese al drama que trata, tiene un gran sentido del humor. “No he querido hacer una novela negra, pero a mí el humor me ayuda mucho a contrarrestar los momento tensos. El humor sirve para liberar la carga dramática y yo me siento muy a gusto con el humor y con poder contar una historia desde una perspectiva irónica”, cuenta con un suave y dulce acento aragonés tamizado por años de vivir en Madrid y, ahora, en Marbella.

Cuando un psicólogo, en este caso psicóloga, se tiene que enfrentar a una situación como la que tiene que vivir Isabel, la situación puede darse la vuelta. El profesional tiene que buscar ayuda. “Los psicólogos somos personas como otras cualquiera. No estamos preparados para lo que nos trae la vida, pero tenemos más herramientas para poder resolverlo”, explica. A la hora de buscar esa ayuda se va a familiares, amigos cercanos, alguna persona que pueda objetivar su problema tomando la distancia necesaria y si ha tenido que recurrir a la terapia lo ha hecho.

En este libro ha sido la primera vez que escribe desde el punto de vista de una mujer. “La voz la encuentra uno mismo haciendo diversas pruebas. En este caso yo buscaba una voz más neurótica, y poco a poco fue apareciendo”, desvela. Pero por encima de la voz que utilice, que puede ser anecdótico, lo que más le interesa son las tramas. “Quiero que enganchen y, además, ahondar en la vida cotidiana a través de los personajes”, apunta.

El ruido del mundo no era el título que se iba a poner originalmente, pero ese recuerdo al título de William Faulkner le hizo decidirse por él. Quizá porque tenga la novela bastante de autobiográfico y porque “la novela tiene mucha rabia, que es lo único que me lleva a escribir, la rabia y la tristeza”, confiesa con un rictus de dolor. Sin querer contarlo dice que en su infancia y juventud sufrió mucho y que ese sufrimiento le hizo escritor. De hecho, cuando se encuentra bien no tiene tantas ganas de escribir.

Todo ese dolor, todo ese fracaso que siente la protagonista terminan con un final, si no feliz, al menos, positivo. “Quiere salvar a ese asesino, no salvarle, pero al menos entenderle. Como dice el juez Emilio Calatayud: los niños que he tratado no han sido otra cosa que víctimas en su tierna infancia”, desgrana el literato aragonés. Es una forma de redimir el fracaso de su vida, separada, con un hijo adolescente con problemas.

Ignacio García-Valiño cree que la literatura es muy deudora de las historias de amor. Todo lo que suena a estereotipo le molesta muchísimo, de ahí que haya querido hacer algo que vaya más allá de eso y, realmente, lo ha conseguido, porque su novela es desasosegante y tiene el misterio necesario para convertirla en un clásico de intriga.

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