EL AMBIGÚ DEL DIRECTOR

Santander y su biblioteca. Una vergüenza académica y cultural

Biblioteca Menéndez Pelayo (Foto: Javier Velasco Oliaga).
Javier Velasco Oliaga | Lunes 23 de diciembre de 2019

En un reciente viaje a la ciudad de Santander para presentar el libro de un amigo, me acerqué a visitar la conocida Biblioteca de Marcelino Menéndez Pelayo, sita en la calle Gravina; cuál no sería mi sorpresa al encontrar cerrada tanto la biblioteca como la Casa-museo del insigne polígrafo e historiador santanderino. Además, el día había amanecido totalmente encapotado y la tormenta que se cernía sobre la ciudad hacía presagiar el infortunio que me produjo encontrar ambas puertas cerradas al público y a los investigadores cuando llegué ante ellas.



La casa de Marcelino Menéndez Pelayo se construyó en torno a 1876, es de tipo afrancesado y en la misma vivió el erudito cántabro gran parte de su vida, especialmente sus años finales. La biblioteca se comenzó a construir después de la muerte de don Marcelino. Es de estilo clásico y de una belleza sobria y elegante, pensada para las condiciones meteorológicas de la ciudad. A su lado se encuentra el Museo Municipal de Bellas Artes que se está también cerrado sine die como los otros dos ilustres edificios.

Como todo el mundo sabe, Marcelino Menéndez Pelayo dejó su biblioteca a la ciudad de Santander. Lo hizo al otorgar testamento el 7 de abril de 1912. Le importaban tanto sus libros que la mayor parte de dicho documento se refiere a las condiciones en que los cedía. Detallaba que si ni el Ayuntamiento ni la Diputación podían acogerla, se deberían ofrecer a otras instituciones para que los estudiosos pudieran hacer uso de sus ricos fondos.

Esas instituciones, por su orden, eran: la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central (la actual Complutense de Madrid), la Biblioteca Nacional de España y, por último, la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona. Que dejara su biblioteca a su querida ciudad, lugar pequeño y mal comunicado, y no lo hiciera a la Biblioteca Nacional, suscitó críticas cuando se conoció su decisión, pero Menéndez Pelayo deseaba agradecer a su tierra las atenciones y deferencias que había tenido con él. Finalmente, Menéndez Pelayo moría en Santander el 2 de mayo de 1912.

Desde su inauguración en 1923, la biblioteca ha prestado su servicio a los investigadores y ha sido varias veces restaurada. Este centro que, por la calidad y rareza de sus fondos, seguramente sea la segunda biblioteca española en importancia, tras la Nacional, ha vuelto a cerrarse para proceder a una profunda rehabilitación. Pero, de hecho, lleva prácticamente dos años sin que se vean signos que indiquen que se trabaja en ella. Se han trasladado los fondos al Archivo Histórico Provincial por acuerdo del ayuntamiento de Santander y el gobierno de Cantabria, pero nada más.

El fondo bibliográfico que contiene la biblioteca está compuesto por 1.032 manuscritos, papeles y correspondencia de 17 legados de diferentes autores, y 42.500 títulos impresos de los cuales 22 son incunables del siglo XV, 1.124 del siglo XVI y 1.225 del siglo XVII. El siglo XVIII está representado por 2.839 títulos y el XIX y XX por 35.260. Como ven un auténtico tesoro bibliográfico que en la actualidad no se haya en la biblioteca.

Un texto que figura en su página web, titulado “La rehabilitación integral de la Biblioteca de Menéndez Pelayo comenzará a finales de año” (¿de qué año?), indica textualmente que, financiada por el Ministerio de Fomento, la obra “dará comienzo a finales de 2018 o principios de 2019, de manera que, tras casi un año de obras, reabrirá sus puertas en los últimos meses del próximo año”. Es decir, que ya debería estar abierta, puesto que estamos en diciembre de 2019. Sin embargo, nada indica que vaya a ser así.

¿Puede una ciudad como Santander prescindir de un bien patrimonial como ese durante tanto tiempo; pueden los investigadores parar sus trabajos sine die? ¿Por qué no se explican las razones de que las obras no se hayan iniciado? Afortunadamente, podemos consultar sus fondos en Internet en la página de la Biblioteca Virtual Menéndez Pelayo, pero, obviamente, no es igual. Las instituciones regionales y nacionales tendrían que dar una rápida solución a esta situación que deja en mal lugar a la capital de Cantabria. Las autoridades de Santander tendrían que presionar al gobierno central para solventar este sinsentido académico y cultural y hacerlo ya.

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