HISTORIA

La crisis del Ruhr y los socialistas

HISTORIA DEL SOCIALISMO

Martes 01 de agosto de 2017

Los aliados establecieron en 1921 la cifra de 6.600 millones de libras esterlinas más intereses, unos 123.000 millones de marcos oro en concepto de reparaciones de guerra que debía pagar Alemania por la responsabilidad de la guerra. Hubo un pago inmediato de 50.000 millones de libras. Pero la hiperinflación obligó a Alemania a suspender los pagos en el año 1922. En represalia, tropas francesas y belgas ocuparon el Ruhr. La ocupación tuvo lugar el 11 de enero de 1923, siendo primer ministro de Francia, Raymond Poincaré, partidario de emplear la mano dura con Alemania, ante la situación económica francesa y el poco apoyo británico a la hora de exigir. El objetivo era hacerse con el control del principal centro alemán de producción de carbón, hierro y acero.



En el artículo intentaremos estudiar la reacción de los socialistas europeos y españoles ante este hecho que generó una nueva tensión internacional. En el seno del PSOE figuras señeras opinaron sobre este acontecimiento, como Manuel Cordero, Antonio Fabra Ribas y Fernando de los Ríos.

En el acto, intervinieron los principales líderes de ambas organizaciones, Léon Blum incluido, y de la Liga de los Derechos del Hombre, para hablar de las reparaciones de guerra y la tensión generada. En el acto se repudió la política oficial francesa, ya fuese la anexión de una parte de Alemania, o el desgarramiento de su unidad. Los sindicalistas y socialistas franceses creían que la exteriorización de las desavenencias entre los aliados ante el asunto de las reparaciones fomentaba el egoísmo del capitalismo alemán. Pero, además, al alarmar sobre el sentimiento de unidad nacional, se estaban dando alas a las fuerzas políticas que en Alemania explotaban el asunto para defender la reacción y el militarismo, en un nuevo episodio de revanchismo. La postura del Gobierno solamente conseguía aislar a Francia y hacía imposible que se materializaran las reparaciones que, en todo caso, solamente podrían basarse en la ayuda mutua y la cooperación internacional. Además, la política de guerra era sinónimo de bancarrota. Los trabajadores protestaban y pedían que los Gobiernos se pusieran de acuerdo bajo el arbitraje de la Sociedad de Naciones.

Por su parte, “El Socialista” publicó un artículo el 11 de enero, es decir, el mismo día de la ocupación. La pieza comenzaba explicando cómo la ruptura entre el Reino Unido y Francia a cuenta de las reparaciones estaba llevando a una situación internacional muy peligrosa. Francia había decidido la ocupación del Ruhr al no recibir las reparaciones exigidas. Aunque París pudiera tener razones legales, los británicos eran poseedores de la razón política, ya que Londres creía que no se trataba de la simple aplicación automática del Tratado de Versalles, sino de conseguir que primero Alemania se reorganizase económicamente. Bélgica y, en parte, Italia secundaban la postura francesa.

La acción estaba llena de peligros para todo el mundo, y rompía el entendimiento entre los aliados, garantía de 1paz, además de dinamitar la tradición republicana y democrática de Francia. Ante el desacuerdo, los socialistas españoles pensaban que el asunto debía ser discutido en la Sociedad de Naciones, en línea con sus homólogos galos, pero el Gobierno francés se negaba. Lo único positivo que el PSOE veía en esta situación era comprobar cómo los intelectuales y obreros franceses se habían levantado indignados, aludiendo al mitin que hemos relatado.

Al día siguiente, consumada ya la ocupación, Manuel Cordero, en “El Socialista” abrió con un artículo en primera página comenzando con un tono fatalista, y desde el tradicional antimilitarismo socialista. Era muy crítico con los aliados por las condiciones impuestas a los vencidos, por la “burguesía de los países aliados”, más concretamente. Para Cordero parecía injusto que los trabajadores alemanes, que habían sufrido el régimen del káiser, tuvieran ahora que pagar las consecuencias de la guerra, ya que, además, la situación de la población alemana en la posguerra era crítica. El socialismo español, como el internacional, insistía en que la guerra era siempre un producto del capitalismo.

Interesante era la parte última del artículo porque aventuraba peligros derivados de la ocupación militar acaecida, en una interpretación clásica del marxismo. Cordero aludía al intenso clima bélico que se estaba viviendo a pesar de que no había ruido de cañones, ya que, como sabemos, la ocupación no había sido violenta y no se había producido resistencia activa, aunque si terminó generando otra de naturaleza pasiva. Pero podía estallar un conflicto en cualquier momento. Algunos podrían pensar que de esta situación podía surgir la Revolución social. Para el articulista no era un momento propicio para el triunfo del socialismo, porque ante un ambiente de pobreza y miseria no había nada que socializar. Esto solamente podía ocurrir en momentos de acumulación capitalista, que generaba un proletariado “consciente e inteligente”. Lo que había que socializar era la riqueza no la pobreza. Eso no quitaba que pudieran producirse revoluciones en algunos lugares, pero serían de un acusado carácter militarista y “despótico insoportable”, en una clara alusión al comunismo, a nuestro entender y, seguramente, por la experiencia vivida en Alemania en los momentos finales de la Gran Guerra.

También se incluía una crónica de lo que había pasado, especialmente en el parlamento francés con el discurso de Poincaré culpando del hecho a la propia Alemania, y la intervención de Blum que, en nombre del Partido Socialista, había protestado por la ocupación del Ruhr, generando un tumulto entre sus adversarios. Por otro lado, se informaba de la detención de los comunistas franceses que había acudido a un acto en Essen, acusados de un delito contra la seguridad del Estado. La crónica terminaba aludiendo al discurso del canciller alemán criticando la acción franco-belga, y la violación del Tratado de Versalles.

Los socialistas españoles denunciaron a través de “El Socialista” el silencio informativo en relación con los esfuerzos que la clase obrera estaba haciendo a favor de la paz, a través de un artículo de Antonio Fabra Ribas, que abría el número del sábado 13 de enero de 1923. El autor realizaba un relato pormenorizado de esta labor para que se conociese. La Oficina de la Federación Sindical Internacional se había reunido en Ámsterdam, a las treinta y seis horas de la ruptura entre el Reino Unido y Francia, para tratar sobre la aplicación de las resoluciones del Congreso de La Haya y del examen de la situación creada por el fracaso de la Conferencia de París. Se recordaba que la Federación representaba a 22 millones de afiliados, y que las resoluciones tomadas en el Congreso de La Haya lo habían sido por representantes de más de 40 millones de ciudadanos y ciudadanas. Dicho Congreso había resuelto por una amplísima mayoría, ya que solamente habían votado en contra los delegados comunistas rusos, la creación de un Comité permanente, encargado de declarar la huelga general internacional con el fin de evitar el estallido de una nueva guerra. Sobre este Congreso, el propio Pablo Iglesias publicó un artículo en el siguiente número. Por su parte, Largo Caballero pronunciaría una conferencia sobre la Federación Sindical y el Congreso de la Paz, en esos días.

El artículo recordaba, además, la reunión conjunta de las dos Internacionales, celebrada en Colonia, que tuvo como objetivo la preparación del Congreso próximo en Hamburgo para crear una única Internacional. Tenemos que recordar que en ese momento los socialistas se estaban moviendo mucho para intentar reconstruir el internacionalismo, muy debilitado a causa de la Gran Guerra.

También había que destacar las declaraciones de Otto Wels, uno de los máximos dirigentes del SPD, y las de Vandervelde, destacado líder socialista belga, en un mitin, sobre lo que estaba sucediendo, en el que se condenó la tensión generada y los peligros que suponía la ruptura de la Conferencia de París. Wels insistía en la fuerza pacifista de los sindicatos alemanes, y advertía que se estaba preparando el terreno para el auge de los nacionalistas.

La clase obrera organizada y los intelectuales defensores de la paz reconocían, siempre según Fabra, que Francia y los aliados tenían derecho a las reparaciones alemanas, pero eso no justificaba la ocupación de una parte del territorio alemán o tomar medidas que pudieran llevar al estallido de una guerra.

Fabra informaba que el socialista sueco Branting iba a proponer en el Consejo de la Sociedad de Naciones que el conflicto fuera sometido al arbitraje de la Sociedad. Las fuerzas obreras, pacifistas y la opinión liberal estarían de acuerdo con esta propuesta.

Fabra profundizaría en sus ideas en una conferencia que impartió en la Casa del Pueblo el 19 de enero de 1923, organizada por la Juventud Socialista Madrileña.

“El Socialista” se encargó en España de dar cuenta de todo el trabajo que sindicatos y partidos socialistas estaban realizando contra la escalada de tensión internacional. Nada más producirse la ocupación del Ruhr, los partidos socialistas europeos comenzaron a condenar el hecho, y a pedir la intervención de la Sociedad de Naciones. Los socialistas suizos pidieron al Consejo Federal que solicitase a la Sociedad de Naciones su intervención como árbitro en el conflicto. La CGT y el Partido Socialista francés redactaron un manifiesto contra la política de su Gobierno, haciendo un llamamiento a las organizaciones obreras para que realizaran un esfuerzo explicativo sobre lo que estaba ocurriendo. Los socialistas alemanes elaboraron otro manifiesto y convocaron a los trabajadores a una manifestación pacífica. En la misma línea se encontraban los sindicatos de dicho país. Los mineros británicos aprobaron en su Federación una moción de protesta por la ocupación, solicitando la intervención de la Sociedad de Naciones. Posteriormente, las Trade-Unions pidieron al Gobierno británico que interviniera en el conflicto. Las distintas tendencias socialistas italianas protestaron por la ocupación. Importante fue el artículo que Giustizia, órgano del Partido Socialista, en Milán, en la que se defendía la necesidad de que Italia se opusiese a la actitud francesa. Por su parte, Avanti también combatía lo que estaba sucediendo. El Partido Obrero Belga publicó una resolución en la que se consideraba justo que Alemania pagase reparaciones, en línea con lo defendido por la mayoría de los socialistas europeos, ya que muchos de ellos consideraban que Alemania había sido responsable del conflicto, pero que las ocupaciones militares eran desastrosas. La solución pasaba por la intervención de la Sociedad de Naciones. La Federación Sindical General Neerlandesa se dirigió a la Sociedad de Naciones advirtiendo del peligro real de guerra, y que si los obreros se ponían de acuerdo en declarar la huelga general, negándose a trabajar bajo la amenaza de una fuerza militar, podían paralizar la vida económica entera de Europa. La Federación Internacional del Transporte también publicó un manifiesto.

El PSOE y la UGT visitaron al presidente del Consejo de Ministros, el liberal Manuel García Prieto, para solicitar una amnistía en relación con la política interior, pero también para tratar sobre la ocupación del Ruhr y sobre la necesidad de que el representante español en la Sociedad de Naciones apoyase el arbitraje internacional.

El día 27 de enero, el Comité Nacional de la UGT se reunió, bajo la presidencia de Besteiro, para tratar sobre la ocupación del Ruhr, aprobándose la elaboración de un manifiesto para que el proletariado español se sumase a la protesta ante el riesgo de estallido de una guerra.

Fernando de los Ríos publicó en “El Sol” un artículo que luego recogió “El Socialista”, titulado “El genio alemán”, no tratando en sí el conflicto sino la realidad de la situación de los alemanes: el hundimiento económico de las clases medias, la base de la tradición cultural alemana, así como el “relativo” abatimiento del proletariado. De los Ríos aportaba datos sobre las carencias alimentarias entre los escolares y universitarios. El nivel de vida en Alemania había descendido considerablemente, frente a una minoría que se había aprovechado de la situación. La inflación era galopante.

Fernando de los Ríos se preguntaba si Alemania sabría salir de esta situación de postración. Como buen humanista empleó un ejemplo histórico para demostrar que en los peores momentos se avivaba el genio para salir adelante. Se refería a la época napoleónica y el resurgir prusiano. Aprovechaba para hacer una comparación con España para comprobar que en todos los casos no ocurría lo mismo, aludiendo a lo que había pasado en nuestro país en esa misma época. El intelectual socialista era, al final de su artículo, optimista sobre el resurgir alemán.

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