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POESÍA > EL RINCÓN DE LA POESÍA

Nuestro poema de cada día
En la foto, momento en que José Saramago recibe el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia. El solemne acto tuvo lugar en la Sala de Conciertos de Estocolmo el 10 de diciembre de 1998.
En la foto, momento en que José Saramago recibe el Premio Nobel de Literatura de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia. El solemne acto tuvo lugar en la Sala de Conciertos de Estocolmo el 10 de diciembre de 1998.

De cómo una carta de José Antonio Coppen Fernández -escritor y  cronista local de Lugones (Asturias)-, titulada “¿Que cuántos  años tengo?”, y publicada en La Nueva España el 26 de febrero  de 2016, se termina convirtiendo en un poema falsamente  atribuido al escritor portugués José Saramago. La falsificación,  de autor(es) desconocido(s), tuvo gran difusión por internet, y aun hoy en día se presta a confusión, aunque el estilo de Saramago y  el contenido de sus poemas sean muy diferentes.

Nuestro poema de cada día
Emilia Pardo Bazán, cuadro efectuado en 1913 por Joaquín Sorolla (detalle). Óleo sobre lienzo. Se encuentra en Museo y Biblioteca de la Sociedad Hispánica en Nueva York.
Emilia Pardo Bazán, cuadro efectuado en 1913 por Joaquín Sorolla (detalle). Óleo sobre lienzo. Se encuentra en Museo y Biblioteca de la Sociedad Hispánica en Nueva York.

[Dada la extensión del cuento y de su comentario, lo vamos a dividir en tres partes, fácilmente reconocibles en el texto. Reproducimos a continuación -y comentamos- la tercera parte].

Nuestro poema de cada día
Emilia Pardo Bazán. Óleo sobre lienzo pintado en París en el año 1887 por el artista austríaco Gustav Wertheimer. Ubicaciòón: Casa Museo Emilia Pardo Bazán. A Coruña.
Emilia Pardo Bazán. Óleo sobre lienzo pintado en París en el año 1887 por el artista austríaco Gustav Wertheimer. Ubicaciòón: Casa Museo Emilia Pardo Bazán. A Coruña.

[Dada la extensión del cuento y de su comentario, lo hemos dividido en tres partes, fácilmente reconocibles en el texto. Reproducimos a continuación -y comentamos- la segunda parte].

Nuestro poema de cada día
Emilia Pardo Bazán. Foto capturada por el fotógrafo Alfonso Sánchez García (conocido simplemente como Alfonso) en 1910.
Emilia Pardo Bazán. Foto capturada por el fotógrafo Alfonso Sánchez García (conocido simplemente como Alfonso) en 1910. (Foto: Alfonso Sánchez García)

[Dada la extensión del cuento y de su comentario, lo vamos a dividir en tres partes, fácilmente reconocibles en el texto].

Nuestro poema de cada día
Emilio Pardo Bazán. Retrato original del pintor Xesús Correidoyra (hacia 1915). Óleo sobre lienzo. Se conserva en el Museo de Bellas Artes de A Coruña.
Emilio Pardo Bazán. Retrato original del pintor Xesús Correidoyra (hacia 1915). Óleo sobre lienzo. Se conserva en el Museo de Bellas Artes de A Coruña.

Pardo Bazán, introductora del Naturalismo en España con “notable  moderación”

Si el francés Émile Zola es la figura capital de Naturalismo -entendiendo por tal la corriente literaria del siglo XIX que intensifica los caracteres del Realismo inspirándose en la ciencia experimental y en la concepción determinista de las acciones humanas-, la condesa de Pardo Bazán (1851-1921), al menos en su producción novelística inicial, asume los planteamientos naturalistas, defendidos en una serie de artículos que agrupó bajo el título de La cuestión palpitante (1883), y que fueron objeto de enconadas polémicas, provocando un gran escándalo literario y social.

Nuestro poema de cada día
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN Pintura al óleo sobre lienzo realizada en 1869 por Ignacio Suárez Llanos. Destaca por su sobriedad, capturando al novelista sentado con una mirada intelectual y firme, un estilo muy propio de los retratos académicos decimonónicos. https://www.rae.es/academico/pedro-antonio-de-alarcon
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN Pintura al óleo sobre lienzo realizada en 1869 por Ignacio Suárez Llanos. Destaca por su sobriedad, capturando al novelista sentado con una mirada intelectual y firme, un estilo muy propio de los retratos académicos decimonónicos. https://www.rae.es/academico/pedro-antonio-de-alarcon

Si bien El sombrero de tres picos se enmarca en el realismo,  hay en este cuento mucho de comedia costumbrista. Alarcón idealiza a sus protagonistas -el tío Lucas y la señá Frasquita- y embellece al máximo la relación entre ambos, envolviendo el amor conyugal en un halo de profundo calado poético. Incluso el molino en el que habitan y su entorno hacen las veces de locus amoenus  y aportan un clima de felicidad extrema. El tono lírico que emplea Alarcón en el retrato de ambos personajes le sirve para poner de manifiesto que la auténtica belleza y la dignidad de las personas no depende de la clase social a la que se pertenece ni del físico corporal, y convierte a dos simples molineros en modelo de perfección humana.

Nuestro poema de cada día
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN Estampa ejecutada mediante grabado calcográfico (aguafuerte y buril) sobre papel.
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN Estampa ejecutada mediante grabado calcográfico (aguafuerte y buril) sobre papel.

El sombrero de tres picos, “rey de los cuentos españoles”.

El sombrero de tres picos es, sin duda, la mejor obra de Alarcón, y se sitúa en un lugar de privilegio dentro de la brillante narrativa de su época, hasta el extremo de haber sido considerada como “la perla de la narrativa decimonona”. El novelista retrata con enorme expresividad a sus personajes -salpicados de ciertos toques románticos-; posee una enorme habilidad para mantener el interés de la narración, sin dejar que decaiga la acción, urdiendo enredos argumentales que intrigan al lector; hace gala del humor y de la ironía; y exhibe un estilo ameno y fluido. No en vano,  Emilia Pardo Bazán -por recoger un testimonio encomiástico de la época- llegó a llamar a la obra “rey de los cuentos españoles”.

Nuestro poema de cada día
Foto de Benito Párez Galdós acompañado de su perro Tafira. Está tomada en 1894, en la fnca familiar de “Los Lirios”, situada en el Monte Lentiscal, en la isla de Gran Canaria. El escritor, de 51 años de edad, viste ropa de campo, tocado con una boina tradicional, sosteniendo un bastón y fumando un puro.
Foto de Benito Párez Galdós acompañado de su perro Tafira. Está tomada en 1894, en la fnca familiar de “Los Lirios”, situada en el Monte Lentiscal, en la isla de Gran Canaria. El escritor, de 51 años de edad, viste ropa de campo, tocado con una boina tradicional, sosteniendo un bastón y fumando un puro.

Con la publicación de El caballero encantado (1909), Pérez Galdós abandona el realismo estricto de las primeras décadas de su producción para adentrarse en el “realismo mágico”, en el que los elemento fantásticos y las figuras alegóricas están envueltos en un halo de lirismo. El fragmento que reproducimos seguidamente está protagonizado por Gil, identidad mágica que adopta don Carlos de Tarsis y Suárez de Almondar, “marqués de Mudarra, conde de Zorita de los Canes», un aristócrata ocioso que explota a sus peones, convertido en un humilde jornalero de los campos de Castilla por intervención del personaje alegórico “La Madre”, que representa a España. El novelista introduce a veces pasajes de idealización de la naturaleza y del paisaje castellano; sin embargo, por lo general se centra en su cruda aridez y no tanto en embellecerlo, pues se vale de ella para denunciar el caciquismo, el abandono agrario y la miseria de la España rural. La escena de labranza que transcribimos a continuación sirve para reivindicar el duro trabajo agrícola.

Nuestro poema de cada día
Retrato de Benito Pérez Galdós realizado haciua1898-1901 por Aurelio Arteta. Plumilla sobre cartulina. Se conserva en el Bilbao Museoa (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
Retrato de Benito Pérez Galdós realizado haciua1898-1901 por Aurelio Arteta. Plumilla sobre cartulina. Se conserva en el Bilbao Museoa (Museo de Bellas Artes de Bilbao)

Pérez Galdós ante la “sinfonía coral” de la miseria y su espiritualización lírica

En la descripción de las tres viejas pordioseras que piden limosna a las puertas de la iglesia de san Sebastián -en la novela Misericordia-, Pérez Galdós sabe extraer poesía y belleza de la pobreza más extrema, que presenta impregnada de un lirismo que va más allá de lo puramente estético. Por muy desagradable que resulte la “mendicidad profesional”, Pérez Galdós se las ingenia para que el lector sienta una intensa “misericordia poética” ante el sufrimiento humano. El fragmento que reproducimos y comentamos a continuación, con una prosa de marcado calado rítmico, trasciende la mera visión costumbrista, insuflada por un aliento a la vez trágico y lírico.

Nuestro poema de cada día

La poetización de la pobreza extrema y de la mendicidad a través de la mirada compasiva de Pérez Galdós
Retrato de Benito Pérez Galdós. Félix Badillo es el autor del dibujo original, y Arturo Carretero el del grabado. Se publicó el 30 de marzo de 1883 en la revista cultural madrileña “La Ilustración Española y Americana” (año XXVII, número 12, página 189. [Este tipo de retratos enmarcados en óvalos xilográficos eran muy comunes en la prensa de la época para homenajear o ilustrar perfiles de las grandes figuras de las letras y la política española del siglo XIX].
Retrato de Benito Pérez Galdós. Félix Badillo es el autor del dibujo original, y Arturo Carretero el del grabado. Se publicó el 30 de marzo de 1883 en la revista cultural madrileña “La Ilustración Española y Americana” (año XXVII, número 12, página 189. [Este tipo de retratos enmarcados en óvalos xilográficos eran muy comunes en la prensa de la época para homenajear o ilustrar perfiles de las grandes figuras de las letras y la política española del siglo XIX].

A la hora de situarse ante la pobreza en el Madrid de finales del siglo XIX, Pérez Galdós trasciende el “documento social extremo” -más propio del determinismo naturalista”- para inyectar en su relato -y en particular en la descripción de lugares y personajes- un lirismo de gran eficacia estética, transido de una alta dosis de espiritualidad que lo convierte en auténtica poesía en prosa. Sírvanos como ejemplo -tomado de la novela Misericordia- la descripción de la Iglesia de San Sebastián y de los mendigos que se amontonan en sus puertas en demanda de caridad a los feligreses.                                                                                                                                                            

Nuestro poema de cada día
Retrato de Benito Pérez Galdós realizado por el pintor y dibujante modernista Ramón Casas, hacia 1903. Técnica: Carboncillo y pastel sobre papel. Localización actual: Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en Barcelona. Casas capturó al escritor canario en una característica postura reflexiva, apoyando la cabeza sobre su mano derecha.
Retrato de Benito Pérez Galdós realizado por el pintor y dibujante modernista Ramón Casas, hacia 1903. Técnica: Carboncillo y pastel sobre papel. Localización actual: Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), en Barcelona. Casas capturó al escritor canario en una característica postura reflexiva, apoyando la cabeza sobre su mano derecha.

Uno de los momentos de mayor lirismo trágico de toda la obra de Pérez Galdós:  Los fusilamientos de los Sargentos de San Gil

Un lirismo de tinte trágico envuelve la recreación que Pérez Galdós hace del fusilamiento de los sargentos de San Gil, un acontecimiento histórico acaecido el 25 de junio de 1866, y que dejó tan impresionado al escritor que lo recoge tres veces en su obra: aparece en la novela Ángel Guerra (1890-1891), en un episodio nacional -La de los tristes destinos (1907), novela que cierra la cuarta serie-, y en las Memorias de un desmemoriado (1915-1916). El lirismo al que aludimos se traduce en una estética de la compasión popular: el pueblo de Madrid llora desconsoladamente el destino de los sargentos condenados, y su ejecución adquiere los tintes de una tragedia compartida. Es la  sublimación del dolor, revestido de un hondo lirismo elegíaco. Leamos y comentemos un fragmento en el que una trágica realidad histórica queda reflejada con la sensibilidad literaria de la que siempre hace gala Pérez Galdós.

Nuestro poema de cada día
Benito Pérez Galdós
Benito Pérez Galdós

La fuerza lírica de la introspección psicológica de los personajes

El lirismo galdosiano se intensifica cuando la narrativa se adentra en el terreno del subconsciente, los sueños y la locura. En Fortunata y Jacinta -y, por supuesto en sus novelas en general-, Benito Pérez Galdós recurre al estilo indirecto libre y, de esta manera, introduce los pensamientos y la voz interior de los personajes directamente en la narración, con lo que se borra la frontera entre el narrador y el personaje, permitiendo al lector sumergirse en su profunda psicología. Así ocurre, por ejemplo, en el fragmento en el que el novelista nos presenta a Manuel Moreno Isla, el perpetuo enamorado de Jacinta, a cuya muerte vamos a asistir; un fragmento en el que no faltan ciertos toques líricos (lenguaje metafórico, exclamaciones, interrogaciones retóricas, adecuación del ritmo narrativo al contenido, etc.).

Nuestro poema de cada día
Fotografía de Benito Pérez Galdós tomada en 1905, cuando contaba 62 años de edad. La captura original en blanco y negro pertenece a la famosa serie fotográfica realizada por Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, artísticamente conocido como Kaulak. La fotografía original en alta resolución está preservada en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. La versión a color incluye un trabajo de restauración y coloreado digital realizado por el proyecto español Historia a Color (a cargo de Rafael Navarrete. El autor tituló esta pieza cromática como “Hastío” o “Boredom”.
Fotografía de Benito Pérez Galdós tomada en 1905, cuando contaba 62 años de edad. La captura original en blanco y negro pertenece a la famosa serie fotográfica realizada por Antonio Cánovas del Castillo y Vallejo, artísticamente conocido como Kaulak. La fotografía original en alta resolución está preservada en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. La versión a color incluye un trabajo de restauración y coloreado digital realizado por el proyecto español Historia a Color (a cargo de Rafael Navarrete. El autor tituló esta pieza cromática como “Hastío” o “Boredom”.

El interés de Pérez Galdós por la condición humana. Las novelas de Pérez Galdós son una expresión viva e intensa de la vida humana en todo su ritmo complejo de sentimientos y pasiones. Menéndez Pelayo, hablando de Fortunata y Jacinta, escribe: “Tal es Fortunata y Jacinta, libro excesivamente largo, pero en el cual la vida es tan densa; tan profunda a veces la observación moral; tan ingeniosa y amena la psicología, o como quiera llamarse aquel entrar y salir por los subterráneos del alma; tan interesante la acción principal en medio de su sencillez; tan pintoresco y curioso el detalle, y tan amplio el escenario, donde caben holgadamente todas las transformaciones morales y materiales de Madrid desde 1868 a 1875, las vicisitudes del comercio al por menor y las peripecias de la revolución de Septiembre. Es un libro que da la ilusión de la vida: tan completamente estudiados están los personajes y el medio ambiente. Todo es vulgar en aquella fábula, menos el sentimiento; y, sin embargo, hay algo de épico en el conjunto, por gracia, en parte, de la manera franca y valiente del narrador, pero todavía más de su peregrina aptitud para sorprender el íntimo sentido e interpretar las ocultas relaciones de las cosas, levantándolas de este modo a una región más poética y luminosa. Por la realización natural, viviente, sincera; por el calor de humanidad que hay en ella; por la riqueza del material artístico allí acumulado, Fortunata y Jacinta es uno de los grandes esfuerzos del ingenio español en nuestros días, y los defectos que se la pueden notar, y que se reducen a uno solo, el de no presentar la realidad bastante depurada de escorias, no son tales que puedan contrapesar el brío de la ejecución, con que prácticamente se demuestra que el ideal puede surgir del más humilde objeto de la naturaleza y de la vida, pues, como dice un gran maestro de estas cosas, no hay ninguno que no presente una faz estética, aunque sea eventual y fugitiva.” [1].

 

Nuestro poema de cada día
Retrato de Pérez Galdós con 51 años, realizado por Sorolla en 1894 (y usado en su día como imagen distintiva del billete de mil pesetas, lo que lo hizo muy popular). En él se representa al escritor sentado en un banco, en cuyo respaldo apoya el brazo derecho; en la mano derecha sostiene un cigarro con boquilla, y con la mano izquierda agarra la empuñadura de su bastón. De la pared situada a su espalda cuelga un cuadro que representa una marina, en clara alusión al origen canario del escritor. Adquirido por el Cabildo de Gran Canaria -en 1973-, hoy se puede contemplar en la casa museo del escritor, en su ciudad natal (Las Palmas).
Retrato de Pérez Galdós con 51 años, realizado por Sorolla en 1894 (y usado en su día como imagen distintiva del billete de mil pesetas, lo que lo hizo muy popular). En él se representa al escritor sentado en un banco, en cuyo respaldo apoya el brazo derecho; en la mano derecha sostiene un cigarro con boquilla, y con la mano izquierda agarra la empuñadura de su bastón. De la pared situada a su espalda cuelga un cuadro que representa una marina, en clara alusión al origen canario del escritor. Adquirido por el Cabildo de Gran Canaria -en 1973-, hoy se puede contemplar en la casa museo del escritor, en su ciudad natal (Las Palmas). (Foto: Joaquín Sorolla)

Pérez Galdós y la reanudación de la tradición novelística española del Siglo de Oro. Es necesario llegar a Benito Pérez Galdós (1842-1920) para que se restaure nuestra tradición novelística. “Entre ñoñeces y monstruosidades dormitaba la novela española por los años de 1870, fecha del primer libro del señor Pérez Galdós. Los grandes novelistas que hemos visto aparecer después eran ya maestros consumados en otros géneros de literatura, pero no habían ensayado todavía sus fuerzas en la novela propiamente dicha. No se habían escrito aún ni Pepita Jiménez [Juan Valera, 1874], ni Las ilusiones del doctor Faustino [Juan Valera, 1875], ni El escándalo [Pedro Antonio de Alarcón, 1875], ni Sotileza [José María Pereda, 1885], ni Peñas arriba [José María Pereda, 1885]”. [1] Y, en efecto, Pérez Galdóses nuestro mayor novelista después de Cervantes, y puede emparejarse concualquiera de su siglo (Dickens, Balzac, Zola, Flaubert, Doistoievski o Tolstoi); y pocos novelistas europeos    -más bien ninguno- pueden competir con él en capacidad creadora: así lo atestiguan los cerca de ocho mil personajes producto de su rica inventiva; unos personajes que sorprenden por su variedad y por su caracterización psicológica, que permite comprobar el interés que el autor siente por su condición humana.

Nuestro poema de cada día
JUAN VALERA Grabado en madera realizado por el ilustrador estadounidense Thomas Johnson. Este retrato fue publicado originalmente en 1884 en la revista estadounidense Harper's Weekly, coincidiendo con la época en la que el escritor y político español se desempeñaba como ministro de España en los Estados Unidos.
JUAN VALERA Grabado en madera realizado por el ilustrador estadounidense Thomas Johnson. Este retrato fue publicado originalmente en 1884 en la revista estadounidense Harper's Weekly, coincidiendo con la época en la que el escritor y político español se desempeñaba como ministro de España en los Estados Unidos.

La “estética mesurada” del estilo de Valera: la  descripción de Rosita

Juan Valera publicó por entregas, entrre octubre de 1874 y junio de 1875, Las ilusiones del doctor Faustino, en la Revista España y, como libro impreso, en ese mismo año de 1875. El protagonista de la novela, Faustino es un personaje con sueños de grandeza, pero abúlico y perezoso, encorsetado en la debilidad de su carácter. Sirva como ejemplo lo que el doctor Faustino piensa de sí mismo: “Cuando miro el  centro de mi alma, el abismo que tal vez el orgullo abrió allí, me finjo que  soy grande como un dios. Cuando miro mis actos y los resortes de mi  voluntad, que a tales actos me inducen, se me antoja que soy más vil que  un perro. Por cierto que y en él se ha pretendido ver, al menos en su juventud, un trasunto del propio Juan Valera.

Nuestro poema de cada día
Monumento a Juan Valera en Madrid, en el Paseo de Recoletos. Erigido en 1928. Escultor: Lorenzo Coullant Valera, sobrino del escritor. La mujer esculpida en mármol blanco sentada al pie del busto es Pepita Jiménez, el personaje literario más famoso creado por Juan Valera.
Monumento a Juan Valera en Madrid, en el Paseo de Recoletos. Erigido en 1928. Escultor: Lorenzo Coullant Valera, sobrino del escritor. La mujer esculpida en mármol blanco sentada al pie del busto es Pepita Jiménez, el personaje literario más famoso creado por Juan Valera.

"Pepita Jiménez" (1874) es el máximo exponente de la prosa lírica de Juan Valera. De las tres partes de que se compone la obra (“Cartas de mi sobrino”, “Paralipómenos” y “Epílogo. Cartas de mi hermano”), la primera de ellas   -una recopilación de las cartas del seminarista don Luis de Vargas- posee fragmentos de un altísimo clima poético, ya sea cuando se describe idíìlicamente la naturaleza, ya sea cuando se manifiestan los conflictos que aquejan el alma del seminarista, ya sea en la forma en la que se expresa la idealización del amor.

Nuestro poema de cada día
JUAN VALERA Con traje diplomático. Cuadro de Enrique Romero de Torres, 1891. Sala de profesores del Instituto de Cabra
JUAN VALERA Con traje diplomático. Cuadro de Enrique Romero de Torres, 1891. Sala de profesores del Instituto de Cabra

Juan Valera no pretendió reflejar en sus obras los ambientas más crudos de la sociedad, como hicieron otros escritores realistas, sino que se mostró partidario de “el arte por el arte” y las impregnó de un poderoso aliento lírico, Su prosa narrativa, especialmente en los pasajes descriptivos,  y más si se trata de la naturaleza andaluza, está dotada de una alta carga poética que deja al descubierto su su fuerte sensibilidad estética. A modo de ejemplo, transcribimos dos fragmentos del artículo misceláneo “La cordobesa”, escrito en 1872.

Nuestro poema de cada día
MIGUEL DE UNAMUNO (Con traje académico, retratado en 1914 por Vidal González Arenal. Salón de retratos de la Universidad de Salamanca).
MIGUEL DE UNAMUNO (Con traje académico, retratado en 1914 por Vidal González Arenal. Salón de retratos de la Universidad de Salamanca).
Miguel de Unamuno describe Castilla como una llanura austera, seca y de contrastes extremos, y sostiene que su paisaje monótono y áspero influye en el espíritu castellano, apartándolo de lo material y orientándolo hacia lo ideal.

Nuestro poema de cada día
MIGUEL DE UNAMUNO (Retrato de Joaquín Soroya, en torno a 1912. Algunas fuentes lo sitúan hacia 1920. Óleo sobre lienzo. Museo de bellas Artes de Bilbao).
MIGUEL DE UNAMUNO (Retrato de Joaquín Soroya, en torno a 1912. Algunas fuentes lo sitúan hacia 1920. Óleo sobre lienzo. Museo de bellas Artes de Bilbao).

Dentro de los escritores de la Generación del 98, Miguel de Unamuno es el de mayor expresividad ideológica. Enemigo del formalismo afectado, “lucha” con el lenguaje intentando doblegarlo para convertirlo en el instrumento idóneo  que sirva de vehículo de expresión a su pensamiento -tan contradictorio,  tan crítico, tan dramático-; lo que le lleva a un difícil conceptismo con el que en ocasiones rebasa los límites habituales de la expresión. En efecto, su estilo se caracteriza por su viveza y expresividad. Sabe extraer de las  palabras todas sus posibilidades semánticas, y su prosa, repleta de paradojas y antítesis -en la línea de su temperamento-, alcanza una extraordinaria intensidad afectiva.

Nuestro poema de cada día
Pío Baroja
Pío Baroja

Sorprende la rapidez y energía con que están trazados los perfiles físicos y psicológicos de los personajes de Pío Baroja. Y como ejemplo, ofrecemos el retrato de Yurrumendi.

Nuestro poema de cada día
PÍO BAROJA [El retrato fue tomado en 1953 por el fotógrafo Nicolás Muller. apenas tres años antes del fallecimiento del novelista, ocurrido en 1956). La imagen destaca por un uso magnífico del blanco y negro, con una iluminación lateral que genera un fuerte claroscuro. Esto resalta los surcos de su rostro, su mirada cansada y la textura de su barba blanca, potenciando la psicología huraña y melancólica propia del literato.]
PÍO BAROJA [El retrato fue tomado en 1953 por el fotógrafo Nicolás Muller. apenas tres años antes del fallecimiento del novelista, ocurrido en 1956). La imagen destaca por un uso magnífico del blanco y negro, con una iluminación lateral que genera un fuerte claroscuro. Esto resalta los surcos de su rostro, su mirada cansada y la textura de su barba blanca, potenciando la psicología huraña y melancólica propia del literato.]
Pío Baroja describe el paisaje castellano que recorre Alvarito desde el amanecer hasta la noche, destacando su relieve variado, sus contrastes de color y las escenas rurales que acompañan el viaje.

Nuestro poema de cada día
PÍO BAROJA [Foto atribuida al fotógrafo Alfonso Sánchez García). Técnica original: Negativo de gelatinobromuro de plata sobre vidrio, posteriormente positivado en papel. Muestra el estilo característico del escritor en su madurez, vistiendo chaqueta oscura, camisa blanca, corbata a rayas y su inconfundible boina].
PÍO BAROJA [Foto atribuida al fotógrafo Alfonso Sánchez García). Técnica original: Negativo de gelatinobromuro de plata sobre vidrio, posteriormente positivado en papel. Muestra el estilo característico del escritor en su madurez, vistiendo chaqueta oscura, camisa blanca, corbata a rayas y su inconfundible boina].
Pío Baroja describe desde un convento la naturaleza de Mirambel a través de las estaciones, sus colores, sonidos y animales, en una prosa impresionista de tono poético.

Nuestro poema de cada día
PÍO BAROJA (Retrato, ca. 1915). Técnica: Gelatinobromuro de plata sobre papel.
PÍO BAROJA (Retrato, ca. 1915). Técnica: Gelatinobromuro de plata sobre papel.

Baroja está considerado como el mayor novelista español del siglo XX. Su actitud crítica ante los defectos de la sociedad y la sobriedad de su estilo -que Azorín comparaba con el de Cervantes- le han convertido en el modelo indiscutible de nuestros novelistas de posguerra.

Nuestro poema de cada día
PÍO BAROJA (Retrato de Juan de Echebarría, 1920-1923. (Óleo sobre lienzo).
PÍO BAROJA (Retrato de Juan de Echebarría, 1920-1923. (Óleo sobre lienzo).

El estilo narrativo de Pío Baroja es antirretórico; un estilo de descuidada espontaneidad que no persigue la frase atildada, sino la claridad y sencillez: "Para mí -comenta Baroja- no es el ideal del estilo ni el casticismo, ni el adorno, ni la elocuencia; lo es, en cambio, la claridad, la precisión, la rapidez".

Nuestro poema de cada día
PÍO BAROJA (Retrato de Juan de Echebarría. Óleo sobre lienzo). (Fragmento)
PÍO BAROJA (Retrato de Juan de Echebarría. Óleo sobre lienzo). (Fragmento)

Para Pío Baroja, la novela "es un saco en el que cabe todo". Y, en efecto, sus novelas son de construcción muy libre y no se ajustan a ningún plan. Predomina en ellas la acción ("La acción por la acción -dice Baroja- es el ideal del hombre”), pero no son menos importantes sus amargas consideraciones sobre la vida y la sociedad, así como la pintura de paisajes -más emotivamente líricos los vascos que los castellanos, por lo general tétricos y hoscos- y de los más variados personajes, cuyos perfiles físicos y psicológicos están trazados con sorprendente rapidez y energía.

Nuestro poema de cada día
Fotografía de Azorín, tomada a mediados de la década de 1920. Retrato frontal en blanco y negro del escritor en su madurez (con poco más de 50 años). Viste de manera pulcra y formal con un traje oscuro, camisa de cuello rígido alto y una corbata oscura estampada con un sutil patrón geométrico
Fotografía de Azorín, tomada a mediados de la década de 1920. Retrato frontal en blanco y negro del escritor en su madurez (con poco más de 50 años). Viste de manera pulcra y formal con un traje oscuro, camisa de cuello rígido alto y una corbata oscura estampada con un sutil patrón geométrico

La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. II

Del texto “El abuelo Azorín” reproducimos y comentamos solo una parte, más que suficiente para extraer el retrato literario del “bisabuelo paterno”, que Azorín hace de él, basado en la interpretación de un cuadro, original de un pintor desconocido que un día pasó por Yecla, en la primera mitad del siglo XIX y, de manera casual, se topó con tan interesante personaje y tuvo la ocasión de inmortalizarlo.

Nuestro poema de cada día
Monumento a Azorín, del escultor Andrés Tendero. Se encuentra situado en el interior del Parque Abelardo Sánchez, en pleno centro de Albacete, y fue inaugurado el 11 de septiembre de 1965. Está esculpido en piedra y se eleva sobre un alto pedestal del mismo material
Monumento a Azorín, del escultor Andrés Tendero. Se encuentra situado en el interior del Parque Abelardo Sánchez, en pleno centro de Albacete, y fue inaugurado el 11 de septiembre de 1965. Está esculpido en piedra y se eleva sobre un alto pedestal del mismo material

La perspicacia psicológica de los retratos de Azorín. I

Azorín es un excelente autor de retratos literarios: además de los aspectos meramente prosopográficos (aspecto físico, indumentaria…), sabe penetrar en la psicología de los personajes retratados, ofreciéndonos una semblanza espiritual y moral que captas los más íntimos detalles de su personalidad . Sirvan como ejemplo los retratos de tu tío Antonio, y de su tía Bárbara.

Nuestro poema de cada día
Busto de Azorín, ubicado en Valencia, en las Alameditas de los Serranos, y realizado en 1968 por Victorino Gómez López, conocido artísticamente como 'Victor-Hino'. Está fundido en bronce, y muestra el rostro del escritor mirando firmemente hacia el frente. Se asienta sobre un pedestal elevado prismático tallado en piedra clara.
Busto de Azorín, ubicado en Valencia, en las Alameditas de los Serranos, y realizado en 1968 por Victorino Gómez López, conocido artísticamente como "Victor-Hino". Está fundido en bronce, y muestra el rostro del escritor mirando firmemente hacia el frente. Se asienta sobre un pedestal elevado prismático tallado en piedra clara.

El inagotable acervo léxico de Azorín

El léxico de Azorín es tan variado como extenso; y lo mismo toma vocablos de la legua hablada por los campesinos y por los diferentes artesanos de los rincones de Castilla que visita -dignificando así el habla rural-, como de los escritores clásicos -empleando arcaísmos y vocablos de contenido fuertemente decadentista- y modernos -de los que sabe extraer acertados neologismos. En el artículo “La palabra y la vida” afirma Azorín que “lo que debemos desear al escritor es ser claros, precisos y concisos”. Y añade más adelante: “Cada cosa en el lenguaje escrito debe ser nombrada con su nombre propio; los rodeos, las perífrasis, los circunloquios embarazarán y recargarán y ofuscarán el estilo. Pero para poder nombrar casa cosa con su nombre… debemos saber los nombres de las cosas. Echemos una mirada por la casa y por el campo; a centenares se nos ofrecerán las cosas, los detalles, los particulares, las faenas y operaciones que no sabemos nombrar. Y, sin embargo todo eso tiene o ha tenido su nombre; debemos conocer y usar esos nombres. Si están esos nombres en el habla baja, popular, llevémoslos sin vacilar al lenguaje literario: si están en libros viejos -en los clásicos-, exhumémoslos también sin reparo”. 

Nuestro poema de cada día
Monumento a Azorín. La escultura es original de Agustín de la herrán Matorras. Se encuentra en la Glorieta de Azorín, situada en los Jardines de la Cuesta de la Vega, en Madrid, y fue inaugurada el 8 de noviembre de 1967, el mismo año del fallecimiento del escritor. [La estatua, fundida en bronce, está colocada sobre un pedestal de pétreo artificial estriado que simula el fuste de una columna. La obra muestra al escritor con un semblante de profunda melancolía y serena tristeza]
Monumento a Azorín. La escultura es original de Agustín de la herrán Matorras. Se encuentra en la Glorieta de Azorín, situada en los Jardines de la Cuesta de la Vega, en Madrid, y fue inaugurada el 8 de noviembre de 1967, el mismo año del fallecimiento del escritor. [La estatua, fundida en bronce, está colocada sobre un pedestal de pétreo artificial estriado que simula el fuste de una columna. La obra muestra al escritor con un semblante de profunda melancolía y serena tristeza]

El inconfundible estilo de Azorín. III

Cuando Azorín describe, va recogiendo las sensaciones y vivencias que en él despiertan los seres descritos, al tiempo y con el ritmo en que estas se van produciendo. Así puede contemplarse en este otro texto -perteneciente a la novela Antonio Azorín- en el que el escritor descrire -en una descripción de corte impresionista, salpicada de vocablos de uso local- una casa de campo murciana.

Nuestro poema de cada día
Retrato de Azorín realizado por Javier Clavo. Grabado original a la punta seca sobre papel. Publicado originalmente entre 1976 y 1977. Forma parte de la carpeta y libro de coleccionista de bibliofilia titulado Un hidalgo, ilustrado por Javier Clavo con textos del propio Azorín.
Retrato de Azorín realizado por Javier Clavo. Grabado original a la punta seca sobre papel. Publicado originalmente entre 1976 y 1977. Forma parte de la carpeta y libro de coleccionista de bibliofilia titulado Un hidalgo, ilustrado por Javier Clavo con textos del propio Azorín.

El inconfundible estilo de Azorín. II

Las estructuras sintácticas de la prosa azoriniana son muy sencillas: frente a los párrafos elocuentes y caudalosos, tan característicos de la novela del siglo XIX, Azorín prefiere el párrafo corto y las oraciones breves y simples unidas por yuxtaposición o por coordinación copulativa; y con verbos en presente de indicativo, que le permiten una mayor interacción “actualizada” con el lector -ya fuera de un tiempo y un lugar concreto-, al que no tiene reparos en dirigirse a menudo para lograr así una vía de comunicación más afectiva y afectiva. Prosa, pues, la suya despojada de toda ornamentación retórica.

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