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Sophie Elkan, novelista sueca preocupada por la emancipación de la mujer en su país a principios del siglo XX

Sophie Elkan

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Pilar Úcar Ventura | Jueves 09 de febrero de 2023

Mujer políglota y polígrafa, refinada, sociable e hipersensible, una tragedia familiar la llevará a vestir toda su vida de negro. Su estrecha amistad con la Nobel Selma Lagerlöf impidió ser reconocida como una gran escritora de estilo y contenido muy personales.



Sophie Elkan, de origen judío y familiar de los acomodados Solomon, nace en 1853 en Gotemburgo. Casada y madre de una hija, asiste a la muerte de ambos durante la navidad de 1879 en Niza a causa de la tuberculosis que padecieron. A partir de ese momento, vestirá de luto hasta sus últimos días. Para aliviar la pena, se refugia en la compañía de sus amistades y emprende viajes por Europa. Políglota y traductora de textos pedagógicos, comienza su trayectoria literaria publicando Una historia sin nombre, su primer cuento, al que seguirán otras colecciones: Tono mayor y Menor y la novela Chicas afortunadas en 1983. El elemento común de dichas narraciones es el análisis tan certero que realiza de las protagonistas. Conoce a la escritora Selma Lagerlöf y ambas entablan una estrecha relación muy implicadas en la emancipación de la mujer europea en general y de las suecas en particular. Las dos amigas y literatas visitarán juntas distintos países, a la vez que inician una intensa y continuada correspondencia (conservada hoy en la Biblioteca de Estocolmo) -centenares de cartas, genuina muestra del amor existente entre ellas, así como una atinada descripción no solo de sus colegas, sino también de acontecimientos sociales, culturales y políticos de la época-. Sophie, enferma de un tumor en el útero, regresa a Estocolmo donde todavía convaleciente publica John Hall. Una historia, del viejo Gotemburgo en 1899, título que le valió el aplauso unánime de la crítica y de los escritores del momento.

Una vez recuperada, Selma Lagerlöf y Sophie Elkan emprenden un viaje juntas a Oriente Medio: Alejandría, El Cairo, Assuan, Luxor, Jerusalén, Jericó, Beirut, Damasco… entre otras ciudades, sirven a ambas de materia para sendas novelas: Jerusalén y El Sueño de Oriente, respectivamente.

La presencia de ellas dos -inseparables- en todo ámbito, en cualquier contexto no contribuyó a valorar en su justa medida el alcance de la obra de Sophie Elkan, que irremediablemente quedaba ensombrecida, según la opinión de la mayoría de especialistas, empecinados en comparar carreras literarias diferentes. No obstante, su amistad nunca se resintió. Sophie continuó publicando: El rey. Una historia de la vida real en 1904 y dos años más tarde El Rey. El destierro (sobre la trágica vida del rey Gustavo) que se tradujeron a diferentes idiomas dado el éxito que alcanzaron. A partir de 1916, la escritora se dedica, ayudada por su asistente personal, a algunas traducciones, a redactar artículos periodísticos y a la lectura de la correspondencia de Selma.

Su salud muy resentida, le impide seguir con la escritura: casi ciega, con cáncer de mama, muere de repente de un derrame cerebral en 1921 en su ciudad natal.

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