— pensé
en los gritos de mujer
que no quisiera oír
NO
al grito de las mujeres golpeadas
tras las paredes de su casa-prisión
— gritos que no dejan dormir la conciencia
gritos que se estrellan
en los oídos sordos de la sociedad
— NO
al grito arrancado por sus violadores
en el momento cúlmine del amor
grito de servidumbre
en las lides del amor
— falso gemido
para ocultar sus deseos
y servir de caja de resonancia
al deseo del otro
— NO
al sollozo de los cuerpos y rostros de las mujeres
aprisionados por el arnés de los diseñadores del cuerpo perfecto
modelados por el bisturí de los escultores del rostro
ideal
— esos que en cada línea destruyen
la perfecta imperfección del cuerpo real
del rostro real
— NO
a los mantos que ocultan
el tráfico humano
los prejuicios
la venta del cuerpo
— o
que mantienen a la mujer prisionera
impidiéndole mirar el mundo
bajo la burka
o bajo las bombas
— NO
al grito silencioso de la mujer discriminada por ser mujer
aquella que vale menos
aquella por ser mujer tiene que callar
— condenada
a ser adorno en un segundo plano
en el fresco de la humanidad
— NO
al estruendoso grito de la soledad
— del amor no declarado
que escapa
por temor a ser rechazado
— al amor reglamentado
al amor no correspondido
al amor ahogado en la nostalgia
— Sí
al grito de mujer que reclama sus derechos
que reclama la palabra
— que no permite que hablen en su nombre
o que intenten normarla
— NO
a los fariseos
que nada vieron
— NO
al “yo no sabía”
— NO
al pederasta
— NO
a las blancas palomas
Pilatos de la era moderna
— Sí
al grito de rebeldía
— Sí
al manejar el pincel que las retrata
al despejar el camino
al ser dueñas de sí mismas
— Sí
a la palabra liberada
— NO
a la mansedumbre
— Sí
al váyanse al carajo
— Sí
a la niña
que hoy lucha por ser mujer
por levantar su voz
por existir
más allá de las fronteras
de la mojigatería
de oscuras creencias medievales
de gritos que no se escuchan
— gritos que se esfuman en un verso