CARTELERA

"La Grazia": Elegancia visual marca de la casa.

La Grazia
Francisco Nieto | Miércoles 01 de abril de 2026

Aunque Paolo Sorrentino rechaza vehementemente este tipo de etiqueta distintiva, el director ganador del Óscar por la sin igual La gran belleza es considerado por casi la unanimidad de crítica y público como uno de los maestros actuales de la cinematografía italiana. Asiduo a los festivales de cine europeos, Sorrentino regresó en esta ocasión a su tierra natal y a las playas de Venecia para inaugurar la 82.ª edición del Festival de Cine de Venecia y su competición oficial con su último trabajo: "La Grazia".



El mandato del presidente italiano Mariano De Santis (Toni Servillo) está llegando a su fin. Tras casi siete años y seis crisis gubernamentales superadas con éxito, el devoto abogado católico está cansado de las responsabilidades de su cargo. Prefiere dejar los asuntos cotidianos en manos de sus asesores, especialmente en su hija Dorothea (Anna Ferzetti), manteniendo solo una visión general de los asuntos más importantes. Sin embargo, es ella quien le exige que firme una ley sobre la eutanasia y que se pronuncie sobre dos peticiones de indulto antes de su partida. En última instancia, gracias a su vehemencia, el apático De Santis se ve obligado a confrontar emocionalmente su propio pasado para decidir su último acto importante en el cargo.

Utilizando los últimos meses del mandato de un presidente italiano ficticio, Sorrentino no solo crea un fascinante estudio de personaje, sino que también aborda una multitud de temas delicados. La decisión subyacente sobre un proyecto de ley de eutanasia sirve como punto de partida y metáfora reveladora de la evolución de normas arraigadas y obsoletas hacia una perspectiva moderna y renovada. Este enfoque también ilustra el marcado contraste entre el anciano presidente y su hija menor.

El cineasta transalpino evita deliberadamente emitir un juicio moral definitivo sobre la eutanasia. Como suele ocurrir en sus películas, plantea conceptos sin profundizar en el tema. Tras la fachada de su deslumbrante estilo visual, se esconde una falta de sustancia que no logra conectar realmente con el público. Además del conflicto generacional, La Grazia aborda la autodeterminación, la permanencia, el remordimiento, la religión y la absolución, mientras que Sorrentino intenta centrarse en el amor y la familia. En ocasiones, La Grazia se pierde en su abundancia de simbolismo y metáforas, mientras que en otras parece estancarse, al igual que su protagonista, apodado el "presidente de hormigón".

En su anterior película, Parthenope, Sorrentino exploró el concepto de belleza femenina de forma muy abstracta. Sin embargo, en La Grazia retoma el enfoque más directo de sus primeras obras, haciendo frecuentes referencias a sí mismo en su estilo y expresión. El plano final de La Grazia es una referencia casi idéntica a la escena del salón de baile de su Opus Magna, La gran Belleza, transmitiendo un mensaje similar. A menudo interrumpe las escenas a cámara lenta con movimientos de cámara irracionales, acompañados de una banda sonora de música electrónica moderna y rap ocasional.

Al mismo tiempo, el conflicto generacional subyacente a La Grazia y la agitación interna del presidente se reflejan en esta ruptura sonora entre elementos clásicos y modernos. En este papel, el actor italiano Toni Servillo ofrece una interpretación totalmente convincente. Le acompañan principalmente Anna Ferzetti como Dorothea, la hija de De Santi, y Milvia Marigliano como Coco Valori, la amiga de la familia. Esta última enriquece repetidamente la atmósfera, a menudo cargada de emoción, de La Grazia con un agudo toque cómico, robando la atención, y de qué manera, en cada una de sus escenas. ¿Para cuándo el spin-off?

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