En un libro trepidante que evoca el aroma a whisky y pólvora, el historiador Peter Cozzens desmantela el mito de la ciudad más salvaje del Oeste. Esta narración, cruda y auténtica, supera con creces cualquier ficción, reflejando una codicia desmedida y una violencia extrema. Se presenta así un retrato definitivo de un experimento fronterizo que moldeó el espíritu de una joven nación.
En su momento, Deadwood fue calificada como «la ciudad más diabólica sobre la faz de la tierra», un epicentro de pecado que surgió a principios de 1876 en las Black Hills (Dakota del Sur). Esta localidad, producto de la fiebre del oro, atrajo a miles de mineros, aventureros, pistoleros, prostitutas y mercaderes. Era una urbe repleta de barracas en mal estado, saloons donde el alcohol fluía sin cesar y habitantes con moralidad cuestionable y dedos rápidos en el gatillo. Sin embargo, solo tres años después, sufrió un devastador incendio que se asemejaba a un castigo purificador bíblico. Este sitio se convirtió en un alimento para la imaginación y el mito del salvaje Oeste, habitado por figuras legendarias como Wild Bill Hickok, Calamity Jane y Caballo Loco.
Peter Cozzens, autor de la aclamada obra "La tierra llora", ha llevado a cabo un exhaustivo análisis de los mitos y leyendas que rodean a Deadwood. Desde novelas baratas del siglo XIX como "Deadwood Dick" hasta la popular serie dramática de HBO y las vallas publicitarias de los casinos actuales, ha desenterrado las verdades ocultas detrás de la historia de esta localidad. Alejada del romanticismo que Estados Unidos ha utilizado para cimentar el mito fundacional de la conquista del Oeste, Deadwood se erigió en terrenos usurpados a los lakotas. No solo era un refugio para forajidos, como Tombstone o Dodge City, sino que también representaba una empresa al margen de la ley, ubicada fuera del territorio estadounidense y ajena a las regulaciones del Gobierno. En este contexto, el revólver se convertía en el verdadero símbolo del poder. Esta ausencia de normas propició un espíritu de autosuficiencia y cooperación característico de la frontera, lo que hizo de Deadwood un lugar notablemente acogedor para afroamericanos e inmigrantes chinos en una época marcada por la profunda discriminación.
"Deadwood" muestra cómo una ciudad en la frontera se convirtió en un reflejo de las virtudes y vicios del salvaje Oeste. Este relato ilustra el constante desafío de la humanidad por establecer un orden en medio del caos, así como el esfuerzo por trascender la codicia personal en favor del bienestar común. En este contexto, se busca alcanzar la seguridad y dejar atrás la violencia, todo ello en un entorno marcado por tiroteos, asaltos a diligencias y un consumo desmedido de whisky.