A pesar del calor, aún es primavera, y es un buen momento para destacar el trabajo de Talía y Melpómene sobre los escenarios madrileños, carnaval constante de comedia, drama, danza, performance… cada vez con propuestas y proyectos más interesantes, desde los más modestos hasta las producciones más arriesgadas del teatro público.
El lunes 15 de junio el Gran Teatro Pavón de Madrid se ha vestido de gala y fiesta para acoger la V edición de los Premios Godot, unos galardones ya consolidados como el latido indispensable de las artes escénicas contemporáneas.
El acto se convirtió en una celebración vibrante gracias al sensacional trabajo de Las Niñas de Cádiz, quienes asumieron la dirección y conducción de la noche imprimiendo su sello inconfundible. Con un desparpajo arrollador, una ironía fina pero afilada y la gracia innata del espíritu de la chirigota gaditana, transformaron el patio de butacas en un espacio de risa compartida y camaradería teatral. Su dinamismo estuvo perfectamente arropado por el buen sonido y la complicidad de la banda en directo, SHRIZZ & THE KIDDZ, que marcó el compás preciso de las emociones, los chistes y las transiciones escénicas.
Entre la poesía y la reivindicación de algunos de los discursos y el humor de los sketches, la entrega de galardones fluyó con un ambiente festivo impecable, avivado por la presencia de queridas figuras de nuestra escena como Marta Poveda, una de las encargadas de repartir la emoción y los premios sobre las tablas.
El punto álgido de la noche llegó con el atronador aplauso al grandísimo Carlos Hipólito, quien recogió con profunda gratitud el Premio Godot de Honor a toda su impecable y versátil trayectoria que ya suma la friolera de 50 años sobre las tablas. Además, la velada ensalzó el fervor de los espectadores otorgando el Premio del Público a la producción La Rosa 14 y abrazó la resistencia del teatro alternativo entregando el codiciado Premio Especial Godoff a Elisa Forcano por su deslumbrante trabajo en Zorra Dorada.
El palmarés de la noche demostró la enorme riqueza y el reparto equilibrado del talento escénico actual:
Una noche redonda que recordó a todos los amantes de las artes escénicas que, mientras seguimos esperando a Godot, el teatro vivo sigue siendo la mejor excusa para celebrar y hacer frente a la vida.