HISTORIA

"Agua o fuego": La disyuntiva estratégica de Luis de Requesens en el conflicto flamenco

Agua o fuego
Álvaro Alcázar | Sábado 05 de septiembre de 2026

La llegada de Luis de Requesens a los Países Bajos marcó un cambio significativo en la política de la Monarquía Hispánica. Felipe II decidió enviar a este noble catalán de confianza para implementar una estrategia de “blandura” y conciliación, tras la dura gestión militar y fiscal del duque de Alba. Sin embargo, el libro revela que Requesens no contaba con un plan estratégico propio, sino que se encontró con una situación insostenible: un ejército desmesurado, una deuda exorbitante y una rebelión profundamente arraigada. La política de perdón general y negociación que intentó llevar a cabo fracasó no por falta de voluntad, sino debido a la imposibilidad de alcanzar una solución negociada ante la intransigencia de los rebeldes y las dificultades económicas que enfrentaba la Corona.



El “ejército de hierro con cimientos de barro” se presenta como una máquina militar insostenible. Una de las contribuciones más significativas del libro es el exhaustivo análisis del ejército de Flandes, que representaba la mayor fuerza militar de la monarquía. Esta obra pone de manifiesto la paradoja que rodea a dicho ejército: aunque contaba con una tropa multinacional de gran calidad y estaba dirigido por destacados generales, sufría las consecuencias de una deuda crónica. Los soldados, en particular los españoles, a menudo pasaban años sin recibir su salario, lo que transformaba la disciplina en un problema recurrente. Después de cada victoria, como la de Mook, o tras importantes asedios, era habitual que la tropa se amotinara, y su profesionalidad y ferocidad se volvían en contra de la misma población a la que debían proteger. Así, el verdadero campo de batalla se encontraba en la falta de pagos.

El horror del hambre en la guerra de asedios: el coste humano. Un espacio significativo en el libro se dedica a la brutalidad de la guerra de asedio, ilustrada por la caída de Midelburgo y el sitio de Leiden. Estos eventos no son presentados únicamente como acciones militares, sino que se relatan como tragedias humanas. La obra detalla con precisión el sufrimiento extremo causado por el hambre, que afectó tanto a los soldados como a la población civil, quienes llegaron a consumir animales como perros, gatos y caballos, o incluso a ingerir simiente de linaza, lo que provocaba una muerte lenta y dolorosa. La rendición de Midelburgo se transforma así en un relato de heroica resistencia y negociación, donde el hambre se erige como el enemigo más implacable, evidenciando las miserias inherentes a una guerra civil-religiosa.

No se deben considerar los motines de los soldados españoles, como el célebre motín de Amberes en 1574, como meros actos de indisciplina; el autor los interpreta como una reacción lógica ante el abandono por parte de la Corona y la falta de pagos. Además, el libro resalta la constante amenaza que representaban los complots para entregar ciudades a los rebeldes, así como las traiciones cometidas por oficiales, entre ellos el vicealmirante Adolf van Haamstede, quien entregó la flota realista a los mendigos del mar. La contienda se desarrollaba no solo en el campo de batalla, sino también en el interior de las ciudades y dentro mismo de las tropas.

El uso del agua como arma en la guerra: una lucha de diques y canales. Flandes se presentó como un escenario bélico singular, y el libro ilustra con claridad cuán crucial era el control sobre el agua. Los rebeldes, dominadores del mar, utilizaron este recurso como un instrumento mortal, inundando tierras para ayudar a Leiden o para frenar los avances de las fuerzas realistas. La “guerra de diques” se convirtió en un elemento estratégico fundamental. El texto aborda el debate interno que surge en la correspondencia entre Requesens y Felipe II, donde se cuestiona si para reprimir la rebelión era más eficaz devastar el país con “fuego” o inundarlo con “agua”. Esta elección refleja la brutalidad y la desesperación inherentes a una guerra total.

La historia de Luis de Requesens sirve como hilo conductor para analizar la integración de una nobleza “periférica” en la Monarquía Hispánica. El autor presenta a Requesens no como un “héroe” solitario, sino como un hábil gestor de una red clientelar catalana que le facilitó avanzar en su carrera. Su trayectoria en lugares como las Alpujarras, Lepanto, Milán y Flandes ilustra la movilidad de una élite al servicio del imperio, que, a pesar de sus orígenes provinciales, desempeñaba un papel crucial en la maquinaria imperial. En el libro se enfatiza que su poder no derivaba de sus títulos (era simplemente un barón y comendador mayor de la orden de Santiago en Castilla, un título subordinado al rey), sino de su lealtad al monarca y su habilidad para forjar alianzas entre la nobleza de los distintos reinos.

La supremacía rebelde y el papel de la flota en la lucha naval son aspectos que a menudo se pasan por alto. Un factor decisivo que Requesens no logró contrarrestar fue la superioridad de la flota rebelde, integrada por “mendigos del mar”. El libro detalla el fracaso del socorro naval a Midelburgo, donde Julián Romero, un destacado soldado de infantería, no tuvo éxito como almirante. También se aborda la traición de la armada de Amberes y la desafortunada suerte de la flota de Pedro Menéndez de Avilés, que jamás alcanzó Flandes. Una de las mayores frustraciones del gobierno de Requesens fue la promesa incumplida de una “Armada Invencible” atlántica.

La obra revela que la pérdida de la guerra de Flandes no se debió a la falta de valor, sino a la escasez de recursos financieros. A través de un análisis exhaustivo, el libro examina la crisis económica que afectó a la Monarquía y que culminó en la suspensión de pagos en septiembre de 1575. Este decreto representó un golpe devastador para el gobierno de Requesens, ya que arruinó tanto su crédito personal como el de la Corona ante los banqueros de Amberes. Sin fondos disponibles, resultaba imposible remunerar al ejército, y el autor sostiene que esta bancarrota marcó el verdadero “remate a la guerra”, condenando cualquier éxito militar al fracaso.

El libro presenta a Requesens como un militar y estadista que, aunque aceptó su cargo con reticencias, se siente abrumado por las responsabilidades que conlleva. En lugar de ofrecer una imagen de un líder equilibrado, la obra destaca su carácter irritable, su pragmatismo y su fuerte sentido del deber, al tiempo que revela su desesperación y el anhelo de renunciar a su puesto. A través de su correspondencia, llena de quejas sobre su salud y la escasez de recursos, se evidencia a un hombre consciente del colapso inminente de su gestión. El agotamiento físico que se refleja en sus cartas ilustra la imposibilidad de cumplir con la tarea que le fue asignada.

El desenlace trágico de la “Furia Española” en Amberes se vio impulsado por la muerte de Requesens en marzo de 1576, un evento que actuó como el detonante del desastre final. La falta de su liderazgo dejó desprotegida a una tropa impaga frente a una población hostil. El relato describe cómo el fallecimiento del gobernador general provocó una escalada de violencia que culminó en el saqueo de Amberes en noviembre de 1576, conocido como la célebre “Furia Española”. Este horrendo acontecimiento, que resultó en la masacre de miles de civiles, no debe considerarse un hecho aislado, sino más bien como el resultado de años marcados por tensiones, motines y una guerra que había deshumanizado a todos los involucrados. En este contexto, Requesens representaba la última oportunidad para evitar tal catástrofe, y su muerte abrió las puertas a la destrucción de su legado.

El año 1573 estaba por concluir y Flandes se asemejaba a un avispero. Luis de Requesens fue enviado por Felipe II a Bruselas para reemplazar al duque de Alba como gobernador general, quien, a pesar de sus políticas implacables, no había logrado sofocar la revuelta que asolaba los Países Bajos. Este nuevo cargo representaba el desafío más complicado en su extensa trayectoria al servicio de la Monarquía Hispánica. Anteriormente, como lugarteniente general de la Mar, había sido el principal colaborador de don Juan de Austria en los asuntos del Mediterráneo, había reprimido la revuelta morisca en las Alpujarras y comandado la exitosa flota cristiana durante la batalla de Lepanto. Sin embargo, Flandes presentaba una realidad muy diferente. Allí se encontró con el legado que dejaba Alba: una revuelta calvinista firme y decidida, ciudades necesitadas de socorro y un ejército enorme que apenas podía financiarse. Su enfoque debía diferir del castigo aplicado por el duque y buscar gobernar con "blandura" cuando fuera posible; no obstante, tras el temprano fracaso del perdón general, lo único que quedó fue la guerra, siempre la guerra.

Algunos de los mejores militares españoles de la época, como Cristóbal de Mondragón, Julián Romero y Sancho Dávila, estaban bajo el mando de Luis de Requesens, quien intentó someter a los rebeldes con la ayuda de los temidos tercios. La opción de la suavidad se consideró inviable, lo que llevó a una cruel disyuntiva: ahogar o incinerar, agua o fuego. La brutalidad del conflicto permitió que en Flandes se experimentara la guerra en su totalidad: asedios despiadados en lugares como Midelburgo, Leiden y Zierikzee, las victorias en las batallas terrestres contrastadas con la abrumadora superioridad naval del enemigo, así como motines explosivos, una deuda crónica y conversaciones infructuosas de paz con los rebeldes. En el libro "Agua o fuego", de Víctor J. Jurado Riba, se explora este complicado escenario que enfrentó Luis de Requesens. El texto también aborda cómo un Flandes desgarrador no solo le robó la esperanza, sino que finalmente le costó la vida. El saqueo devastador de Amberes simbolizó el fracaso de un hombre que, a pesar de todo, luchó por su rey utilizando tanto agua como fuego, desafiando todas las adversidades. Este relato se complementa con "Es necesario castigo. El duque de Alba y la revuelta de Flandes", escrito por Àlex Claramunt.

Víctor J. Jurado Riba (Sant Boi de Llobregat, 1993) es doctor en Historia Moderna por la Universidad de Barcelona y, actualmente, profesor de Historia Moderna en la misma universidad. Ha centrado su actividad investigadora en una doble vertiente relacionada con la historia militar: por un lado, la nobleza catalana en época de Felipe II y su servicio militar, la reconstrucción de redes nobiliarias en contextos bélicos y, más en concreto, en la figura de Luis de Requesens y su actividad en la guerra; por el otro, Barcelona y su milicia urbana y la contribución a la defensa de Cataluña. Esa actividad investigadora le ha llevado a formar parte de diversos proyectos y grupos de investigación autonómicos, nacionales y europeos. Es autor de diversos libros de investigación y decenas de artículos científicos y de divulgación, novelas y ha participado en podcasts y programas de radio y televisión en su faceta de historiador.

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