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CRUZA CARABANCHEL: CUANDO LA CULTURA DECIDE CRUZAR LA CALLE

IV edición de Cruza Carabanchel
Alberto Morate | Martes 15 de septiembre de 2026

Ayer, la Estufa de la Reina de la Finca de Vista Alegre ha sido mucho más que el escenario elegido para anunciar la IV edición de Cruza Carabanchel. Durante unas horas de la mañana del lunes 14 de septiembre, ese espacio ha servido como metáfora perfecta de lo que propone el festival: encontrarse, cruzarse, mezclarse, escucharse y, sobre todo, compartir.



Si algo ha quedado claro hoy es que Cruza Carabanchel no pretende simplemente llenar durante nueve días el calendario cultural de un distrito. Pretende demostrar que Carabanchel es ya, por derecho propio, un territorio cultural vivo, plural, inquieto y extraordinariamente fértil.

La presentación, organizada por la Asociación Carabanchel Distrito Cultural (CDC), ha contado con la presencia y el patrocinio de la Junta Municipal de Carabanchel y de su concejal presidente, Carlos Izquierdo, acompañado por Rafael Cabrera, Director General de Programas y Actividades del Ayuntamiento de Madrid, y Manuel Lagos, Director General de Cultura e Industrias Creativas de la Comunidad de Madrid.

Pero antes de que llegaran los discursos institucionales, un cortometraje dirigido por Juan Expósito y Paula Villarrubia puso imágenes, rostros y emociones a aquello que, en ocasiones, resulta difícil explicar con palabras. El corto fue, de alguna manera, la esencia de Cruza.

Este festival habla de cultura, sí, pero también habla de personas. De un barrio que crea, de artistas que trabajan, de espacios que resisten, de vecinos que participan, de disciplinas que se encuentran, de puertas que se abren.

Y de la necesidad de cruzar. Más allá de los discursos. Los discursos institucionales fueron dando paso a otras voces. Y ahí aparecieron Begoña Rius, vicepresidenta de CDC, incisiva, directa y emotiva, y Nacho Bonacho, presidente de la Asociación, aportando ese componente emocional y humano que consigue que las palabras sobre cultura dejen de parecer una enumeración de actividades para convertirse en una declaración de intenciones.

La cultura, cuando se cuenta desde quienes la viven, tiene otra temperatura. Y para conducir el acto se contó con una magnífica Ana Morgade, muy vinculada a la Sala Tarambana, que volvió a demostrar sus extraordinarias dotes como maestra de ceremonias: humor, desparpajo, improvisación, cercanía, simpatía y, cuando tocaba, rigor profesional. Una combinación difícil de conseguir y que hizo que el acto respirase.

Porque precisamente de eso se trataba: de respirar cultura.

Y entonces Carabanchel empezó a cruzarse. Después llegó lo mejor. El espacio de la Finca se transformó en una pequeña representación de ese enorme ecosistema cultural que durante nueve días tomará las calles, salas, estudios, galerías, talleres y espacios públicos y privados del distrito.

Cada área cultural tuvo su momento.

La literatura estuvo representada por un poema de Alberto Morate, una manera sosegada de poner voz a ese Carabanchel literario que existe, escribe, recita y crea. Después llegó la música, con Jiménez con Jota, capaz incluso de conseguir que la participación dejara de ser una palabra y se convirtiera en algo colectivo. En artesanía y diseño, Brenda Ranieri mostró que también se puede crear desde lo manual, desde el objeto y desde la mirada. En Artes Escénicas, una performance de Sergio París, en diálogo con el arte pictórico, recordó que las disciplinas no tienen por qué vivir separadas. Y en Artes Plásticas, una Fantasía Collage ofreció una particular representación de lo que es y significa Carabanchel. También estuvo Photoalquimia, explicando que «cada lata cuenta»: seis mil píxeles metálicos que, unidos, pueden acabar formando una obra de arte.

Quizá ahí esté una de las mejores metáforas de Cruza Carabanchel. Una lata sola puede parecer poca cosa. Seis mil, juntas, pueden convertirse en arte.

Más de cien maneras de cruzar Carabanchel.

Del 26 de septiembre al 4 de octubre, durante nueve días, el distrito acogerá más de 100 actividades en al menos, 50 espacios, tanto públicos como particulares. Y la programación es tan amplia que intentar resumirla resulta casi una temeridad. Hay, sin embargo, un punto de partida que lo atraviesa todo: tolerancia cero. El acoso no cruza.

Y tampoco debe cruzar ninguna forma de violencia.

Desde ahí, Cruza abre las puertas a las Artes Escénicas con propuestas de la Sala La Imprenta, Tarambana, danza, la Asociación Labanda, De las raíces, el árbol, acercamientos a la inmigración, improvisaciones, esculturas vivas, talleres de flamenco y chotis, títeres y recorridos por la memoria teatral del barrio.

Porque Carabanchel también tiene historia escénica. Está, por ejemplo, el antiguo Teatro de las Delicias, por cuyo escenario pasaron nombres como Benavente, Valle-Inclán o María Lejárraga, además de las referencias al cine mudo que forman parte de ese patrimonio cultural que muchas veces permanece escondido a plena vista.

En Artes Plásticas, las posibilidades se multiplican. En Tu patio podremos encontrarnos con Nadia Venavides y Artivando, un cuerpo de obra compuesto por cincuenta piezas que juegan con la luz ultravioleta y la fluorescencia. También con las tres pinturas figurativas de Ana Diéguez, la instalación Velo, de Samuel Márquez y Noart Gallery, o propuestas como Tu rodilla es un poema, de Quino Romero. Germen, la iniciación al handpoke y el mundo del tatuaje, los recorridos de mediación por los Open Studios del barrio y las galerías… Todo cabe en Cruza.

Y todo parece invitar a lo mismo: mirar de otra manera. Crear con las manos. La artesanía también encuentra su espacio. Se podrá hacer una taza, un cuenco o una maceta. Decorar platos, construir una máscara, crear un anillo, acercarse a la talla de madera.

Incluso habrá un taller nocturno de rayogramas para registrar gestos y texturas.

Porque crear también es tocar. Y tocar es otra forma de cruzar.

Cine, barrio y literatura. El cine no podía faltar. Habrá propuestas al estilo de Cómo rodar un largometraje de bajo presupuesto y la posibilidad de descubrir No me gusta, una película rodada mayoritariamente en Carabanchel.

La comunidad vecinal tendrá igualmente un protagonismo esencial, con mesas redondas, un aperitivo criminal o incluso una propuesta tan necesaria como el yoga para personas en tratamiento oncológico.

Y la literatura volverá a encontrar un espacio propio en ese encuentro espontáneo de escritores de Carabanchel cuyo objetivo no es otro que darse a conocer, intercambiar experiencias, compartir sinergias y oficio. Habrá talleres de Teresa Olalla, charlas, presentaciones, recitados de poesía e incluso un espacio para inventar «palabrotas».

Porque la cultura también puede jugar.

Y la música, ¡cómo no! La música ocupa un lugar primordial en Cruza. Los Animales, Diego Paqué, Rodrigo Mercado, conciertos de punk rock, propuestas en las que la música se fusiona con las artes visuales…

La programación parece no terminar nunca. Precisamente esa es la sensación de desbordamiento la que mejor define lo que hemos vivido esta mañana. He intentado tomar nota de todo. Imposible.

Siempre aparecía otra propuesta, otro nombre, otra disciplina, otra persona, otro cruce.

Y entonces comprendí que es la cuestión. Que Cruza Carabanchel no está hecho para ser contado entero. Está hecho para ser vivido.

Una cerveza, una conversación y muchas ganas. Después de las actuaciones, performances y presentaciones llegó otro de los momentos importantes de cualquier encuentro cultural: hablar, charlar, compartir, intercambiar opiniones, sonreír, contar proyectos, conocerse…

Y para eso también estuvieron el catering y los aperitivos, acompañados por Cerveza Patanel, la cerveza de Carabanchel, que puso su parte líquida a una mañana en la que las conversaciones fueron, probablemente, tan importantes como los discursos.

Los festivales culturales no se construyen únicamente sobre escenarios. Se construyen alrededor de una mesa, en una conversación improvisada, en un taller, en un estudio, en una galería, en una plaza, en una sala, en una puerta que alguien abre.

Cruza. Durante nueve días, Carabanchel volverá a llenarse de cultura. Pero quizá sería más exacto decir que Carabanchel volverá a mostrar la cultura que ya tiene dentro. Más de cien actividades, más de cincuenta espacios, nueve días. Artes Escénicas, Artes Plásticas, Artesanía y diseño, Cine, Literatura, Música, Comunidad vecinal…

Pero, por encima de todo, personas. Personas que crean y personas que miran, personas que enseñan y personas que aprenden, personas que llegan y personas que ya estaban, personas que se encuentran.

Cruza es una invitación. Cruza el puente, Cruza la calle, Cruza la plaza, Cruza una puerta, Cruza tus prejuicios, Cruza tus límites. CRUZA CARABANCHEL.

Y descubre todo lo que ocurre cuando la cultura decide encontrarse.

Del 26 de septiembre al 4 de octubre, Carabanchel vuelve a cruzarse con la cultura.

Sería una pena quedarse al otro lado.

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