La historia también tiene sus mecanismos de asfixia: nombres que desaparecen, fotografías que se esconden, palabras que dejan de pronunciarse hasta que parece que nunca existieron.
En ese territorio trabaja Ictus (Anatomía de A derradeira leición do mestre), la creación de Chévere a partir de Alfonso Daniel R. Castelao que, bajo la dramaturgia y dirección de Xron, convierte el escenario del Teatro Valle-Inclán en una mesa de disección de la memoria. No para embalsamar el pasado, sino para examinar las operaciones que lo deformaron, los silencios que lo hicieron soportable y las manos que, todavía hoy, se empeñan en mantenerlo oculto.
Respirar. Solo respirar se agradece ante Ictus, para incomodar las certezas, desenterrar lo silenciado y poner en cuestión esa memoria que administramos a conveniencia. Con un reparto integrado por Borja Fernández, Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo, Marcos Pereira y Gema Santos, el montaje, producido por el Centro Dramático Nacional y Chévere, se adentra en los mecanismos de una desmemoria que nunca es inocente. Porque la memoria es versátil, partidista, selectiva. Y lo que selecciona termina, demasiadas veces, por ocultarlo todo.
La propuesta avanza como una investigación escénica que desgrana, punto por punto, un proceso de recuperación que no fue tal. Una reconstrucción llena de fisuras, de silencios interesados, de responsabilidades que se escurren entre los dedos. Yo no soy, yo no sé, yo no estaba. La coartada perfecta para que nadie se sienta concernido, para que el pasado se transforme en un relato distinto, más soportable, más conveniente. Mirar atrás exige demasiado cuando lo que aparece al fondo es la propia complicidad. El olvido borra lo que fuimos, pero también aquello que hicimos, aquello que permitimos y aquello que otros decidieron por nosotros.
Chévere convierte esa búsqueda en un montaje narrativo y multilingüe, donde la lengua de signos, los colores, las imágenes y las sensaciones amplían las posibilidades de contar. El escenario no ilustra la historia: la interroga. La fragmenta, la recompone, muestra sus costuras. Y en esa diversidad expresiva reside buena parte de su fuerza, en la voluntad de hacer visible lo que permanece fuera del encuadre. Porque siempre hay alguien empeñado en mantener oculta la verdad, alguien dispuesto a cruzar una línea más para que la historia oficial siga pareciendo la única posible.
No se puede decir adiós. Hay que decir bienvenido. Bienvenido, Castelao. Bienvenido, Alexandre Bóveda. Bienvenidos todos aquellos a quienes la violencia arrebató no solo la vida, sino también el derecho a formar parte de la memoria colectiva. El maestro vilmente tiroteado, la fotografía de sus hijos guardada en el bolsillo interior, ese pequeño resto de intimidad que acompaña al hombre cuando todo lo demás le ha sido arrebatado. Está la muerte, pero también el exilio, el dolor de no poder participar de la vida nuestra, de la de aquí, mientras otros se encargan de que el cuento sea otro.
La presencia de Alberto Núñez Feijóo, entonces presidente de la Xunta, introduce la incómoda distancia entre el gesto institucional y la reparación verdadera. Estar muerto no es lo mismo que haber sido asesinado. Lo segundo exige nombrar la violencia, reconocer a sus víctimas y asumir responsabilidades. La tristeza, por sí sola, no devuelve la verdad ni compensa décadas de ocultamiento.
Siempre hay un debe y un haber. El debe es demasiado extenso: nombres silenciados, heridas sin cerrar, responsabilidades pendientes. El haber adopta aquí la forma del teatro, de unas palabras que recuperan su peso, de la posibilidad de atravesar el río Olvido y negarse a aceptar que las cosas sucedieron de otra manera.
El balance no es absoluto. Ninguna representación puede reparar por sí sola la historia, pero sí impedir que sus vacíos se perpetúen. Y a estas alturas ya no debieran quedar determinados hechos suspendidos en la penumbra. Ictus reivindica el teatro como espacio de restitución, como lugar desde el que devolver la voz a quienes fueron expulsados del relato. Recordar no cambia lo sucedido; cambia nuestra relación con ello. Y quizá ahí comience la justicia: en dejar de fingir que no sabemos, que no vimos, que no fuimos. En comprender, por fin, que el olvido también tiene autores y que la memoria, cuando se atreve a mirar de frente, puede dejar de ser cómplice.
ICTUS (ANATOMÍA DE A DERRADEIRA LEICIÓN DO MESTRE)
Creación: Chévere
Texto de partida: Castelao
Dramaturgia y dirección: Xron
Intérpretes: Borja Fernández, Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo, Marcos Pereira y Gema Santos
Producción: Centro Dramático Nacional y Chévere
Espacio: Teatro Valle-Inclán, Madrid
Género: Teatro documental y de memoria histórica