Supo ver que toda renovación empezaba por la educación. Desde pequeño demostró amor por el estudio el niño Gonzalo Ximenez de Cisneros: ese hijo de hidalgos pobres procedentes de Cisneros (Palencia), nacido en Torrelaguna en el año de gracia de 1.436.
Una crisis espiritual le lleva a los franciscanos, y a cambiar su nombre: Gonzalo, por el de Francisco.
Pero esto sucedería mucho después de empezar sus estudios en Roa y Cuellar, de seguirlos luego en las aulas del Estudio General franciscano de Alcalá de Henares, de estudiar teología, filosofía, derecho civil y canónico en el colegio de San Bartolomé de Salamanca, de ser ordenado sacerdote en Roma, de ejercer allí de abogado, de morir su padre, y de regresar a Castilla.
Consigue, tras su regreso de Roma, el arciprestado de Uceda, al que le da derecho una orden, firmada por el Papa, con la que regresa, mediante la cual podía ocupar el primer puesto vacante en el arzobispado de Toledo. Pero Carrillo, el arzobispo de Toledo, quería esa plaza para un sobrino, y le ordena abandonar el cargo. Al negarse Gonzalo, lo encarcela en Uceda, y luego en el castillo de San Torcaz.
Pasará allí seis años enclaustrado, dedicado al rezo, a la meditación y al estudio. Se convertirá, al salir, en capellán y vicario general de Sigüenza.
Y en Sigüenza conocerá al cardenal Mendoza, responsable luego de un giro importante en su vida.
Le sobreviene entonces una profunda crisis religiosa.
Sucedió en 1484, cuando con 48 años, Cisneros renuncia a toda vanidad humana, e ingresa en la orden de los franciscanos, en la observancia más absoluta de los votos de pobreza, castidad y obediencia. Primero en el convento de la Salceda, y luego en el del Castañar. Serán ocho años de silencio y austeridad, de oración, estudio y vida conventual. Lee a Ramón Llul…
Pedro Martir de Anglería habla de su ascetismo. Su biógrafo Alvar Gómez cuenta de su marcha por los caminos a lomos de su burro “Benitillo”, ayudando a los pobres. Se forma a su alrededor una aureola de santo.
Le llega este rumor al cardenal Mendoza, que ya lo ha conocido en Sigüenza, y se lo aconseja a la Reina Isabel quien solicita a Mendoza un confesor, al faltarle el suyo: Fray Hernando de Talavera, obispo ahora de Granada.
La Reina Isabel se admira de la sencillez del fraile Cisneros. No quiere el franciscano renunciar a su vida conventual, ni residir en palacio. La Reina acepta sus condiciones. Se convierte así en confesor de la Reina Isabel la Católica, y también en su consejero. En sus largas conversaciones, le transmitirá Cisneros a la Reina la necesidad de reformar la iglesia, de librarla de esa corrupción en las costumbres que lleva a clérigos a cohabitar con mujeres y a acumular riquezas.
La Reina Isabel lo escucha, lo convierte en Superior de los franciscanos, y le da el encargo de reformar la iglesia de Castilla.
Francico Jiménez de Cisneros, se convierte así, en el primer Reformador de la Iglesia Católica. Él lo hará desde adentro, antes de que Lutero lo haga luego, fuera de la jerarquía eclesial vaticana. Comienza por la orden de los franciscanos a la que pertenece. Se granjea cientos de enemistades, pues muchos frailes, acostumbrados a la vida disoluta, no aceptan su reforma, y se quejan al Papa, que, ante el asombro de sus opositores, apoya a Cisneros.
Los franciscanos, a partir de esa reforma cisneriana, se dividirán en dos ramas: “observantes” aceptadores de la reforma de Cisneros, y los “conventuales” remisos a someterse a ella.
Cisneros no se olvida de su villa de nacimiento, y funda en Torrelaguna el “Convento de Franciscanos observantes de la madre de Dios”, del que se conserva hoy su espadaña. Fundó también allí el Hospital de San Bartolomé. Mandó asimismo construir en su villa de nacimiento un “posito”, o almacén de trigo, al que dotó de 7.000 fanegas de dicho cereal para necesidades de pobres y viudas.
La reforma continúa. Tras conseguir un nutrido número de conventos franciscanos observantes, se entrega a la reforma el clero secular. Exige a los clérigos saber latín, dejar de cohabitar con mujeres, y alejarse de las riquezas.
Cuando en 1495 muere el Cardenal Mendoza, los Reyes Católicos nombran a Cisneros: arzobispo de Toledo. Pero rechaza él el nombramiento por dos veces.
El Papa Alejandro VI le exige aceptarlo. Y por obediencia, lo acepta.
Por obediencia, no perdamos de vista este ingrediente: “la obediencia” tan vital en este franciscano observante. Obediencia a sus superiores, obediencia a los Reyes Católicos, que, en la mente de este clérigo del siglo XVI, eran los representantes de la divinidad.
El arzobispado de Toledo podía considerarse un reino, dentro del Reino Contaba con 300 villas, (entre ellas Alcalá de Henares), con unos límites que alcanzaban Cazorla, ya en Andalucía, y unas rentas anuales de 80.000 ducados. Otros arzobispos europeos utilizaron sus rentas para construirse grandes palacios, en aras de su disfrute personal. Cisneros, sin embargo, utilizó las de su arzobispado para ayudar a los pobres, reconstruir iglesias…
Y, materializar su sueño complutense: la construcción de una ciudad de Dios, un campus del saber, en Alcalá de Henares.
En 1499 la Reina Isabel, tras la conquista de Granada, lo llama a resolver el problema de los musulmanes de aquella ciudad. Fray Hernando de Talavera, su antiguo confesor, con el método de apertura y comprensión, no obtenía los resultados apetecidos por los Reyes Católicos. Cisneros se lanza entonces a conversiones masivas, incluso sin el convencimiento absoluto de los bautizados. Sigue aquí las enseñanzas de Ramon Llul, que en su “Libro de orden de caballería”, recomienda convertir a los infieles con la espada, al tiempo que se les predica la verdad de Dios.
Y precisamente en ese mismo año 1499 de la tropelía contra los textos islámicos, obtiene Cisneros la bula papal: “Inter Caetera” que le permite la construcción de la Universidad de Alcalá de Henares. Se precisaba dicha bula para fundar instituciones de Educación Superior, con capacidad de expedir títulos válidos para toda la Cristiandad.
Se funda la Universidad a partir del “Studium Generale” de Alcalá, del que fue alumno el joven Cisneros. Será la primera Universidad europea de corte renacentista, humanista y universal. Cisneros combinó los modelos medievales de París y Salamanca, con las influencias innovadoras de Lovaina y Bolonia.
La primera piedra se pondrá el 14 de marzo del año 1.501. En 1.508 dan comienzo las clases. Y en 1.510 se establecen unas Constituciones. Y se crea la magnífica biblioteca, con elevado porcentaje de libros sobre ciencias naturales y medicina.
En torno al Colegio Mayor San Ildefonso, del arquitecto Gil de Hontañón, se articulan una serie de edificios que completan las dependencias universitarias y que albergan los estudios de teología, derecho, política y artes. También se levanta la catedral Magistral, así llamada porque una parte importante del Cabildo debía estar formada por magístri (maestros) en Teología, de la Universidad.
Se construyeron también hospitales dentro del recinto universitario. El Cardenal Cisneros impulsó una verdadera “Ciudad Médica” donde se combinaba la asistencia a los más necesitados con la docencia. Son: los Hospitales de Antezana o Nuestra Señora de la Misericordia, fundado por Cisneros en 1483, y considerado el primer hospital universitario de España.
El Hospital de Santa María la Rica que pasó a ser administrado por el Colegio de San Ildefonso en 1513, y se especializaba en enfermos contagiosos.
El Hospital de San Lucas y San Nicolás, fundado en 1513 por Cisneros, destinado específicamente a los estudiantes pobres de la Universidad de Alcalá.
La Universidad integraba la medicina humanista en estos recintos, convirtiéndose en aulas vivas donde los estudiantes aprendían el oficio cuidando a los enfermos.
Los huertos y jardines desempeñaron también un papel fundamental en este campus universitario. Servían como boticarios vivos. En la época de Cisneros el estudio de la medicina y la farmacología dependía del cultivo y la clasificación de especies vegetales para elaborar remedios. En la estructura de los colegios universitarios era tradición aprovechar los claustros y los terrenos aledaños para el cultivo de huertas, según el diseño de los huertos conventuales. Se cultivaba asimismo trigo que se recogía en silos, y también se dio importancia a la ganadería.
En la mente de Cisneros reposaba desde el principio el concepto de una auténtica ciudad de Dios, en la que había que alimentar el cuerpo y el espíritu.
Fundó también Cisneros en Alcalá residencias femeninas, como el Colegio de las doncellas del convento de san Juan de la penitencia [1]
Su lema: Servir a Dios y al bien común Por eso le preocupaba el obstáculo que, para el estudio, suponía la pobreza. Por ello crea becas. Se da cuenta de la utilidad del estudio como medio de ascenso social. La nueva idea que tiene Cisneros de Estado, con su preocupación por el bien común, se vislumbra ya en esta ciudad del saber, a la que, en su epitafio, califica el Cardenal como “el Gran Liceo de las Musas”.
Entre maestros y alumnos figuran nombres como Antonio de Nebrija, Tomás de Villanueva, Ignacio de Loyola, Arias Montano, Juan de Mariana, Juan de la Cruz, Lope de Vega, Quevedo, Calderón, Tirso de Molina.
Se formó aquí una aristocracia universitaria que hizo posible el Siglo de Oro Español.
Y tampoco conviene olvidar que, en esta Universidad, en 1767, se doctoró por primera vez en España una mujer: Isidra de Guzmán, conocida como “La doctora de Alcalá” [2]
Pero todavía le quedaba a este arzobispo letrado, otro proyecto en su ciudad del saber. Así explica las motivaciones que le llevaron a él:
“para que todo estudiante pueda tener los textos originales y ser capaz de apagar su sed de las mismas fuentes que fluyen hacia la vida eterna…, hemos ordenado que se impriman las Sagradas Escrituras en sus lenguas originales…acompañadas de su traducción, para lo cual hemos utilizado los manuscritos más exactos y antiguos”
Y de este modo surgió el proyecto de edición de la “Biblia políglota Complutense”. Seis volúmenes, en hebreo, griego, arameo, y su traducción latina. Cisneros manda buscar manuscritos antiguos en monasterios y bibliotecas, incluso en la Biblioteca Vaticana.
Reúne a los mejores conocedores del hebreo, arameo, griego y latín. A Antonio de Nebrija, Alfonso de Zamora, Pablo Coronel, Demetrio Lucas, Diego de Zúñiga, Juan de Vergara. Serán 6 volúmenes, y miles de páginas.
El papa León X, autoriza la Biblia, de la que se imprimirán 600 copias. En la actualidad, quedan 120 repartidas por distintos lugares. En la abadía de las Concepcionistas Descalzas de su ciudad natal Torrelaguna, se custodió un ejemplar príncipe de la Biblia Políglota.
Erasmo de Rotterdan, al que había llamado para dar clases en su Universidad de Alcalá, y que declinó la invitación por estar él mismo en otro proyecto semejante, le alabó el trabajo de su Biblia Políglota.
El incansable Cisneros, que seguía siendo arzobispo de Toledo, primado de España, y además nombrado cardenal en 1507 por el papa Julio II, es bien sabido que utilizó sus rentas arzobispales para crear su Universidad de Alcalá. Pero, en el año 1.500, había empezado también a enviar misioneros a América, de su orden de los frailes menores, con el encargo explícito de evitar abusos de poder.
Asimismo, apreció la liturgia de los mozárabes y crea en la catedral de Toledo la capilla del Corpus Cristi para conservar esta liturgia, que data de la época visigoda. Recuperó los recursos litúrgicos en un misal y un breviario.
A cargo de sus rentas arzobispales costeó también, cuando ya contaba 73 años, una expedición para la toma de Orán a los infieles. Si bien el mando militar efectivo recayó sobre Pedro Navarro. No le abandonaba ese espíritu de cruzado, influenciado tal vez, por las lecturas de Ramon Llul, adalid de la conversión de infieles. Él mismo, además de financiarla, participó en la cruzada caballeresca de la toma de Oran. Seguramente seguía también los deseos de la reina Isabel la Católica, quien, en su testamento, rogaba a sus sucesores:
“que no cesen de la conquista de África e de pugnar por la fe contra los infieles”
Algún siglo después, en 1884, y en honor del cardenal, se fundó Villa Cisneros[3], en el Sahara, al sur de El Aaiún.
Tampoco podemos olvidar sus dos regencias. Fueron cortas. La primera a la muerte de Felipe el Hermoso, mientras el rey Fernando el Católico regresaba de Italia. La segunda a la muerte del rey Fernando, hasta que llega el rey Carlos desde Borgoña a Santander. En ambas demostró temple de buen político, dominando a los nobles, ansiosos de poder. Crea el cuerpo de la “gente de ordenanza”, germen del ejercito moderno, precisamente para reprimir a los voraces nobles.
Muere en Roa, el 8 de noviembre de 1517, ya añoso y enfermo, precisamente en su camino al recibimiento a Carlos de Gante, futuro Carlos I.
Su epitafio atestigua la prioridad que dio en su vida al logro complutense.
“Yo, Francisco, que fundé el gran liceo de las musas, yazco ahora en un pequeño sarcófago. Uní púrpura, sayal, casco y bonete. Fui hermano, general, gobernador, cardenal y padre, y no por mi ánimo, se juntaron corona y capucha cuando España me obedeció como regente”.
Tras su muerte se abre un proceso de canonización, con un amplio expediente, revisado en papados sucesivos. Hasta que, llamativamente, el papa Clemente XIV, que había pertenecido a los “franciscanos conventuales” (los que no aceptaron la reforma cisneriana) da el cerrojazo definitivo a la canonización del Cardenal Cisneros, quien había pertenecido a la orden de “franciscanos observantes” que él mismo había reformado.
El nombre de Cisneros sigue vivo en el apelativo de diferentes entidades universitarias de todo el mundo hispánico. La Universidad de Alcalá es asimismo reconocida internacionalmente. Está en la actualidad asociada al Real Colegio Complutense de la Universidad de Harvard.
El espíritu de Cisneros se pasea todavía por el recinto de su querida Universidad de Alcalá de Henares, materializado en ese cordón franciscano que prolifera en sus platerescas fachadas, y que el propio Cisneros tuvo a gala llevar siempre atado a su hábito de franciscano, bajo los ropajes de su rango arzobispal, y cardenalicio.
©Hortensia Búa Martín
Email: hbuamartin@gmail.com
Autora de cuentos, novelas, y de la biografía: “María Moliner: la luz de las palabras”
X:@MMoliner_vida
NOTAS
[1] Al que asistiría años más tarde Francisca de Pedraza, primera mujer que consiguió una sentencia contra violencia de género. Véase: Francisca de Pedraza y Ana Orantes: dos mujeres valientes en siglos distantes. Publicado en Todoliteratura.es 25/11/2025.
[2] María Isidra de Guzmán la “Doctora de Alcalá”, publicado en todoliteratura.es 6/3/2026
[3] Fue en tiempos de Cánovas del Castillo para favorecer las labores pesqueras de los canarios. Actualmente se llama Dajla y está ocupada por Marruecos.