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"Mirlo blanco, cisne negro", un ajuste de cuentas que no es tal

Juan Manuel de Prada (Foto: Javier Oliaga).

“El estilo es la respiración del escritor”, señala Juan Manuel de Prada

Javier Velasco Oliaga | Viernes 23 de diciembre de 2016

En una fría tarde-noche de finales del otoño madrileño, nos reunimos un grupo de blogueros literarios con José Manuel de Prada. El escritor afincado en Zamora durante buena parte de su vida no es precisamente un fan de Internet. “Yo estoy poco tiempo en Internet”, confiesa y sigue diciendo “yo veo a gente que hace muy bien su trabajo, algunos que lo hacen regular y otros que lo hacen muy mal”; pese a eso, reconoce que la labor que hacen las webs y los blogs literarios en cuanto a divulgación es “muy benemérita”.



Por supuesto, que todos los asistentes están de acuerdo y uno de los motivos es porque el trabajo de “los críticos tradicionales ha caído en el desprestigio o bien por motivos mercantiles o bien por motivos ideológicos”, dice el escritor de Baracaldo. Muchas de las publicaciones en papel tienen intereses de empresa que no les dejan ser objetivos, además, los suplementos literarios se han convertido en publicaciones sumamente aburridas que no tienen prácticamente ningún interés.

En opinión del autor, “las revistas y los suplementos literarios ejercen una tiranía cultural que traspasa la línea del sectarismo de forma torticera”, afirma con lucidez. Ese desprestigio nos ha llevado a “tal punto que hoy en día es muy difícil que los periódicos publiquen entrevistas literarias”, dice el autor de “Mirlo blanco, cisne negro”, y que las ventas de los libros hayan bajado, según los diferentes géneros, hasta un tercio los libros literarios y hasta una quinta parte los best sellers, con respecto a la época dorada que cifra en los años ochenta y noventa del siglo pasado.

¿Qué es Mirlo blanco, cisne negro? Según la faja del libro es “un ajuste de cuentas conmigo mismo y con el mundo editorial”. Nada más lejos de la realidad. José Manuel de Prada reconoce que se ha equivocado con la promoción del libro. “No es un ajuste de cuentas, es una novela de relaciones. Eso no quiere decir que no sea crítico con la política de publicaciones de las grandes editoriales. Me parece una vergüenza lo que se está publicando. Todos esos libros de booktubers no están creando nuevos lectores. Están cerrados en sí mismos. La literatura tiene que ser un contagio para el alma”, expone de forma elocuente y agrega “el estilo es la respiración del escritor. La radiografía de su alma. Cada autor tiene que encontrar su voz propia”.

En este sentido, lo que hace Saldaña, el cisne negro, es un disparate. “Todos los autores tienen que tener una evolución. No se tienen las mismas opiniones durante toda la vida. Lo sospechoso es escribir siempre igual, eso conlleva a convertirse en una caricatura de uno mismo”, analiza el José Manuel de Prada sobre su propia obra. “El autor cuando madura se va convirtiendo en menos barroco. Creo que a mí me ha pasado eso”, analiza.

“Me parece que ambos protagonistas, Ballesteros y Saldaña tienen cosas mías y, a la vez, nada tienen que ver conmigo. Ballesteros tiene de mi la época primera y Saldaña de la época de madurez”, apunta. Por eso, se ve algo viejo ya. “Llevo más de 22 años publicando libros y algunos más sabiendo que mi vocación es la literatura. En este tiempo he escrito veinte libros de los que nueve son novelas”, puntualiza. En este momento, según reconoce podría haber escrito un libro de memorias sobre su experiencia como escritor pero cree que una novela es mejor. “En Mirlo blanco, cisne negro quien más golpes se lleva soy yo mismo”, determina.

La novela comienza con una estampa satírica de una recepción literaria, pero la novela da un giro tras ese primer capítulo para centrarse en las relaciones de los dos escritores protagonistas. “La relación que mantienen ambos es totalmente tóxica. Ballesteros es un trepa y arribista que su única intención es medrar; Saldaña es un viejo ya de vuelta de todo que, por otra parte, es el que más me gusta de los personajes de la novela”, analiza.

“En la novela no hay que buscar claves ocultas ni mucho menos leerla en clave como han hecho algunos, haciendo lecturas realmente disparatadas. Los personajes son pura creación”, afirma. Lo que sí hay es una mención a una cierta generación joven de escritores, la conocida como generación nocilla, pero no a una generación real por la que siente mucho respeto, “la mención es como escritor pringoso, como trepa, pero no, sobre el autor de la trilogía Nocilla ni a ningún otro escritor”, puntualiza.

Prueba de ello es que cita como escritores muy recomendables a autores jóvenes como Joaquín Pérez Azaústre, Sara Mesa y Cristina Morales. Finaliza el encuentro con la lógica crítica al tiempo que vivimos. “Es una época de adoctrinamiento. La sociedad de la información ha sustituido a la sociedad del conocimiento y eso hace que se produzcan muchas intoxicaciones como la vivida por la última película de Fernando Trueba. Me parece lamentable el boicot que se le ha hecho”, concluye este escritor que en la distancias cortas se muestra afable, humilde y muy lúcido.

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