EXPOSICIONES

La exposición “Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria” inaugura la programación del Museo del Prado para conmemorar su Bicentenario

Vista de la exposición (Foto: José Belló Aliaga).

Hasta el 10 de marzo de 2019

José Belló Aliaga | Domingo 25 de noviembre de 2018

Desde que el Museo Real se abrió el 19 de noviembre de 1819 con fondos procedentes de las colecciones reales, esta institución se ha convertido en uno de los principales depositarios de la memoria pictórica occidental, en punto de referencia fundamental de la cultura española y en un objeto de orgullo colectivo. Doscientos años después de su fundación, el Museo del Prado reflexiona sobre todo ello y lo comparte con sus visitantes en un formato expositivo que durante casi cuatro meses convertirá sus salas A y B en un rico centro de interpretación de su desarrollo y significancia histórica.



JAVIER PORTÚS

Comisariada por Javier Portús, Jefe de Conservación de Pintura Española (hasta 1700) del Prado y en sus propias palabras, la muestra “propone un recorrido cronológico por el devenir del museo, que es un criterio que permite subrayar lo que tiene de institución viva y especialmente permeable a los vaivenes históricos del país. Entre los hechos que se han tomado como puntos de referencia principales a la hora de hilvanar esa historia figuran la conciencia patrimonial española, la forma como se ha ido resolviendo el diálogo de la institución con su público y la sociedad, el reflejo que han tenido en el museo algunos momentos críticos de estos dos siglos de historia nacional, los criterios por los que se ha guiado el enriquecimiento de sus colecciones y la política expositiva, el desarrollo de la historia del arte como disciplina humanística, el impacto que han tenido el museo y sus colecciones sobre el arte y los artistas de los siglos XIX y XX o los contenidos simbólicos que se han ido asociando a la institución”.

OCHO ETAPAS

Así, el recorrido cronológico se articula en ocho etapas a través de las que se muestra cómo la institución ha desarrollado una personalidad propia, que a su vez ha sido reflejo del devenir histórico del país. Entre los temas tratados destaca, por su relevancia artística, el de la importancia que ha tenido el museo como espacio de reflexión e inspiración para sucesivas generaciones de artistas nacionales e internacionales, que se encuentra representado con obras de Renoir, Manet, Chase, Sargent, Arikha o Pollock, entre los artistas foráneos, y de Rosales, Saura y, muy singularmente, Picasso, entre los nacionales. El recorrido ilustra también, sirviéndose de todo tipo de documentos y obras de arte representativas en cada caso, los avatares institucionales del Prado; la manera como han ido creciendo sus colecciones, y la variedad de fórmulas que se han empleado para ello; los criterios de organización y exposición de la colección; la forma como ha ido asumiendo la promoción de los estudios histórico-artísticos; y las formas a través de las cuales ha ido plasmando su vocación pedagógica, y se ha expresado su relación con la sociedad.

168 OBRAS

La exposición cuenta con un total de 168 obras originales, de las que 134 forman parte de las colecciones propias y las 34 restantes se reciben en préstamo desde distintas instituciones nacionales e internacionales - EEUU, Francia, Hungría, Reino Unido, Israel, Alemania y Rusia- para crear un contexto que ayude a entender el Museo del Prado en relación con tendencias generales de la política patrimonial europea y mostrar algunos de los términos del diálogo que han mantenido los artistas contemporáneos con la institución.

CATÁLOGO DE LA EXPOSICIÓN

Por primera vez, la institución plantea una muestra en la que se hace un recorrido ordenado por su historia. Para llevarlo a cabo se ha contado con más de un centenar de obras de sus propios fondos y con una treintena procedentes de otros museos y colecciones, pues uno de los objetivos del proyecto es mostrar el diálogo que artistas, intelectuales y la sociedad en general han mantenido con el Prado en estos dos siglos.

La publicación que acompaña a la muestra tiene dos partes diferenciadas. Un completo y sugestivo ensayo firmado por el comisario, Javier Portús, aborda los mismos temas que aparecen en la exposición y en un orden similar, utilizando como material de base para ilustrarlo las piezas que se exponen. A continuación se suceden cuatro estudios que examinan cuestiones más precisas: Pierre Géal revisa los antecedentes del museo, María de los Santos García Felguera estudia la política de adquisiciones, Pedro J. Martínez Plaza se detiene en las donaciones y legados, y María Dolores Jiménez-Blanco analiza las relaciones entre el Prado y la política española en estos doscientos años.

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