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Beatriz Ledesma: “La historia de la literatura española no puede estar completa sin la aportación de los autores desterrados por la guerra civil”

Carmen Posadas, Beatriz Ledesma, Francisco Javier Expósito y Marta Robles (Foto: Javier Velasco Oliaga).

Antóloga de la obra de Clara Campoamor “Del amor y otras pasiones”

Javier Velasco Oliaga | Lunes 21 de enero de 2019

Clara Campoamor fue una de las tres mujeres diputadas en la primera legislatura de la Segunda República, las otras dos fueron Victoria Kent y Margarita Nelken. Por aquel entonces, las mujeres no podían votar en nuestro país, pero sí, salir elegidas diputadas. Electoras sí, votantes no. Una gran contradicción, ya que los partidos de izquierdas no querían que votasen las mujeres. Clara Campoamor siempre se opuso a ello.



La feminista y política madrileña fue la principal impulsora del voto femenino en la República, ley que se aprobó en octubre de 1931. Las mujeres españolas pudieron votar, por primera vez, en las elecciones legislativas de 1933, en las que ganaron los partidos de derechas. Además, Clara Campoamor fue la principal impulsora de la ley del divorcio, que luego sería abolida con el advenimiento de la dictadura franquista. La idea fundamental de esta gran luchadora era que “para cambiar una sociedad, había que cambiar sus creencias” y ello se debía de hacer mediante la educación. De ahí, que siempre fuese una persona muy pedagógica, como se vuelve a demostrar en la antología que Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo acaba de publicar en la Fundación Banco Santander.

El libro lleva el título de “Del amor y otras pasiones” y recoge veintinueve artículos de la revista argentina Chabela, auténticos ensayos muy personales “diáfanos y rotundos” para la especialista en su exilio argentino, Beatriz Ledesma, y a los que pudo acceder por el vínculo intelectual y afectivo que mantenía Campoamor con el tío de Ledesma, el político y erudito cordobés, Federico Fernández de Castillejo.

Clara aborda a poetas del Siglo de Oro resonantes como Quevedo, Góngora o Garcilaso, del Renacimiento como Fray Luis de León o Cristóbal de Castillejo, o aún anteriores como Juan de Mena o el Marqués de Santillana, así como trovadores de un mundo de coplas, en el que también encontramos variados poetas del Romanticismo español como Espronceda, Zorilla, Bécquer, Federico Balart, Bartrina, etc. Eso, sin olvidar a figuras muy admiradas por Campoamor como Juan de la Cruz o Sor Juana Inés de la Cruz, la poeta mexicana que es la única mujer a la que Clara aborda en el volumen. También podemos destacar la presencia del mexicano Amado Nervo o Manuel Machado entre los poetas más recientes.

Para cambiar una sociedad, hay que cambiar sus creencias

La ensayista y política confesaba en una de las entrevistas otorgada a José María Salaverría para Caras y Caretas, que “si la vida me ha brindado el regalo de las flores, también es cierto que no se ha olvidado de las espinas”, y enfatizaba que su vida podía expresarse con una sola palabra: “trabajo”. Para ella, su gran lucha política, el sufragio femenino, significaba que “con la intervención directa de la mujer en la política, ésta va a transformarse profunda y radicalmente”. Al igual que defendía, como abogada en otra entrevista de 1933 al mismo semanario argentino, que “sólo una reforma profunda de las leyes podrá llevarnos a la deseada identidad de derechos políticos y civiles con el hombre”.

Analizando los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, su décima musa, destaca cómo ésta ve “la inconsecuencia de los hombres al juzgar la conducta de las mujeres”, es más, “hay como un grito del alma, rebozado en burla donosa, al azotar esa dualidad entre el anhelo íntimo y el juicio social varonil”.

De Amado Nervo, soñador, visionario, afirma que “nos interesa más el hombre, esencialmente bueno, que en él había”. De Garcilaso canta a “la soledad, al apartamiento del mundo y al alejamiento de las vanidades”. De Juan de la Cruz dice, “su espíritu era como un lirio que brotara de un trono de mármol”, igual que habla del Marqués de Santillana como uno de los primeros autores que tienen en su época destellos de feminismo. En cuanto a Góngora, “para la mujer tiene dos notas su lira: grata y cantarina para las mozas, adusta y burlona para las viejas”.

Esto y mucho más espera en este libro que no es más que un viaje por la poesía y un homenaje de divulgación a la poesía española favorita de una de las pensadoras más brillantes y convincentes del siglo XX español.

En opinión de Beatriz Ledesma, en estos textos “Clara nos habla de los sentimientos que fueron la sustancia vital de muchos de los grandes poemas de nuestra lengua”, y podemos encontrar en ellos deseo, obsesión, traición, sufrimiento o abandono, y por supuesto, continúa Beatriz, “el amor en sus múltiples formas: platónico, pasional, conyugal, místico”, casi como si en sus comentarios, Campoamor “nos está dando su presencia íntima, confidencial", tanto por la elección temática como por los autores y anécdotas o poemas elegidos.

Para la investigadora y doctora en letras hispánicas por la Universidad Autónoma de Madrid, “la historia de la literatura española no puede estar completa sin la aportación de los autores desterrados por la guerra civil”. El exilio republicano tuvo tres grandes focos, Europa, México y Argentina. Clara Campoamor salió de España en plena guerra civil camino de Europa, para después establecerse en Argentina, donde vivieron bastantes republicanos desterrados, posteriormente, volvería a Europa, a la ciudad suiza de Lausanne.

Si en sus años madrileños, la principal vocación de Clara Campoamor fue la política, en sus etapas argentina y europea fueron la literatura. La política madrileña no pudo estudiar hasta edad madura, primero ejerció profesiones como la de modistilla para, posteriormente, ponerse a estudiar derecho. Consiguió terminar sus estudios a los 36 años. Desde ese momento, su gran pasión fue conseguir los derechos fundamentales de la mujer. Durante la dictadura de Primo, el código penal era más duro para las mujeres que para los hombres. Siempre se reveló contra esa desigualdad y luchó para conseguir la equiparación que fue llegando, poco a poco, durante la República.

Clara Campoamor siempre se reveló contra ña desigualdad y luchó para conseguir la equiparación entre hombres y mujeres

Beatriz Ledesma señaló durante su intervención “la gran labor del torpedero argentino Tucumán en el traslado de muchos españoles a Argentina”, además, apuntó que la mayoría de estas personas salieron prácticamente con lo puesto. “De ahí la importancia de la biblioteca mental de estas personas. Tuvieron que recurrir a sus recuerdos para reconstruir la que habían vivido en sus hogares. Entre los exiliados se apoyaban mucho, gracias a ello, pudieron reescribir su recuerdos”, afirma la investigadora y obrina del político republicano Federico Fernández de Castillejo, amigo personal de Clara Campoamor.

Sin duda hay en los ensayos contenidos en la antología una mirada genuina, lejos de las ideologías y las convenciones; para Francisco Javier Expósito, responsable de la Colección Obra Fundamental, “un viaje revelador por la poesía del Siglo de Oro y los románticos que nos ilumina algunos de los poemas y poetas más conocidos de nuestra literatura con un tema transversal que los recorre a todos: el amor.” Campoamor además “nos pone ante los ojos la mirada hacia lo femenino y los estereotipos de autores del Siglo de Oro, Romanticismo o finales del siglo XIX”.

No sólo es una “mujer adelantada a su tiempo e injustamente olvidada durante demasiados años”, afirma la escritora Carmen Posadas, sino que “sus planteamientos siguen siendo vigentes”, algo que está muy presente en todos los artículos del libro que se publica.

Marta Robles, escritora y periodista, a quien la política madrileña siempre interesó desde sus comienzos, y por la que expresa admiración, entiende que éste es un libro imprescindible, porque “más allá de la Clara Campoamor combativa, sin la que la historia de las mujeres españolas se escribiría de otra manera, se encuentra la Clara Campoamor sensible capaz de analizar la literatura y disfrutar de la poesía con esa mirada suya, siempre crítica y esa manera de contar tan enriquecedora”.

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