PRESENTACIONES

“Prenda de abrigo”, una antología poética de Francisca Aguirre

Intervinientes de la presentación de "Prenda de abrigo" (Foto: José Antonio Olmedo López-Amor).
José Antonio Olmedo López-Amor | Domingo 29 de septiembre de 2019
El pasado martes, 24 de septiembre, tuvo lugar en el salón de actos de FNAC, San Agustín (Valencia), la presentación oficial del libro número 300 editado por la editorial valenciana Olé Libros. Toni Alcolea, cabeza visible y responsable de este proyecto editorial, agradeció al público asistente su respuesta masiva, incluyendo en él a muchos de los escritores que forman parte de esa gran familia que es Olé Libros, como Vicente Barberá. También agradeció el apoyo de su esposa y la colaboración de personas que no son publicadas como autores en la editorial pero de algún modo participan en ella.

Entre el público se encontraban distinguidas personalidades de la cultura valenciana, como: Ana Noguera, Blas Muñoz, Sergio Arlandis, Rosa María Vilarroig, Mar Busquets, Elena Torres, Juan Luis Bedins, Gregorio Muelas, Virgilio Fuero, Félix Molina, Magda Villa, David Trashumante, Jorge Ortiz, Sara Olivas, Iris Almenara, Alicia Muñoz, José Carlos Lloréns, Roger Swanzy, César Márquez, Elga Reátegui, Pedro José Moreno, Gloria de Frutos, Luis Miguel Sánchez, José Vicente Bayarri, José Lapasió, José Martí, Amadeo Laborda, Rosa Montolio, Alejandro Font de Mora, María Barceló, Pablo Llull, María Ángeles Chavarria, José Montoro, Loli Lara, Mila Villanueva o Pilar Verdú.

Alcolea reveló el título y la autora del paradigmático número 300 —si tenemos en cuenta que dicha editorial nació en 2012—, el cual no podía ser más atractivo y pertinente para los lectores de poesía valencianos: ni más ni menos que “Prenda de abrigo”, una antología póstuma de la poeta alicantina Francisca Aguirre. Como es sabido, Aguirre fue Premio Nacional de Poesía en 2011, Premio Nacional de las Letras Españolas en 2018 y ha sido y es por derecho propio una de las voces líricas más importantes, no solo de Valencia, sino a nivel nacional.

La pertinencia de esta publicación es clara, además de su calidad artística, Aguirre falleció el pasado 13 de abril a los ochenta y ocho años de edad, por lo que tanto la presentación, como el libro, además de tener visos de homenaje, sirvió para reivindicar la valía de una poesía y una autora de las que todos destacan su sensibilidad y humildad.

Guadalupe Grande, hija de Francisca Aguirre y del también poeta Félix Grande, participa en la selección y prólogo de esta magnífica edición. Su presencia en el acto fue de lo más acertado, pues al ser testigo directo de la vida de Paca —tal como la llamaban sus amigos— pudo ilustrar a los presentes con la narración de muchas anécdotas que provocaron en el público asombro y emotividad.

Una de esas vivencias fue la captura y asesinato de Lorenzo Aguirre, padre de Francisca, a su regreso a España tras el exilio provocado por la Guerra Civil. Como es natural, este episodio marcaría para siempre la vida de Francisca Aguirre, pues quedó huérfana de padre a los doce años de edad. De Lorenzo se destacó su destreza como caricaturista y su vocación como pintor, arte que heredó Jesusa, otra de sus tres hijas.

Guadalupe Grande prosiguió en su disertación y comento, entre otras cosas, que le sorprende un hecho, y es que en la calle de Madrid donde Francisca Aguirre vivió desde 1940, en lugar de haber una placa conmemorativa con su nombre, la hay a nombre de Félix Grande, su padre. Aunque poco después explicó que dada la efervescente actividad literaria de su padre: flamencólogo reputado que daba conferencias y escribía ensayos, poeta que frecuentaba tertulias, recitales y dirigía una revista y la casi nula vida social de Francisca podría explicar hechos como este. Guadalupe, en un simpático arranque de sinceridad comentó a este respecto: «todo ocurrirá a su debido destiempo».

Grande aseguró que su madre se sentía muy a gusto al saber que la reconocían como poeta machadiana, la perspectiva del tiempo y su notoriedad como poeta la convirtieron en la representante de una generación silenciada por las duras circunstancias, primero, de la posguerra, y después del franquismo. Como poeta-isla, y no adscrita a ninguna promoción por decisión propia, Aguirre construyó en el tiempo una trayectoria literaria tan importante o más que la de su marido, concluyó Guadalupe.

Llegó el turno de Ricardo Bellveser, poeta y periodista valenciano que fue amigo cercano de Francisca Aguirre. En su turno de palabra, Ricardo puso en valor la compleja sencillez de la poesía de Paca, su desnudez, sinceridad y hondura. Comentó que fue una poeta tardía a la que no le preocupaba figurar en el panorama literario sino escribir sus vivencias y reflexiones para dar fiel testimonio de su paso por el mundo. Añadió que su debut en la poesía fue con una reflexión sobre el concepto de mito clásico, pero después fue decantándose por una poesía reivindicativa y existencialista.

Por su parte, Jaime Siles, catedrático, filólogo y profesor de Lenguas Clásicas, recordó que junto a Ricardo Bellveser viajó en su día en coche para asistir al entierro de Félix Grande. Comentó que Félix Grande le invitó a su casa y Paca le atendió con su generosa hospitalidad. Siles coincidió en alguna ocasión con Aguirre, ambos, como jurados literarios. Y sobre la poesía de Paca subrayó su capacidad testimonial, su vocación de entrega: «La poesía de Paca no deja fuera al lector, lo mete dentro y ese es uno de sus principales atractivos».

El tercer y último invitado fue el novelista y poeta Rafael Soler, quien vino desde Madrid, donde gestiona el emblemático Café Comercial, para participar en el emotivo evento. Soler, tras escuchar los espléndidos discursos de sus compañeros consideró que todo estaba dicho y dio lectura a tres poemas de Francisca Aguirre, fueron: “Oficio de tinieblas”, “Nanas del desperdicio” y “Los trescientos escalones”. La voz de Soler se entrecortó en varios pasajes debido a la emoción contenida del momento.

Como colofón al acto se proyectó en pantalla grande un vídeo realizado por Mar Gómiz de Serranos y Ángel Salguero —allí presentes— para su proyecto Poética 2.0, en el que Francisca Aguirre recita en persona su poema “Frontera”. Tras esto, y como respuesta a una pregunta formulada por un miembro del público, Guadalupe Grande afirmó que la obra pictórica de su abuelo, Lorenzo Aguirre, no descansa mayoritariamente en galerías de arte o museos, añadió que una parte importante se su obra se perdió tras su exilio, el grueso de la misma está en posesión de sus familiares y solo algunas obras concretas descansan en pinacotecas. Permitir que todas las obras de su abuelo terminen en un museo apuntó que es una de sus tareas pendientes.

Grande sostuvo que la obra de su madre, además de un valor literario, ostenta un valor histórico indudable porque retrata a la perfección —sin ser poesía social— los problemas y preocupaciones que afectaban a la clase trabajadora española en la segunda mitad del siglo XX. Alcolea anticipó que uno de los próximos números de la colección será dedicado al novísimo José María Álvarez y sin más, agradeció a los invitados y al público asistente su presencia. El acto se cerró con una gran ovación y la firma de libros de Guadalupe Grande.

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