FIRMA INVITADA

¿CÓMO TE LLAMAS?

Napoleón Bonaparte
Begoña Ameztoy | Martes 17 de noviembre de 2020
Parece que voy de sobrada, pero no creas que estoy encantada de conocerme. De entrada no me gusta mi nombre. Desde pequeña miraba con odio y secreta envidia a todas las Saras y Raqueles que se cruzaban en mi camino. ¡Uf! era una obsesión. Cámbiatelo ahora que puedes, me dirás. Pues fíjate que no me atrevo.


Ahora es más fácil cambiar de sexo que de nombre. Cambias de sexo y tienes a la plana mayor del stablishment a tu favor; leyes, colectivos, plataformas y como des un poco de caña, sales en la tele, tío. Pero si te cambias de nombre eres una renegada y una desagradecida. Y si es un nombre típico de tu territorio histórico, ni se te ocurra, yo que tú no lo haría forastera. También te digo que abierto el melón, me la bufa que no me comprendan las Begoñas y el resto de santas, vírgenes y mártires de la iconografía religiosa planetaria.

La importancia del nombre es vital, que diría Oscar Wilde. La falta de identificación con tu nombre genera frustraciones, complejos y bajas autoestimas que te acompañan de por vida. En mi caso está atenuado por este reconocimiento público. Pero recuerda, sin ir más lejos, la tropa de inadaptados y acomplejados que pululan en el Congreso de los Diputados. Los Pedros, Pablos, Rufianes, Arnaldos y Cármenes, que se creen Calígula, Alejandro Magno, Napoleón o la Pasionaria. Son más peligrosos que el Covid, tío. Contra ellos sí que me vacunaría.

Puedes comprar los últimos libros de Begoña Ameztoy en:

TEMAS RELACIONADOS:


Noticias relacionadas