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Ni feo, ni católico, ni sentimental. Javier Krahe, un cantautor sin más

Federico de Haro (Foto: cortesía del autor).

Presentación de la biografía “Javier Krahe”, de Federico de Haro

Javier Velasco Oliaga | Domingo 11 de abril de 2021

Acaba de publicarse la biografía “Javier Krahe” que lleva como subtítulo “ni feo, ni católico, ni sentimental”, justamente todo lo contrario que aquel marqués de Bradomín que ideará el simpar don Ramón María del Valle-Inclán, del periodista madrileño Federico de Haro. Krahe evidentemente no es lo que se le achaca en ese subtítulo, ya que para muchos era feo, muy feo y sentimental, muy sentimental.



Convocados por vía telemática nos reunimos un puñado de periodistas para asistir a la puesta de largo de esta biografía, que no es la primera como se dijo porque ya en 1991 Ángel Vivas publicó en Júcar una biografía, parcial porque llegaba hasta ese año. Por lo tanto, la nueva biografía de Federico de Haro es más completa y trata su vida hasta su fallecimiento en las tierras gaditanas de Zahara de los Atunes en el inicio del verano de 2015.

En la rueda de prensa estuvieron presentes el autor de la biografía, el editor Jaume Bonfill y el guitarrista y mano derecha de Krahe Javier López de Guereña. Para el editor, “este libro es la primera biografía del bardo más irreverente de nuestro país, un libro diestramente ilustrado y que se sale de lo normal. Es muy peculiar y atractivo tanto en su formato como en su contenido”.

Federico de Haro quiso agradecer a la familia del cantante las facilidades que le han dado para escribir el libro, al igual que muchos de sus amigos. “Entrevisté a unas 60 personas de su entorno durante dos años para conseguir un perfil íntimo de Javier Krahe. Son más de 200 los testimonios con los que me hice para escribir esta biografía que está llena de anécdotas, narradas a la luz de esos datos fidedignos que me contaron tanto sus amigos como su familia”, relata el biógrafo de forma cariñosa.

“Krahe nunca fue viejo porque nunca fue joven”

Estas son las palabras que le brindó un conocido amigo suyo, el bardo por excelencia de la modernidad Joaquín Sabina. Todas esas anécdotas las ha ido recopilando de forma fidedigna el autor del libro. “Quise conocerlo todo de Krahe, para luego olvidarlo y una vez olvidado ponerme a escribir su biografía”, afirma Fernando de Haro y añade “todo lo que sobra en una biografía resta”. Así que cree haber concebido una biografía en donde no sobra ni falta nada.

Mentor de Joaquín Sabina y Albert Pla, colega de Chicho Sánchez Ferlosio, gran admirador de George Brassens, al que tenía por su maestro, y... ¡cocinero de sopa castellana en un restaurante francés! En sus letras no dejó títere con cabeza, ya hablara de política, religión o amor. Jamás se casó con nadie, a excepción de su matrimonio por lo civil con Annick Bloyard, y hubo a quienes molestó tanto a diestra como a siniestra, siempre huyendo de toda etiqueta: «Soy anarquista de cinco a seis y media, que es cuando duermo la siesta». Esa independencia le jugó malas pasadas. “Nunca jugó en la cuerda política, jugó más en la cuerda ingenua, lo cual le acarreó problemas tanto con el gobierno –que le hizo mucha pupa en lo económico- como con la iglesia católica. Sus canciones hablaban de los placeres y de las mujeres, que era lo que más le gustaba”, desgrana Fernando de Haro.

“Siempre tuvo mucho sentido del humor”, apunta el autor. Tanto humor que caía tan mal como bien a diestra y siniestra, pero siempre tuvo muchos amigos que le siguen echando de menos. Dos de ellos, colaboran en el libro, el escritor leonés Julio Llamazares es el encargado de firma el prólogo del libro y su guitarrista López de Guereña que firma el epílogo.

Fernando de Haro ha recuperado algunas de las canciones olvidadas de su primera época, en concreto cinco de ellas entre las que destaca “Obseso sexual”. Javier Krahe que se casó por amor, se fue a vivir con su mujer, canadiense de cuna, a Canadá. Allí conoció la música del cantautor francés Georges Brassens, y con el que mantuvo una relación de amor-odio y del quebequés Leonard Cohen. Al primero de ellos le consideraría siempre su maestro y tradujo algunas de sus canciones como Marieta, de manera muy polémica.

“Javier escribía las letras en Canadá, se las mandaba a su hermano Jorge que se encargaba de ponerlas música. Algunas de esas primeras canciones fueron cantadas a dúo por su hermano y Rosa León. A su regreso a España fue Chicho Sánchez Ferlosio quien le convenció para que cantase sus propias composiciones y fue en la Aurora donde comenzó a hacerlo. He recogido algunas de sus introducciones a las canciones que cantaba en sus conciertos”, cuenta Fernando de Haro.

Sólo nos dejó cosas buenas

Luego llegaría la época de la Mandrágora y su salto al éxito. La única parte negativa del cantautor la pone su compañero de aquella época Alberto Pérez, que hace poco tiempo dijo que tanto Krahe como Sabina le tenían celos y no le dejaban expresarse como a él le hubiera gustado. Sin embargo, la opinión general de todos sus conocidos era que “sólo nos dejó cosas buenas”.

Javier Krahe publicó 15 álbumes, muchos de ellos en la discográfica cooperativa 18 chulos, de la que él era uno de los socios. “Siempre tuvo problemas con sus discográficas por eso hicieron la suya propia. Vender, no vendía muchos discos, pero siempre tuvo mucho prestigio”, recuerda el autor y concluye “el reconocimiento y el éxito no se siempre se pueden medir por las ventas".

Federico de Haro nació en los ochenta en la ribera del Manzanares. Nunca fue muy futbolero, pero des[1]de su casa se escuchaban los uys de la afición del tanto en número como en diversidad, pues allí acudían (algunos aún lo hacen) desde anónimos aficionados de variada procedencia y profesión hasta gente conocida del mundo de la cultura, como los escritores Julio Llamazares, Miguel Tomás-Valiente y Miguel Ángel Mendo, y el actor Óscar Ladoire. Para darle al asunto categoría de club, eligieron un secre[1]tario que se encargara de organizar los campeonatos y de llevar las puntuaciones. Javier fue nombrado presidente honorífico. Le llamaban, como a Mao, el Gran Timonel, y como Gran Timonel dicta un día, sa[1]cando a pasear su sentido del humor, la única norma del club: no se puede jugar en pantalón corto. El ajedrez —dice Krahe— es un juego serio.» 18 Chulos, una discográfica muy particular en la que las reuniones eran sobre todo una excusa para hacer comidas periódicas entre amigos. © Archivo de la familia Krahe Atlético de Madrid, y eso, se quiera o no, marca. Su infancia fueron las mañanas de cromos en el Rastro y las tardes de bicicleta en el Retiro. Luego la familia se mudó a la sierra de Guadarrama y él encontró ahí su lugar en el mundo (mañana será otro). Su periplo universitario fue largo. Empezó Medicina y Filosofía, acabó Periodismo. Como buen millennial, salió al mercado laboral en plena crisis. Soportó la tormenta y el tormento atrincherado en sus vocaciones: la fotografía, la escritura y la docencia. De Javier Krahe lo primero que le gustó fue «Marieta», porque era la única ocasión en que a sus padres les hacía gracia que el niño dijera «gilipollas». Luego, todo lo demás: las canciones-milagro, los conciertos, Brassens. Escribir una biografía a su altura siempre le pareció tarea imposible. Se lo sigue pareciendo, pero él puede asegurar, eso sí, que Javier Krahe: ni feo, ni católico, ni sentimental es su mejor libro hasta la fecha. Es, además, el primero.

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