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Fernando Aramburu: “Para muchos de mis paisanos soy un tocapelotas”

Fernando Aramburu (Foto: Javier Velasco Oliaga).

En la presentación de su novela "Hijos de la fábula"

Silvia Lorenzo Rubio | Miércoles 01 de febrero de 2023

No podemos vivir sin fábulas. El ser humano es limitado y el mundo, muy grande. Nos pasamos los días entre películas y libros, intentando explicar la vida con fábulas. Con esta sinceridad explicaba esta mañana Fernando Aramburu el título de su nuevo libro “Hijos de la fábula” de la editorial Tusquets, a la venta a partir de hoy, 1 de febrero de 2023.



El autor, natural de San Sebastián (1959), bromeaba esta mañana, en la rueda de prensa que ha tenido lugar en el Círculo de Bellas Artes, con la posibilidad de referirnos a él como «el de “Patria”», novela laureada que, tras su éxito, lo ha situado como un escritor llamado a marcar una época. Su nueva novela “Hijos de la fábula” habla de un momento coetáneo a los hechos que tienen lugar en “Patria” y fue concebida inicialmente como parte de su serie “Gentes vascas” que busca describir la vida de la gente en su tierra natal.

Esta serie de novelas no está definida. Aramburu no tiene claridad con respecto al número de historias integrantes de esta serie: “Mi deseo de escribir es fuerte. No tengo una lista como la tenía Almudena Grandes, gran amiga, sino que busco un argumento, una historia breve, un cabo del que si tiramos obtenemos una novela”.

Esta nueva historia relata como dos jóvenes exaltados, Asier y Joseba, se marchan en 2011 al sur de Francia con la intención de convertirse en militantes de ETA. Esperan unas instrucciones en una granja de pollos, acogidos por una pareja francesa con la que apenas se entienden. Allí se enteran de que la banda ha anunciado el cese de la actividad armada. Abandonados a su suerte, sin dinero, sin experiencia ni armas, deciden continuar la lucha por su cuenta, fundando una organización propia, en la que uno asumirá el papel de jefe y disciplinado ideólogo, y el otro el de subalterno más relajado.

El contraste entre el afán de gestas y las peripecias más ridículas, bajo una lluvia pertinaz, va llevando la historia hacia una especie de drama cómico. Hasta que conocen a una joven que les propone un plan.

"La sátira es un ejercicio sanísimo"

Hijos de la fábula” ejerce el humor de abajo a arriba, contra el tirano: “La sátira me parece un ejercicio sanísimo”, explica el novelista vasco; “no supone ningún desafío, puesto que el único riesgo es que me pongan a caldo, y eso ya lo sé. Para muchos de mis paisanos soy un tocapelotas”. En esta novela se hace humor de situaciones absurdas de una manera lógica que desembocan en un drama de mala fortuna relacionado con los deseos imposibles de gloria y el ideal de la patria de los protagonistas.

De la misma manera que Charles Chaplin fabuló en “El gran dictador” (1940), Aramburu se plantea antes del 20 de octubre de 2011 —día en el que se anuncia oficialmente el cese de la actividad terrorista de ETA— cómo se recibiría este momento. “Las novelas sirven para responder a las preguntas que los autores nos hacemos los autores”, comenta Fernando; por ello, “Hijos de la fábula” no deja de ser un trabajo de ficción, aunque el autor no prescinda de su experiencia personal. Por este motivo, esta novela no tiene ningún valor historiográfico: “Yo no podría escribir una novela histórica o una novela negra, no es lo mío”, confiesa, “a mi me encanta observar”. Sus novelas, en concreto “Hijos de la fábula” son novelas de convivencia que brotan de su fascinación por el ser humano.

Las novelas sirven para responder a las preguntas que nos hacemos los autores

Fernando Aramburu confiesa tener un filtro moral, una serie de límites que se impone a sí mismo, como el no hacer burla de los tullidos o depresivos: “Temo no estar a la altura y causar daño a quien ya sufrió”, confiesa. Por este motivo deja fuera de la narrativa a las víctimas y a aquellas personas que ya tienen un castigo encima. En línea con su criterio ético, el autor narra las escenas de violencia de la forma más cruenta posible, de modo que el lector aborrezca la violencia aún más.

“La lengua es un juguete”, explica el autor. Utiliza una serie de técnicas a lo largo de la historia para dotar al texto de una personalidad propia. “Hijos de la fábula” se caracteriza por no tener frases con más de un verbo. La escritura del escritor vasco ha sido llevada a cabo “con el freno echado”. “Escribir de forma aparentemente sencilla ha sido una dificultad grande”, confiesa Aramburu, que también ha decidido incluir recursos como preguntas para dotar al texto de agilidad y fluidez.

Este trabajo artesanal de la lengua forma parte de su ADN, igual que novelas clásicas de la picaresca española como lo es “El lazarillo de Tormes”, novela que le marcó desde una muy temprana edad. La lucha por la vida y la salida del pozo social desde un origen humilde es un tema recurrente en su obra, de la misma manera que el trato a la mujer en la sociedad vasca: “Cada vez que un personaje de una de mis novelas se expresa en contra de la mujer, pasados un par de episodios, aparece una que le da una lección”. Esto se da, principalmente, porque Fernando Aramburu ha observado en su sociedad numerosos varones con miedo a las mujeres por el control que éstas ejercían sobre ellos. “Esta perspectiva es provechosa para la literatura”, explica Fernando.

Aramburu vuelve al universo de “Patria” para contar historias sobre su tierra natal, tomando el testigo que dejó Ramiro Pinilla (1923-2014) a finales de los años sesenta. La trama de “Los años lentos” comienza ahí, “en el momento en el que lo deja Pinilla en Verdes valles, colinas rojas” relata el novelista.

Ahora, con un tono humorístico novedoso al referirse a ETA, Fernando Aramburu nos vuelve a deleitar con una novela de una calidad literaria exquisita que nos arrastra con una peripecia inesperada hacia un desenlace magistral.

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