La hora
Tómame ahora que aún es temprano
y que llevo dalias nuevas en la mano.
Tómame ahora que aún es sombría
esta taciturna cabellera mía.
Ahora que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
Ahora que mis labios repica la risa
como una campana sacudida a prisa.
Después..., ¡ah, yo sé
que ya nada de eso más tarde tendré!
Que entonces inútil será tu deseo,
como ofrenda puesta sobre un mausoleo.
¡Tómame ahora que aún es temprano
y que tengo rica de nardos la mano!
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.
Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿no ves
que la enredadera crecerá ciprés?
Juana de Ibarbourou: Las lenguas de diamante.
Madrid, Editorial Torremozas, 2021. Colección Torremozas.
Las lenguas de diamante, publicado por primera vez en 1919 [en Montevideo, por “Buenos Aires”, Cooperativa Editorial Limitada], fue la obra con la que Ibarbourou inauguró su carrera literaria y por la que obtuvo un éxito y reconocimiento inmediatos. Esto fue debido a su ruptura con las corrientes literarias más tradicionales y la renovación lírica que supuso su libro puesto que, como ha resaltado Sylvia Puentes de Oyenard en el prólogo de esta edición, este poemario aborda la muerte desde el renacimiento en la naturaleza, el erotismo inagotable y la transitoriedad del tiempo, del amor o de la soledad.
[El carpe diem tiene su precedente y es una imitatio de este verso de un epigrama de Ausonio (310-395 d.C.) en el que se trata sobre la brevedad de la vida porque la rosa al igual que la juventud es muy bella, pero efímera: collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes (recoge, joven, las rosas mientras la flor esté lozana y la juventud fresca). Y lo que hace Ibarbourou en este poema es recrear “a su manera” y con cierta originalidad este tema clásico, empleando como estrofa el pareado rimado en consonante. La llamada a vivir el momento presente mientras se tiene juventud y belleza (“… la carne olorosa / y los ojos limpios y la piel de rosa”), antes de que se extinga (“… nada de eso más tarde tendré”) viene enfatizado por el presente de imperativo “Tómame” -reiterado tres veces- y el adverbio temporal “ahora” -repetido hasta seis veces, varias en posición anafórica-; “Hoy, y no más tarde”, “hoy, y no mañana” -insiste la poetisa, precisamente porque “ya nada de eso más tarde tendré” -en alusión a pérdida de la juventud, descrita en toda su lozanía y pujanza vital a lo largo del poema-; y porque como a las flores en su declive, “se vuelva mustia la corola fresca”. La invitación al amante se convierte así en una exigencia expresada con gran intensidad metafórica en los dos versos que clausuran el poema coincidiendo con el momento de mayor tensión climática: “Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! / ¿no ves que la enredadera crecerá ciprés?”.
Y no deben pasar desapercibidas las nociones temporales expresadas con toda propiedad, según la secuencia “ahora, aún, temprano, antes”, frente a “después, entonces, más tarde”; lo cual hace más dramática la certeza de que “nada de eso... tendré” e “inútil será tu deseo”; a la que también contribuye la entonación exclamativa y la presencia de interjecciones (“ah”, “oh” que, no obstante, no le aportan retoricismo a un poema impregnado de sentimiento de transitoriedad, escrito cuando Ibaubourou tenía algo menos de 27 años]. [Fernando Carratalá].