Al cumplir cierta edad, no digamos cuánta, mucha, (además, lo bueno es que se van cumpliendo, de lo contrario el camino es que se ha truncado ya), se agolpan en las sienes, en el cuerpo, en el corazón, tantas esperanzas que después pasaron de largo. Esas ilusiones que se cumplieron o no, pero de las que ya no se puede retroceder, porque, como escribió José Manuel Caballero Bonald, “somos el tiempo que nos queda”.
Una vida entera. Una vida de abismos y satisfacciones, de pasos de baile, de palabras dichas, de besos perdidos, de espejos con azogue.
Y el silencio. Y la soledad. Pero ya no se puede mirar atrás. No se debe. Hay que seguir mirando al cielo y las estrellas.
Por eso Zalo Calero nos pide Aplausos para Teresa. Porque quizás, ahora, es lo único que le alimente. Teresa, una bailarina que no fue, una sombra de la vida, una herida que se mantiene abierta, aunque ya no sangre. Y menos mal que está la mucama cubana que viene todas las mañanas a alegrar con su derrochador ímpetu las ganas de seguir haciendo cosas. A pesar de que ella también tenga sus grietas en ese poderoso árbol que, en cualquier momento, puede hacerse astillas.
Aplausos a Teresa se mueve en un escenario de frágiles pasos de baile, de zapatillas de bailarina gastadas, de mutismo en una soledad no deseada. Pero hay que mantener el espíritu enérgico, la ilusión ya no es la misma, pero no se ha olvidado.
Soledad y silencio. Cuántas personas, mujeres y hombres también, se ven abocados a vivir en un piso repleto de recuerdos, de amores que flotan en el ambiente, de añoranzas sin salida.
Lo interpretan Marta Cagigal y Badia Albayati, cada una con su temor a cuestas, ese temor que hay que enterrar antes de que les de sepultura a ellas. Cada una con sus ritos, con sus creencias, con sus luces y sombras, batallando en el quehacer diario, a la espera.
El aplauso que debe llegar es el del cariño, el del reconocimiento emocional, el de la concienciación para tantas personas que se hallan solas tras su entrada en lo que llaman senectud.
Una poeta murciana y universal, Magdalena Sánchez Blesa, a través de la poesía tiene una Asociación “Te necesitas” donde intenta dar apoyo a todas esas personas que, la mayoría de las veces, no lo reclaman, pero piden comprensión, atención, compañía.
Ahora Zalo Calero se une a esta concienciación a través del teatro, por medio de una historia sensible para los que ya están fuera de tiempo, pero que siguen aquí, para los que se les destierra de la memoria porque no conviene, para los que el destino es inminente y casi inmediato, para los que no se les han acabado los sueños y quieren seguir siendo libres.
Libres de sentimientos, libres de desiertos, libres de horizontes, porque el futuro no está ya lejos. Existen, y hay que tenerlo en cuenta.
APLAUSOS A TERESA