¿Cómo se decía? ¡Gracias!
“¿Cómo era, Dios mío, ¿cómo era?”, es el primer verso del poema Retorno fugaz de Juan Ramón Jiménez. Bien pudiera aplicarse aquí a la afasia, a la pérdida paulatina del habla que está sufriendo Michka, interpretada magistralmente por Gloria Muñoz en Las gratitudes, basada en la novela de Delphine de Vigan, y que Juan Carlos Fisher, junto a Marta Betoldi en la adaptación, explora en la fragilidad humana a través de la pérdida del lenguaje. Si perdemos el lenguaje, también perdemos la memoria, quizá también los sentimientos, la capacidad de transmitir las emociones, el ritmo de la vida, la armonía interna de los pensamientos.
Ático de los libros. 2024
Desde siempre la literatura sobre las Cruzadas ha tenido mucho predicamento entre los medievalistas; ya que durante varios siglos se produjo un enfrentamiento complejo y difícil entre, grosso modo, cristianos y musulmanes por el dominio de Tierra Santa. Esto es lo que el profesor Jonathan Phillips, especialista conspicuo en Las Cruzadas del Royal Holloway de la Universidad de Londres nos presenta en esta obra.
En dos únicas funciones se ha representado en el Teatro del Barrio la obra “Animal o la salida humana”, una adaptación de Matias Bertilotti del relato Informe para una academia, que Franz Kafka escribió en 1917 contando la historia de un simio que es capturado y entregado a una Academia de Ciencias y Artes para ser humanizado.
Benavente infinito
Sangre sin rocío, inocentes que mueren, la desesperación de negar la evidencia, de ocultar lo que se consideraba pecaminoso, de evitar un escándalo que acabará trayendo consecuencias aún más nefastas todavía.
El acoso escolar
Cuando se está empezando a crecer, la vida casi siempre es prometedora. Se mantienen ilusiones, expectativas, deseos no demasiado descabellados, a no ser que venga alguien a marchitar esas pasiones de adolescente.
El endurecimiento incomprendido de nuestras solitarias vidas
¡Cuántas veces hemos ido por la calle fijándonos en la gente que se cruza con nosotros y hemos pensado, ‘qué cara de amargado/a tiene’!
La melancolía que atrapa a la felicidad perdida y compone una música de los días y las noches, la volatilidad de los sueños, y el afán por regresar al lugar donde una vez fuimos felices se dan la mano en esta magnífica obra de Antón Chéjov que representa como pocas la lucha del hombre contra el mundo. Desde su infancia en Taganrog hasta la última etapa de su vida en Yalta, el escritor ruso supo convivir con el ruido de la existencia ajena y refugiarse en un postergado e imaginario jardín de los cerezos en el que escribir sobre todo aquello que fuese cercano al alma humana. Hijo de tendero, el designio turbulento de su vida comenzó muy pronto en su miserable infancia en Taganrog rodeado de hermanos —era el tercero de seis—, de la violencia de su padre, o del sacrificio de su madre —una milagrosa cuenta-cuentos—.
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Cuando el diálogo no basta
Todo en obras, en reconstrucción, en reformas. La casa de Roald Dahl, su vida privada, sus declaraciones públicas sobre el estado de Israel y su invasora ocupación sobre territorios ajenos.
Así, tal cual
Su teatro se basa en el gesto y en el humor. Pero eso no les redime de investigar, los puñeteros. Ofrecen al público el sarcasmo, la crítica mordaz, los detalles íntimos de sus vidas. ¡Ah, no!, perdón, esto creo que no.
El teatro ¿qué es?
Cabría preguntarse, el teatro ¿qué es? La respuesta es amplia y puede contener mil matices, interpretaciones, puntos de vista. En lo que todos estarán, más o menos, de acuerdo es en que es ficción disfrazada de realidad o, quizá, lo contrario, la esencia de la existencia humana transformada en mentira para que resulte menos dolorosa.
La sinrazón de los personajes
Una palabra puede extenderse por todo el cuerpo. Traspasar, incluso, fronteras y convertirse en texto que se expande a lo largo de nuestros conocidos y familiares, de nuestros amores, o amoríos, y acaso el cuerpo entre en un estado de duda perpetua, de tortura, de asombro, a veces de instinto en nuestras acciones.
El abismo del fracaso
Los rascacielos tienen la leyenda de la nostalgia. Sirven, además de para contemplar unas vistas espectaculares, si subimos a su chapitel, entre otras cosas, para inducir a un posible suicidio, para que se encuentre una pareja y, después de besarse, se declaren su amor incondicional a pesar de dificultades, para llamar al orden al subordinado de turno y que no pase por la humillación de que el resto de la oficina se entere, para fumarse un cigarro cuando se está dejando de fumar, para llorar sin que nadie nos vea, para increpar en voz alta cuando no nos atrevemos a hacerlo directamente a la cara del interfecto, para hablar más de cerca a Dios o a quien sea de forma espiritual, o para ponerle trampas a alguien ante un horizonte que le cercará en un día de lluvia y donde lo verá todo nublado, extendiendo las sombras de un sol insolente en la azotea.
Quererse
Delirios y crisis en la edad fronteriza de los 50. Pareceres diversos, dudas, preocupación por el estado, más que de salud, mental, las relaciones personales, las confidencias, los silencios, los secretos, lo que se queda en el tintero, lo que no se dice, lo que una se calla, lo que debiera haber dicho, la verdad.
Actualidad
Acabaremos pronto amando a una máquina y tendremos celos y pasiones, y cuando nos hablen las personas miraremos escépticos desconfiando, como si el hombre fuera un invento nuevo, y la máquina tardará más tiempo en pudrirse que nosotros.
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